Discotecas móviles

La música en los adolescentesAhora andan por todos lados, nos persiguen, allí donde haya un grupo de personas más o menos numeroso, los encuentras, no puedes escapar.

Muchas veces sueño: ¡si tuvieran buen gusto! Pero no, la mayoría solo pone a tu disposición lo mejor y último del reguetón (que no sé por qué siempre suele ser lo peor) Nada de esas cancioncitas pegajosas que ponen por TV: nada de eso, solo reguetón puro y duro a disgusto del consumidor.

Generalmente me atacan en la guagua. Yo, siempre inocente, trato de oír mi lista de canciones, de esas que escojo según se encuentre mi estado de ánimo. Disciplinadamente me coloco mis audífonos porque sé que quien está a mi lado no tiene por qué compartir mis gustos musicales. Es entonces cuando uno de ellos, adivinando mis intenciones, pone a todo volumen su bocina detrás de mí, de tal forma que ni siquiera mis audífonos me permiten no percibir la última “genial” creación del Yonki

Así me sucede en cualquier sitio, la parada, la bodega, las colas o simplemente mientras camino por la calle. A veces hasta en la noche, cuando me dispongo a dormir, alguno pasa por la calle con su melodía, como diciendo: ¡aquí estoy yo y tienes que enterarte!

Poner música en espacios públicos mediante radios, celulares u otros dispositivos de reproducción, ha devenido en moda molesta para muchos. Pienso que es lícito si un grupo de amigos se reúne a compartir, por ejemplo en un parque o en el malecón. Pero cuando se incomoda a terceros en espacios no hechos para la recreación se cae en el irrespeto a las normas de urbanidad y educación.

Quienes se convierten en una suerte de “discotecas móviles” no suelen preocuparse por las consecuencias de su actuar, tal vez la mayoría ni siquiera conciba que tenga algo de malo. Quizás desconocen que la libertad individual termina justo donde empieza la ajena.

Prolifera así una manifestación moderna de la contaminación acústica, ya no es solo el vecino musical que hace que las paredes de la casa retumben, ahora los melómanos indisciplinados han ganado la capacidad de desplazarse a cualquier sitio, porque un celular se mete donde quiera.

Así me sucedió en un restaurante hace unos meses, un bonito lugar con una música a un bajo volumen, muy agradable en tanto nos permitía conversar. De pronto, ¡sacrilegio! Otro sonido nos inundó, el compañero de la mesa de al lado, un padre de familia por cierto, puso con su móvil para él, su esposa e hijos, y de paso para el resto de los comensales sus temas musicales preferidos. Tal vez lo más triste sea que ni la capitana del salón o cualquier otro dependiente lo requirió por su conducta.

A lo mejor alguien piensa que este resulta tema baladí con tantos problemas a resolver, yo no coincido, en esas pequeñas cosas, en el día a día, nuestras prácticas culturales evolucionan, se consolidan o transforman. Usar o no audífonos puede hacer cierta diferencia.

 

 

 

 

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2 comentarios en “Discotecas móviles

  1. Si estoy de acuerdo contigo, a veces tengo ganas de comprar muchos audífonos y comenzar a regalarlos, para que así no tengan justificación.Buen articulo, saludos.

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