Para leer a solas: Dulce María Loynaz

Mi encuentro con la poesía de Dulce María Loynaz había sido esporádico; solo conocía algunos poemas insertados en antologías, en los que adiviné un espíritu lírico especial. Por eso, cuando durante la última Feria Internacional del Libro de La Habana, me tropecé con el volumen Poemas sin nombre, no dude en adquirirlo.

Justo es que confiese que desde el primer poema quedé impactada; generalmente, cuando leo un libro de poesía, solo en muy contadas piezas encuentro esa genialidad que me conmueve. Sin embargo, en cada una de las páginas de esta obra hallé una grandeza poética impresionante.

Dulce María Loynaz se me reveló mediante sus palabras como una mujer atormentada y desbordada por sus sentimientos; en ella confluían pasión, religiosidad, soledad y un profundo dolor, producto de la melancolía.

Sus versos son nostálgicos hasta conmover, pero no hay en ellos nada cursi o fuera de lugar, revelan sentimientos universales. En más de una ocasión sentí reflejados mis propios dolores y creo que todo el que  los lea también lo hará.

Esta obra de Ediciones Loynaz, 2012 y con prólogo de César López, resulta un merecido homenaje a una figura de nuestra literatura de la que no se habla lo suficiente. Además, deviene regalo para quienes desconocen a Dulce María.

Como testimonio de cuanto les he dicho les dejo el Poema XIX del libro:

Las hojas secas… ¿vuelan o se caen? ¿O es que en todo vuelo la tierra queda esperando, y en toda caída hay un estremecimiento de ala?

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