Lo aprendí de ellos

Aprendí de ellos el valor de trabajar. Todos los días ella se levantaba temprano, incluso mientras yo todavía dormía. Me sacaba a rastras de la cama y me daba el desayuno. De la mano íbamos hasta la escuela, en la puerta un beso suyo era la despedida. Y al mediodía la casa relucía de tan limpia, y por la noche las comidas más ricas eran las suyas. Parecía magia, pero no lo era, cuidaba de mi abuela enferma, de mí, de mis hermanas, del perro, de todos.

Él se iba rayando el amanecer y llegaba bien entrada la tarde. Siempre ocupado, pero siempre con tiempo para hacer lo que hiciese falta, desde ponerle unas ruedas a mi carrito de Educación Laboral, hasta pintar el techo, sacar la basura o cargar el agua.

Esos son mis padres, de ellos aprendí lo que era la laboriosidad y también aprendí que trabajar no solo sirve para ganar dinero, vivir mejor, o satisfacer aspiraciones profesionales, sino también para hacer algo bueno por los demás, por mi gente, por mi patria. Quizás por eso no me pesa ir al trabajo, no solo para ayudar en la economía familiar – que hace falta – sino porque ser útil para la sociedad que me hizo profesional es un compromiso que me acompaña.

Pero no soy la única, muchos jóvenes cubanos, hombres y mujeres, acceden cada año a centros laborales a cumplir su servicio social. Es la manera de retribuirle al Estado lo invertido en años de formación gratuita, pero constituye además, una garantía segura de empleo al salir de la universidad o de un centro politécnico.

En el socialismo cubano el trabajo deviene derecho. Incluso, ante la necesidad de reducir las plantillas infladas en entidades estatales, se buscó la reubicación de quienes quedaban disponibles. De igual forma, se potencia el desarrollo de formas de gestión no estatales que constituyen fuente de empleo para muchos habitantes de la Isla. Estos últimos, mediante el pago de tributos, contribuyen a la conformación de los presupuestos locales y, por ende, al desarrollo de la nación.

El trabajo que aquí se fomenta no va hacia la individualidad, a resolver solo las necesidades personales, o a caer en la espiral del consumo, por el contrario, se apuesta por aquel que no es solo para uno sino también para todos; para construir en conjunto un país próspero y sostenible donde se asegure una existencia conforme a la dignidad humana.

 

 

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Un comentario en “Lo aprendí de ellos

  1. Mientras en mundo entero empieza a entender que la filosofía capitalista (con su individualismo y su afán de amasar fortunas materiales) no lleva a nada nuevo, en Cuba ya hace años que entendéis la humanidad de forma distinta: como una gran familia que debe basarse en la justicia social y el compañerismo. Es por ello que nos lleváis años de ventaja. Algún día el mundo entero será como es hoy en día Cuba, mientras tanto vais seguir siendo lo que en el presente sois:
    El referente mundial en humildad y justicia social. Un ejemplo a seguir.

    Ardillanegra

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