Réquiem por el silencio

Contaminación-sonora

Son las siete de la mañana, es domingo y luego de una semana ardua de trabajo, de levantarse antes del amanecer, Diana duerme plácidamente bajo su sábana. Tal vez sueña, o quizás ni eso le permite el cansancio acumulado. De pronto, siente que algo la arranca de su estado y aunque se esfuerza por evitarlo se despierta.

Aún con los ojos cerrados trata de entender qué sucede y de repente distingue la letra de un tema musical muy en boga, La costurera, de los Van Van. Le parece que las bocinas están ahí mismo, en su habitación. Pero no es así, la música proviene de una casa al otro lado de la calle y Diana, mientras siente un dolor de cabeza que sabe la acompañará durante el resto del día, se pregunta ¿si son ellos los que quieren escuchar la canción, por qué me obligan también a mí?
Lo triste de este pequeño relato, que no sale de la ficción, radica en que se repite a lo largo y ancho de la isla a cualquier hora del día. Ciudadanos, instituciones estatales y, con mayor frecuencia, establecimientos recreativos, torturan a sus vecinos con música a niveles insoportables, como si para disfrutarla hubiese, de paso, que destruir los tímpanos propios y ajenos.
Muchos desconocen que ese proceder provoca la contaminación acústica, caracterizada por el exceso de sonido que altera las condiciones ambientales en un espacio determinado e incide negativamente sobre la calidad de vida de las personas que allí residen.
Su principal detonante lo constituye el ruido, sonido molesto y de alta intensidad, provocado por la actividad humana y que deteriora la salud física y mental de los individuos. Aunque generalmente se conciba como ruido a los sonidos inarmónicos, la música también puede serlo en tanto afecte el bienestar de un ser humano.
El surgimiento de la contaminación acústica se encuentra estrechamente relacionado con la Revolución Industrial, el consiguiente desarrollo de medios de transporte y el crecimiento de las ciudades. En la actualidad, las fuentes de ruido provienen principalmente de las industrias, las obras de construcción, la recogida de basura, las alarmas y sirenas, las actividades recreativas y el tráfico.
Según expertos, el 80 por ciento de las personas que viven en las ciudades modernas se encuentran expuestas al ruido. Aunque ello pudiese parecer un hecho sin importancia, parte inseparable de la vida urbana, lo cierto es que estar expuesto a esta contaminación de forma permanente puede causar serios perjuicios a la salud.
El ruido, independientemente de su origen, impide realizar con normalidad disímiles actividades. Entorpece la comunicación hablada, el sueño, el descanso y la relajación; así como disminuye la capacidad de concentrarse y de aprender. Entre otras consecuencias, igualmente graves, se encuentran la pérdida, temporal o permanente, de la audición, el aumento de la presión sanguínea, la pérdida de memoria y de sueño, la irritabilidad, la disminución del rendimiento laboral, el intenso cansancio y el estado de tensión.
Todo ello favorece el desarrollo de un trastorno que puede ser considerado como pandemia del siglo XXI, el estrés y asociado a él la aparición de enfermedades de tipo nervioso y cardiovascular.
Muchas personas padecen dichas dolencias y no se imaginan que el origen puede estar en el reggaetón a todo volumen del vecino de arriba o en el zumbido de la consola del restaurante de al lado. En nuestro país existen varios organismos que han dictado resoluciones para enfrentar esta situación, entre ellos se encuentran el Ministerio de Salud Pública, el del Interior así como el de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente.
La Ley 81 del Medio Ambiente, en su artículo 147 enuncia que “Queda prohibido (…) producir sonidos (…) que afecten o puedan afectar a la salud humana o dañar la calidad de vida de la población”. Además, el Decreto Ley 200 De las Contravenciones en Materia de Medio Ambiente establece en su artículo 11, 200 pesos de multa a persona natural y 2 250 a persona jurídica por infringir las normas relativas a los niveles permisibles de sonido y ruidos.
No obstante, este tipo de contaminación prolifera porque, a diferencia de otras, posee un área de impacto muy limitada, no presenta efecto acumulativo en el medio, su cuantificación es muy compleja y se percibe solamente por el sentido del oído. Esos elementos hacen que sea subestimada y que no se tomen, de forma sistemática, medidas contra entidades violadoras de lo establecido, máxime cuando pueden provocar pérdidas económicas o el cierre definitivo de las mismas.
Si algo queda claro es que preocuparse por lo niveles de ruido no constituye tema baladí. Las medidas se encuentran a la mano; los locales destinados a recreación deben ser insonorizados con materiales absorbentes, paredes de ladrillos o vegetación en vallas. Además, se impone ser más estrictos con los horarios en que se permite realizar shows de animación en espacios abiertos.
En cada barrio se precisa un enfrentamiento riguroso a quienes, obviando los más elementales principios de la vida en comunidad, se empeñan en imponer sus gustos musicales; lo que está en juego no es solo la disciplina o la educación formal sino la salud de todos y cada uno de nosotros. Mientras, Diana añora el silencio de un amanecer de domingo

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