Por siempre, Chávez

En momentos en que los medios de comunicación de todo el mundo reflejan la dolorosa pérdida del líder Hugo Chávez Frías, guía de todos los que amamos el progreso y nos sentimos orgullosos de nuestra historia, estas líneas constituyen mi pequeño tributo personal a un hombre cuya magia única jamás podrá ser apresada en palabras.


Chávez ha muerto. La noticia me toma por sorpresa aunque por meses he seguido la evolución de su salud; tal vez se deba a esa sensación que tenemos de que la muerte es algo muy común y terreno como para llegar a los hombres que protagonizan la historia.
Chávez tenía la posibilidad de inundar con su presencia cualquier ámbito, eso que algunos llaman “don de gente”. Aun a través del televisor su mensaje llegaba con fuerza y optimismo contagiosos. Era el entrevistado que sueña cualquier periodista: locuaz, sencillo, agradable. Y es que Chávez siempre sonreía, con sonrisa hermosa y sincera, tal vez motivado por su fe y amor inquebrantables a Dios, al pueblo venezolano y al proyecto de unidad latinoamericano.
Derrochaba espiritualidad; entre las masas, el pueblo vibrante, se le veía siempre cómodo, presto a alzar en brazos al niño, a abrazar al anciano, a darle un apretón de manos al desvalido. Así fue hasta en su muerte, su féretro viajó por las calles repletas de su amada Caracas, sobre él llovieron las flores, gorras, pulóveres, fotos, todos querían dejar un recuerdo junto al idolatrado comandante-presidente. En aquella marea roja podía sentirse el amor, un amor profundo, raigal, que solo inspiran ciertos elegidos.
Aún ante sus restos, ante el dolor y las lágrimas no resulta creíble la muerte de ese hombre único, siempre lleno de energía, ese que ante la interrogante de cómo le gustaría morir respondió: viviendo, y así fue. Chávez es la prueba de que las utopías son posibles, de que nuestro norte puede ser el sur y de que no han pasado los tiempos de los guerreros de luz.

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2 comentarios en “Por siempre, Chávez

  1. A diario presenciamos injusticias por todos lados, sobretodo cuando vemos las noticias. Siempre que esto ocurre surge una voz en nuestro interior:
    “Qué injusticia más grande. ¡Debo combatirla!”
    Esas palabras son Chavez, porque al comandante nunca le tembló la voz para denunciar las injusticias, para defender a los humildes, para despertarnos las conciencias sea donde sea: desde la tarima situada en la plaza del barrio humilde, hasta la situada en la asamblea de la O.N.U.
    Por éso es que Chávez es universal y también es mi comandante, pese a que soy catalán y nunca haya estado en Venezuela. Chávez es el comandante de las causas justas y morirá viviendo porque, mientras existas injusticias en el mundo siempre surgirá su hermosa voz que saltará desde nuestras conciencias:
    “¡Combatid la injusticia! Ahora y siempre”

    Lluís

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