De la naranja traidora o no hay necesidad de violencia

naranjaCasi me caigo para atrás al encontrármela; regresaba cansada después de un día entero de trabajo y de defender en las redes sociales a mis Cocodrilos cuando su silueta me dejó atónita. Era una naranja gigante, del tamaño de una gran pelota de playa, y con una sonrisa amplia e irónica.

Colgaba de una soga que iba de lado a lado de la calle, junto a un cartel, también de grandes dimensiones, que decía: Villa Clara, campeón (por suerte enredado a causa del viento). “¡Pero qué clase de frescura, caballero!- pensé – ¿Cómo es posible que pase esto en el medio de mi barrio matancero?”

Miré a mi alrededor y todo estaba en calma, en las casas se oía la pelota, pero nada de discusiones, y me consta que residen ahí partidarios tanto de Matanzas como de Las Villas. Resulta que donde vivo los villaclareños representan un buen por ciento, por razones de trabajo han llegado hasta allí y en cuestiones de pelota mantienen posiciones encontradas: unos resueltamente, ante la mejora de lo peloteros yumurinos, se declararon a favor del equipo local – “total, si llevamos pila de años aquí”-; otros, más temerosos de traicionar su origen, se declaran villaclareños, pero en secreto se emocionan con las victorias de los muchachos de Víctor Mesa; y algunos se mantienen naranjas de corazón, a pesar de todo y de todos.

cocodriloCierto, a veces los ánimos se caldean, y desde mi casa escucho las controversias apasionadas – el béisbol también es pasión – sin embargo, de ahí no pasa. No obstante, lo de la naranja y el cartel ya era demasiado, una provocación abierta. Sin embargo, no hubo golpes, ofensas, ni guapería barata, porque al final todos son vecinos y los enfrentamientos no pasan de “cueros” inocentes del tipo: ese pitcher tuyo es un “muerto” o esta noche si los hacemos “tierra”.

Y así debería ser en toda Cuba, la pelota es un juego. En ella no puede existir espacio para la violencia, las ofensas verbales o el regionalismo. Opino que entre cubanos el menosprecio por ser de una u otra provincia constituye una vulneración a la dignidad nacional, a los mejores principios que sustentan nuestra sociedad.

m y vcLa pelota no nos hace violentos, ese tipo de manifestaciones revelan otros problemas de fondo – asociados a los valores – que precisan tratamiento oportuno y veloz desde las autoridades, los medios, la escuela. Mientras tanto, tolerancia cero con los deportistas o entrenadores que ofenden al contrario (ellos son modelos para el público); con los comentaristas deportivos que les ríen las “gracias” y las “guaperías” a los deportistas a través de los medios de difusión; con los espectadores que lanzan objetos al terreno o gritan groserías a los peloteros; con aquellos agentes del orden que no realicen con objetividad y estricta disciplina su labor y también con los periodistas que vulneran la neutralidad y azuzan bajos sentimientos y rivalidades absurdas.

violenciaHay que tomarse el deporte con verdadero espíritu deportivo, porque resulta un espectáculo para recrearse, no de gladiadores, claro está. Por eso cuando la naranja gigante me tapó con su sombra, me indigné un poco, pero después sonreí: “¡tremenda ocurrencia!, habrá que engancharle un cocodrilo al lado”. Pude haber gritado, pataleado, propinar par de “galletas” y halarle los pelos a mi vecina de Santa Clara. NO lo hice, me cae bien mi vecina, es tan cubana como yo y señores: NO HAY NECESIDAD DE TANTA VIOLENCIA.

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