Para comer ensalada se necesita…

Foto 2¿Cuánto amor hay que entregar para germinar? Muchísimo, solo robando horas al sueño, poniendo las manos en el surco sin temor a ensuciarse, doblando la espalda bajo el Sol, solo así, puede arrancársele a la tierra el alimento. En la agricultura no se regala nada, todo hay que ganarlo mediante el esfuerzo, el sudor y la entrega.Foto 1

Bien lo saben los seis trabajadores del organopónico La Dignidad en el municipio Matanzas. Muy temprano, cuando aún no se ha secado el rocío, se les encuentra en plena labor. Años de dedicación avalan que recientemente recibieran la Triple Corona de la Excelencia, máxima distinción que confiere el Grupo Nacional de Agricultura Urbana y Suburbana (GNAUS). Se convirtieron así en la tercera entidad hortícola de Cuba en merecer tal condición, de las más de 4 mil existentes.

Calixto Gil Suárez, administrador de la unidad por 14 años, refiere que entre las razones del éxito se encuentran la cohesión del colectivo, el cumplimiento de los planes mensuales y anuales y el máximo aprovechamiento de los 162 canteros. Además, producen alrededor de 14 hortalizas y ocho condimentos.

En visita al centro, Adolfo Rodríguez Nodal, jefe de este Programa de autoabastecimiento alimentario, significó que La Dignidad destaca por ser una potencia en la producción de verduras, presentar toda su área cubierta, mantener surtido su punto de venta y sembrar variedades resistentes a las plagas como el pepino Puerto Padre.

Con un sistema de pago por resultados, basado en los quintales acopiados al consumo social, quienes allí laboran presentan un promedio de salario mensual que supera los 2 mil pesos. Yulexis Sánchez Suárez, trabajador de la unidad por cinco años, afirma que no existen más secretos para los buenos resultados que la unión, el esfuerzo sistemático y la siembra escalonada.

Con 1.7 hectáreas (ha) en el establecimiento se cosechan, entre otros vegetales, lechuga, pepino, acelga, rábano y remolacha; la mayor parte de ellos se destina a escuelas, círculos infantiles y demás instituciones sociales. De igual forma, mantienen un punto de venta donde la población puede adquirir los alimentos por precios que se mueven, generalmente, entre uno y tres pesos. No obstante, no son los vecinos del cercano reparto Reynold García los que más acuden, sino las personas que transitan por la carretera y se percatan de la oferta.

Sánchez y Luis Arias Jartín, otro de los horticultores, explican que aunque la atención al hombre es buena, precisan de más apoyo en cuanto a los instrumentos de trabajo, “No pedimos tanto, solo lo necesario para realizar nuestras tareas más cómodos: carretillas, machetes, limas, guantes y botas.”

CHIQUITO, PERO EFICIENTE

“A los muchachos les gusta mucho la lechuga y el pepino; incluso la acelga que la hacemos en salsa o con el plato fuerte. Hasta ahora no ha faltado la ensalada, nos la traen diariamente y muy fresca”, así comenta Félix Guerra Pérez, cocinero de la Escuela Secundaria Básica Urbana Antonio Maceo, uno de los centros educacionales que en el municipio Limonar abastece el organopónico Baró Chiquito.

Precandidatos a la condición de Referencia Nacional, asombraron a los representantes del GNAUS durante su recorrido en octubre, debido a que entonces ya tenían a la venta cultivos de invierno. “Llevamos más de un mes ofertando tomate, en julio hicimos los semilleros. Era una variedad que nunca habíamos sembrado y se nos dio”, ilustra Lorenzo Rigal Viciedo, jefe del colectivo.

El Baró posee 1 ha de extensión y 192 canteros, de ellos 96 tapados y el resto descubiertos. Gracias al esfuerzo de sus ocho trabajadores cosechan lechuga, habichuela, tomate, col, espinaca, berro, rábano, acelga, cebollino y perejil y devengan más de 800 pesos como salario mensual, aunque en campaña de frío asciende hasta mil.

Para Aleida Santos Herrera, una de las trabajadoras, “La aceptación de nuestros productos es magnífica, aquí vienen personas de Jagüey Grande, Matanzas y Cárdenas para adquirirlos; nos dicen que en sus municipios escasean y que los precios son muy buenos.”

Pablo Hernández Rubiera, a cargo del punto de venta, comenta que a diario comercializan entre 700 y 800 pesos, “no son los limonareños los que más acuden, pues por allí abundan los vendedores ambulantes. Como estamos en la carretera, casi siempre compran quienes pasan por ella.”

Rigal sostiene que solo presentan dificultades con el suministro de sustrato para el suelo por parte de la Empresa Agropecuaria, “cuando se desocupa un cantero debemos incorporarle 1 kilogramo de ese elemento por m2, y hoy tenemos problemas en ese sentido.”

Estos hombres y mujeres constituyen la prueba fehaciente de que, para que en la mesa de los matanceros esté presente la ensalada, se precisa aprovechar mejor la tierra, aplicar el conocimiento científico y lograr el sentido de pertenencia de los productores. Como dice Lorenzo “Lo primero es tenerle amor y dedicación a esto, tiene que gustarte. Es necesario trabajar y tratar que no haya un cantero vacío, si no existe la semilla echamos de otra, el caso es que todo esté sembrado.”

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