Cuando abril se enjugó el llanto

Dice el trovador que “con muerte todas las cosas ciertas /grabaron una puerta en el centro de abril/ con patria se ha dibujado el nombre/del alma de los hombres que no van a morir” (Preludio de Girón, Silvio Rodríguez). Tal espíritu debió inundar a los hombres y mujeres que, sin saberse haciendo historia, se reunieron en 23 y 12, frente al cementerio de Colón de ciudad de La Habana, el 16 de abril de 1961.

“Esta es la Revolución socialista y democrática de los humildes, con los humildes y para los humildes. Y por esta Revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes, estamos dispuestos a dar la vida”, afirmó Fidel
“Esta es la Revolución socialista y democrática de los humildes, con los humildes y para los humildes. Y por esta Revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes, estamos dispuestos a dar la vida”, afirmó Fidel

Esperaban ellos escuchar a su líder, Fidel Castro. El día antes aviones procedentes del extranjero, portando la insignia de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, habían bombardeado la base aérea de San Antonio de los Baños y los aeropuertos de Ciudad Libertad y Santiago de Cuba. Siete cubanos perdieron la vida, entre ellos el joven artillero Eduardo García Delgado, quien herido y ante la inminencia de la muerte escribió con su sangre: Fidel.

Eran sus restos las que la multitud escoltaba hasta el cementerio. El objetivo del enemigo consistía en provocar terror y confusión entre los cubanos, pero no sucedió así; entre los miles de asistentes se compartía la rabia, el desprecio, la disposición a ofrendarlo todo en aras de preservar lo conquistado.

Aquellos hechos formaban parte del preludio a la invasión que estaba por venir, pensada y financiada desde las altas esferas de poder en Estados Unidos. Molestaba un proceso como el que Cuba vivía, ajeno a los servilismos, las imposiciones y la dominación del capital extranjero. Entre los mercenarios entrenados, estaban muchos de los asesinos que habían huido ante el triunfo revolucionario de enero de 1959, temerosos de la justicia popular.

Aquel 16 de abril, Fidel Castro se situó en una improvisada tribuna. Los asistentes ya habían secado sus lágrimas, se mostraban firmes ante las amenazas por venir. El Comandante en Jefe, en palabras llenas de fervor, declaró el carácter socialista de la Revolución. Se afianzaba así el proceso revolucionario cubano como profundamente progresista y antimperialista.

“Esta es la Revolución socialista y democrática de los humildes, con los humildes y para los humildes. Y por esta Revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes, estamos dispuestos a dar la vida”, afirmó Fidel al tiempo que interrogó a los presentes: “¡Obreros y campesinos, hombres y mujeres humildes de la patria ¿juran defender hasta la última gota de sangre esta Revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes?!” Un sí enérgico y generalizado, fue la respuesta.

El ataque, que buscó destruir la escasa fuerza aérea y asegurar otras incursiones terrestres, así como paralizar por miedo a los cubanos, tuvo el efecto contrario. Las últimas palabras del líder fueron un llamado a la movilización y el combate:

“Marchemos a las Casas de los Milicianos, formemos los batallones y dispongámonos a salirle al frente al enemigo, con el Himno Nacional, con las estrofas del himno patriótico, con el grito de “al combate”, con la convicción de que “morir por la patria es vivir” y que “en cadenas vivir es vivir en oprobios y afrentas sumidos”. Marchemos a nuestros respectivos batallones y allí esperen órdenes, compañeros”.

Ese 16, abril enjugó el llanto por sus hijos muertos y heridos, por la cobardía del ataque. Se irguió desde su estatura de David y se echó al hombro los fusiles. En la madrugada siguiente el enemigo vomitó su carga de odio sobre Playa Girón; 72 horas bastaron para que a abril les rindieran cuentas los mercenarios.

Así lo reseña el trovador: “El aire toma forma de tornado /y en el van amarrados la muerte y el amor /una columna oscura se levanta /y los niños se arrancan /los juegos de un tirón… Nadie se va a morir menos ahora /que esa mujer sagrada /inclina el ceño /nadie se va a morir, la vida toda es un breve segundo de sus sueños. /Nadie se va a morir, la vida toda es nuestro talismán es nuestro manto /nadie se va a morir, menos ahora /que el canto de la patria es nuestro canto”.

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