Nacemos diferentes, nos hacen opuestos

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Nacemos hombres y mujeres desde el punto de vista biológico, pero ese solo hecho no determina que nos comportemos como tales. La identidad de género y los comportamientos propios de cada sexo constituyen construcciones sociales, fuertemente ligadas con el medio en que el ser humano se desarrolla en sus primeros años de vida.

Algunas teorías afirman que puede criarse a un niño o niña como si fuese del sexo opuesto y construirle una identidad totalmente diferente a la original; incluso existen regiones del planeta donde las mujeres toman papel de hombre ante la escasez de estos en sus comunidades. Más allá de lo acertado o no de dichas teorías está claro que el medio social influye, de forma determinante, sobre lo que la persona será en el futuro en todos los ámbitos de la vida, pero esencialmente en lo relacionado con las esferas sexual y sentimental.

Aunque entre hembras y varones existen innegables diferencias biológicas al momento de nacer, la crianza que reciben en sus hogares y la presión social acentúan esas diferencias; un proceso comprensible pero que se vuelve negativo cuando se sustenta en prácticas discriminatorias, basadas en la supuesta supremacía de un género sobre otro.

¿Por qué no cuestionamos ese modelo de crianza en que el varón juega en la calle y la niña en la casa? ¿Por qué puede él andar descalzo y ella obligatoriamente con zapatos? Así se va afianzando un modelo en que a él se le permite hacer casi todo, en libertad y a ella se la mantiene puertas adentro limpia, casta y dulce.

No quiere esto decir que niños y niñas reciban una crianza idéntica, los condicionamientos sociales siempre impondrán diferencias relacionadas con los roles que se asignen a cada sexo; pero cada vez más se precisa de una educación que no convierta a hombres y mujeres en miembros de bandos opuestos, sino en personas diferentes que se complementen, dando así una estocada a la cultura de la dominación masculina.

Quizás el tema de la educación sexual sea el más sensible, en cuanto persisten sinnúmero de tabúes. En nuestra sociedad desde la más temprana edad se privilegia una construcción de la masculinidad basada en la iniciativa para conquistar. ¿Cuántas veces no oímos a padres, amigos de la familia, tíos y hasta madres preguntarle a un varón en primaria cuántas noviecitas tiene? Con el paso de los años la pregunta se hace más insistente y si llegada la adolescencia el muchacho no tiene relaciones amorosas o no ha iniciado su vida sexual comienzan los cuestionamientos en cuanto a su orientación sexual.

Con las niñas es totalmente diferente, el tema se esquiva, los padres ven con preocupación si tiene amiguitos del sexo opuesto y  en algunos hogares la preservación de la virginidad de las hijas se convierte en un asunto preocupante y hasta traumático para ellas. Así, en la primera juventud muchas mujeres no disfrutan a plenitud del acto amoroso por la culpabilidad que les acarreó una educación sexual represiva.

Para los varones no es más fácil, la presión social puede llevar a un muchacho tímido a creer que hay algo malo en él por no tener novia y posteriormente a la depresión o al aislamiento. La sociedad intenta reproducir un tipo de hombre siempre seguro, presto a suministrar los recursos del hogar y capaz de responder ante cualquier insinuación femenina; por ese camino muchos llegan a la infidelidad, la promiscuidad o el desarrollo de complejos, pues asocian su hombría al tamaño de los órganos reproductores o al desempeño sexual.

De este modo se forman parejas con gran distanciamiento emocional, falta de comunicación o con relaciones de violencia. Paulatinamente estos patrones se van resquebrajando, esencialmente porque la mujer posee cada vez mayor libertad y la ejerce y los hombres se deshacen de convencionalismos que por siglos los mantuvieron atados.

Desde que nace, cada individuo, independientemente de su género, tiene derecho a una educación sexual responsable tanto en el seno de la familia como en la escuela. Necesita que se le hable de estos temas sin estereotipos ni tabúes, que se le informe de los beneficios pero también de los peligros y las formas de evitarlos. Solo así podrán crecer hombres y mujeres sanos en el plano físico y en el emocional

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2 comentarios en “Nacemos diferentes, nos hacen opuestos

  1. Buen día.

    Mi nombre es Anali y soy de México, he llegado a tu blog por medio de una investigación que estoy haciendo en un curso que me piden para ingresar a mi carrera universitaria (que será por medio del aprendizaje a distancia), me han pedido buscar información sobre algunos blogs en Internet y elegir alguno que tenga un tema de mi interés, yo me he decidido por algo sobre “La equidad de género”, dado que es un conflicto de nuestra realidad y la vida diaria que en lo particular me preocupa bastante, y que en gran parte de mi vida me he estado planteando y cuestionando, ya que yo como la gran mayoría de las personas en mi país y el mundo, he sido educada bajo los roles de sociedad comunes, al ser la única mujer y la menor entre mis hermanos era aún más notable como el trato y la educación entre nosotros era diferente en este aspecto, y llegué a percatarme también conforme fui creciendo que esto me había afectado de varias maneras, como por ejemplo, llegué a desarrollar cierta fobia a la feminidad y un poco de desprecio hacia personas de mi mismo sexo, por que además de sentir que me sobreprotegían y me creían débil, pensaba que en efecto era la verdad de cualquier mujer, aun que si bien no son específicamente las consecuencias que mencionas creo que están relacionadas, pero si me he llegado a encontrar inmensidad de casos en los que las repercusiones de una educación sexual represiva y una educación entre géneros deficiente influye en las relaciones personales de la gente, tanto en hombres como en mujeres, y esto debería empezar a cambiar.

    Muchas gracias por tu artículo, me ha ayudado a comprender y ampliar mis conocimientos sobre el tema.

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    • Anali, me alegro que mis reflexiones te hayan servido de algo; en realidad aún falta mucho por hablar y exigir en torno a la igualdad de género, en mi país las mujeres tenemos muchas oportunidades y derechos y somos muy respetadas en el plano laboral y político, pero al interior de la casa las cosas son diferentes, los prejuicios sociales cuestan mucho más eliminarlos

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