Sistema tributario: ¿el gran desconocido?

Los ciudadanos con obligaciones tributarias deben interiorizar la necesidad de, en primer lugar, estar informados, pues el desconocimiento de la ley no exime de responsabilidad y también de buscar asesoramiento ante cualquier duda.
Los ciudadanos con obligaciones tributarias deben interiorizar la necesidad de, en primer lugar, estar informados, pues el desconocimiento de la ley no exime de responsabilidad y también de buscar asesoramiento ante cualquier duda.

Hace unos días conversaba con un amigo cuentapropista. Estaba un poco angustiado porque debía completar la declaración jurada sobre sus ingresos personales. Veía el proceso como una carga innecesaria, no entendía para qué hacía falta si él pagaba sus impuestos mensualmente y la Oficina Nacional de Administración Tributaria (ONAT) tenía todos sus datos.

Mientras le comentaba cuáles podían ser para él los beneficios de cumplimentar esa obligación en tiempo, me miraba con expresión incrédula y cuando le dije que se hacía en todo el mundo solo me contestó: ¿de verdad? Ahí fui yo quien se preocupó y comencé a interrogarlo sobre si había pedido asesoramiento alguna vez o simplemente había leído los papeles que le enviaban desde la ONAT, y concluí que no estaba para nada claro sobre el tema.

Como mi amigo muchos hombres y mujeres que en el país se han  incorporado al trabajo por cuenta propia desconocen las obligaciones que poseen para con el sistema tributario, se han acercado poco o nada a la Ley 113 y conciben el pago de impuestos como una molestia. Ello se relaciona directamente con la novedad de esa forma de gestión no estatal en Cuba y revela una profunda falta de cultura tributaria, que se precisa erradicar cuanto antes.

Lázaro Rodríguez Forte, presidente en Matanzas de la Asociación Nacional de Economistas y Contadores de Cuba (ANEC) explica que muchas de las personas que asumen iniciativas cuentapropistas poseen expectativas demasiado altas, pues en cualquier nación los pequeños negocios no son para hacerse ricos sino para obtener los ingresos necesarios. Por ello a muchos los impuestos les parecen demasiado altos, sin entender que resultan una contribución al estado y la principal forma de redistribución de la riqueza. Sirven directamente para ayudar a costear servicios presupuestados, de los cuales se benefician todos en la sociedad.

Se percibe además, ignorancia sobre las consecuencias legales que puede acarrear incumplir con los tributos y que pueden ir desde recargos y multas hasta la cancelación de la licencia. Perdura la percepción de que no pasará nada y que puede violarse el fisco con total impunidad. Por eso, cuando se inicia algún proceso en su contra, las primeras reacciones son la sorpresa y la negación.

Para la ONAT se impone continuar preparando a sus profesionales, profundizar en la atención al contribuyente y hacer énfasis en los deberes y derechos que le corresponden. Los ciudadanos con obligaciones tributarias deben interiorizar la necesidad de, en primer lugar, estar informados, pues el desconocimiento de la ley no exime de responsabilidad y también de buscar asesoramiento ante cualquier duda. El llenado de la declaración jurada constituye un procedimiento solemne y un compromiso con la sociedad.

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