Mi generación Y

Pertenezco a la generación Y. Sucede que mi mamá, como muchísimas otras, no pudo sustraerse a la moda imperante por los primeros años de la década del 90. Leía entonces una novela de misterio, la protagonista se llamaba Eileen y  decidió plantarle la susodicha Y delante y restarle una e para simplificarlo. Vine a sumarme así a mis dos hermanas que ya ostentaban orgullosamente un Yanelis y un Yosmaris.

En cierta época de la infancia no me gustó mi nombre y hasta les recriminé a mis progenitores por no haberme dado alguno de aquellos clásicos que aparecían en las listas con sus correspondientes significados. Me gustaban Elena, Carla, Alejandra, Amelia…, en fin, cualquiera menos el mío.

Con el tiempo me consolé, sobre todo al conocer a quienes tenían que sufrir epítetos como Yumisisleidis, Yuralvis o Yonder. ¡Qué se le iba a hacer, si muchos compartíamos la misma suerte! Confieso que he llegado a querer a mi nombre, e incluso a sentirme contenta por no tener que coincidir en ningún lugar con alguien que se llame como yo, parecido sí, pero no igual.

Pertenezco a la generación Y, pero no a la misma de Yoanis, porque ella no le pidió permiso a los miles de jóvenes, y algunos ya no tan jóvenes, que en Cuba tenemos nombres que comienzan con esa letra. Creo que el nombre de su blog tiene un propósito envolvente, como si todos nosotros compartiéramos su visión de Cuba. Yo y otros muchos que conozco pertenecemos a otra generación  Y  (e incluyo a quienes tienen nombres diferentes); una inconforme con su realidad, pero que trabaja y estudia para mejorarla desde dentro y no recibiendo salarios del extranjero para tergiversar e inventar hechos.

Pertenezco a una generación orgullosa de Cuba y de su historia, que no cree que convertirse en apéndice de Estados Unidos constituya un destino digno, porque sabe que nuestra nación hace rato superó el anexionismo.

Creo en la justicia social y en que mucho podemos hacer por un socialismo próspero, donde la gente se valore por lo que es y no por lo que tiene. Quiero un país donde todos tengan espacio, donde lo diverso sea aceptado y el consenso se construya desde el debate y no desde la aceptación pasiva.

Creo en hacer un mejor periodismo, atractivo y diferente, ajeno a las “informaciones de palo” y ansioso por hacer las informaciones del “palo periodístico”; una labor comunicacional donde la gente se vea reflejada y haya mayor investigación, donde no se tenga miedo a buscarse problemas sino a ser inexactos. Un periodismo consciente de que se puede no decir toda la verdad sin decir una mentira y, por tanto, busque mayor integralidad.

 Buena parte de mi generación quiere viajar, pero no quedarse; quiere prosperar, pero no venderse; quiere vestirse, pero no ostentar, quiere trabajar, pero no solo para ganar dinero sino también para construir un mundo mejor.  Se siente profundamente fidelista y aún siente erizarse la piel al escuchar las voces del Che y Camilo sosteniendo una conversación en plena lucha rebelde.

Formo parte de una generación hecha de hombres y mujeres que sueñan, que sienten por el otro, que sufren ante la corrupción y la desidia y no se quedan con los brazos cruzados o los labios sellados ante lo mal hecho, yo los conozco, son jóvenes y diferentes, pero valiosos. Son nietos de la Revolución Cubana, una revolución con futuro, nosotros somos ese futuro, una generación Y revolucionaria y comunista; a esas dos últimas palabras tampoco les tenemos miedo.

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2 comentarios en “Mi generación Y

  1. Me has emocionado Yeilén con esta nota bueno y reconfortante encontrar alguien que resalte la verdadera Generación Y, no persiguiendo una unidad superflua y engañosa sino una identidad que desde las diferencias sea objetiva y luchadora por una patria para el bien de todos.
    Mi hija es también de la generación Y (su madre y yo fuimos responsables de llamarla Yusimi), militante comunista desde los 14 años, hoy Licenciada en Educación, Pedagoga y Máster en Ciencias de la Educación trabajadora incansable por lograr una sociedad mucho mas justa, educada, culta, independiente y soberana.
    Me alegra escucharte no tener miedo a la palabra Revolución y Comunismo que algunos se empeñan en decir bajito como si fuera un pecado.

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