De mi primer amor, la inocencia y otras cosas

Lo más bello de los amores de infancia es que no tienen expectativas, ni sospechas, son los más generosos y los menos complicados.
Lo más bello de los amores de infancia es que no tienen expectativas, ni sospechas, son los más generosos y los menos complicados.

No voy a caer en reflexiones tremendistas propias del 14 de febrero y los días cercanos, ni tampoco a hablarles del amor de mi vida – me asustan las declaraciones absolutas – , sino de mi primer amor, el más inocente, el más dulce, aunque no precisamente y, por suerte, el más largo ni el más intenso.

Por aquellos años yo lucía unas copiosas motonetas, coronadas con dos lazos rusos de color “amarillo pollito”. El cerquillo me tapaba las cejas porque mi pelo era lacio como una tabla y no precisaba de torniquetes, planchas o cualquier otro instrumento de tortura. La saya me tapaba las rodillas y mi pañoleta se las arreglaba para lucir siempre un nudo asimétrico.

Creo que era el primer día de cuarto grado cuando él entró y se me aceleró el pulso. Desde ese momento fue mi novio, mi propiedad absoluta (aunque nunca se enteró)

Mi pasión infantil estaba llena de miradas de reojo y tímidas sonrisas. Aunque nunca lo creí, ahora, a la luz de los años, creo que yo también le gustaba porque siempre me regalaba sus dibujos, hasta los de Dibu – el personaje animado de una serie argentina que pasaban por entonces- que eran los más codiciados por las niñas del aula.

Siempre se sentaba en la mesa de atrás y a la hora de la salida me llevaba la bolsita de la merienda. Para compensar yo le prestaba mis libretas, mis lápices de colores y le explicaba los contenidos más difíciles.

Tal vez somos nosotros mismos, cuando crecemos, los que complejizamos las cosas.
Tal vez somos nosotros mismos, cuando crecemos, los que complejizamos las cosas.

Eso era todo. Tal idilio duró casi tres años, hasta que empezamos la secundaria, me cambié de escuela y la vida nos separó.(No digo su nombre no vaya a ser que ande por las redes sociales y no le he pedido permiso para exponer estos recuerdos que también le pertenecen)

Eso era todo y lo más hermoso es que era suficiente. Nunca lo besé, ni siquiera le tomé de la mano; pero no había nada mejor que hacer juntos las tareas en la casa de estudios, saber que estaba ahí para defenderme de los más grandes en las clases de Educación Física o ponerme celosa de “esa chiquita fea” que lo estaba mirando mucho.

Lo más bello de los amores de infancia es que no tienen expectativas, ni sospechas, son los más generosos y los menos complicados. Tal vez somos nosotros mismos, cuando crecemos, los que complejizamos las cosas.

Desde entonces me he vuelto a enamorar, y los amores de la vida adulta traen consigo otras cosas, algunas muy buenas y otras muy malas, que no voy a enumerar porque seguramente la mayoría de los que lean esto las han vivido.

Una que otra amiga me califica de idealista porque aún busco ese salto en el estómago de mi primera y cándida pasión o porque creo en la posibilidad de los grandes amores, perfectos de tan imperfectos. Tal vez tengan razón, pero prefiero creer y equivocarme, que conformarme por temor a arriesgar, como dice la canción: los amores cobardes no llegan a amores ni a historias, se quedan allí, ni el recuerdo los puede salvar ni el mejor orador conjugar.

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7 comentarios en “De mi primer amor, la inocencia y otras cosas

  1. No conozco algunos términos que usas,, pero esta muy lindo, eres excelente, muy sincera,se notan que esas frases salen del interior de tu bello corazón, te felicito eres una ANGEL….dios te cuide y proteja…

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  2. Comenta Yeilen:

    Por aquellos años yo lucía unas copiosas motonetas, coronadas con dos lazos rusos de color “amarillo pollito”. El cerquillo ….. La saya …
    —–

    Para, para. Por Dios que me estas martirizanbdo. Ja Ja Una broma. pero en la foto de adulta, luces spectacular.

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  3. Que agradable y emocionante es leer estas notas de mano de una joven profesional, lo cual me permite asegurar que los buenos y lindos sentimientos no fenecen…. darse cuenta que hay personas que prefieren “creer y equivocarse, antes de conformarse por temor a arriesgar” eso es tener sentido de la vida. Felicidades amiga por apostar a lo único que es capaz de mover al ser humano hasta lo infinito “EL AMOR”.

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  4. Muy interesante la crónica. Es curioso cuanto desconocemos sobre las personas a nuestro alrededor. Bueno Yeile, creo que definitivamente sería interesante verte con tus copiosas motonetas, coronadas con dos lazos rusos de color “amarillo pollito”,…aunque es preciso admitir que mejoraste.

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  5. Genial tu escrito. A muchos, creo que a todos, nos pasó eso en la primaria. No dejes que te tilden de ilusa o idealista. No eres la única que todavía busca ese salto. Anótame en la lista detrás de tí.

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