Oradores

blah-blah-blah-300x225He conocido a muchos, sobran en cualquier ámbito y no creo que existan solo en Cuba. Donde más se les puede ver es en las reuniones o en las conferencias, allí se sienten realizados, constituye su medio natural.

Son “oradores”, y no se distinguen precisamente por sus cualidades para hablar en público, sino por la necesidad insuperable de hacerlo allí donde se reúnan más de dos personas.

No importa que no tengan nada que decir, toman la palabra, porque lo que más disfrutan en el mundo es escucharse y que, de paso, los otros los escuchen.

Cuando preguntan: ¿alguien tiene algo más que agregar? – y tú cruzas los dedos para que se termine de una vez por todas el encuentro y además, todo el mundo sabe que esa frase en boca del responsable significa: ya se dijo todo lo necesario – entonces alzan la mano y comienzan, sin un ápice de timidez, su discurso, que por lo general no aporta nada nuevo y se encuentra plagado de las siguientes frases: “como expresó fulano de tal”, como ya se dijo aquí antes”, “como opinaron varios compañeros”.

Irremediablemente te preguntas: si ya otros lo dijeron, ¿para qué lo repite? En las universidades también abundan, no pueden esperar a que el profesor pregunte, intervienen y dan sus propias valoraciones, en un afán desesperado por hacerse notar. Hasta se atreven a dar las conclusiones de la clase y ni siquiera las miradas de reproche del resto del aula los convencen de ser breves.

Terminan por cansar al auditorio y convertir un espacio fructífero en fuente de incomodidad. Claro está que, el que ellos campeen a sus anchas, revela deficiencias organizativas que aún persisten, como no tener en cuenta que en cada evento debe haber un moderador o que un profesor precisa de habilidades suficientes para conducir la retroalimentación con sus alumnos, de manera que todos tengan la oportunidad de intervenir, sin desviar el objetivo del encuentro.

Por supuesto que no abogo por la perjudicial estrategia de indicarle a cada cual lo que tiene que decir en una asamblea o reunión y no permitirle salirse del guion establecido, eso jamás. Encuentro lícito organizar que cada quien exponga en un punto, para que no haya silencios incómodos y siempre alguien rompa el hielo; pero dejando que todos digan lo que sientan o piensen.

Ahora, poner límites a los “oradores” se hace imprescindible. Sin avergonzarlos o maltratarlos de palabra, se les debe hacer saber que los límites de tiempo existen y que redundar sobre la misma idea empobrece y no enriquece. Ah, y que si se discute de la cosecha del mango, las opciones culturales en Tokio no vienen al caso.

Anuncios

Un comentario en “Oradores

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s