De la guagua y lo relativo

25410-fotografia-mEspacio propicio para los más disímiles descubrimientos científicos. Poemas, canciones, el final de la sufrida búsqueda de un tema para trabajo final, decisiones irrevocables, todo ello y más ha nacido allí, estoy segura.
No hay evidencia más viva, palpable, de lo real maravilloso o irreal corpóreo, que ese espacio de metal andante sobre ruedas, de andar pausado y con atmósfera sofocante. Tampoco existe mejor prueba de la teoría de la relatividad.
¿Se habrá montado Einstein alguna vez en la ruta 16? Empecemos por los de abajo: estresados por la demora y el combate cuerpo a cuerpo, ven sus esperanzas deshechas cuando aquel ómnibus se les niega porque dice el chofe que “va a cerrar, no cabe nadie más”.
A coro los de abajo expresan su inconformidad. Siempre, sea cual sea el caso, lo verán vacío allí en el medio y a coro y enardecidos se quejarán de la gente que no camina y de ese chofer poco enérgico.
Para los de arriba todo es distinto, bajito rezan para que el chofe no pare, “a ver si llego rápido” y “de todos modos aquí no cabe nadie más, ¡si me están escachando!”; “ yo no puedo ir para atrás, me quedo en la que viene y después, ¿cómo me bajo?”
Los usuarios del transporte público nunca estamos de un solo lado, unas veces somos los de abajo, otras de los de arriba y ¡cuánto nos cuesta eso de la empatía!
Casi en todas las ocasiones, pensamos de acuerdo a la posición ocupada respecto a la surrealista guagua. ¿Quién no entiende la relatividad?

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