¿¡Un dinosaurio!?

dinosaurio
Cuando las encuentro me asombro y pienso: ¡un dinosaurio en medio de Matanzas! Las comparo con esa especie hace tanto extinta, porque cada vez resulta más difícil hallarlas y eso me entristece sobremanera. Son las personas que dicen buenos días con una sonrisa, las que brindan un servicio estatal de buena gana, las que no se cuelan con jabitas en las manos buscando un trato favorecido, injusto, comprado, las que se preocupan por el entorno, por los monumentos…

Tal vez tacharán los lectores mi visión de pesimista o casi apocalíptica; no creo que todo esté perdido pero sí que es hora de desterrar la inercia, de creer que otros deben imponer el orden cual poseedores de varitas mágicas y que “la vida está muy dura para coger lucha”.
El espacio público, ese que está de la puerta del hogar hacia fuera y que a todos pertenece, debe constituirse en la primera tribuna donde se aplique el precepto de que la libertad propia termina donde comienza la ajena. ¿Por qué debemos soportar las jabas de basura colocadas fuera de horario y en plena esquina? ¿Qué hacen los padres de aquellos niños que se encaraman en el cuello de la Estatua de la Libertad? ¿Los que botan los papeles en plena calle no utilizarán cestos en sus casas?
Ya comenzó la etapa de verano, con ella aumenta la afluencia de personas a playas, centros recreativos e instituciones culturales y deportivas, crecen también, lamentablemente, las indisciplinas sociales. En un encuentro de preparación para los meses estivales varios directivos debatieron sobre las medidas para garantizar unas vacaciones alegres y sanas; concuerdo con ellas y quisiera que todos las acatáramos, lejos de considerarlas prohibiciones absurdas.
Entre ellas están mantener los puntos de control de alcoholemia y que se sancione con fuerza a los chóferes que en funciones de trabajo hayan consumido bebidas alcohólicas, aunque no se encuentren en estado de embriaguez. Asimismo, se habló sobre la importancia de desarrollar las actividades en correspondencia con la capacidad de los locales para evitar aglomeraciones e incidentes y se insistió en lo imprescindible de respetar la tranquilidad ciudadana, evitando la música alta en lugares cercanos a viviendas.
Todo el que una vez aturdió a su barrio con canciones a todo volumen, se robó las cabillas de una papelera o protagonizó un escándalo en la parada; tendrá un día que llamar por teléfono con urgencia y se encontrará la cabina destrozada por alguien, o no hallará banco donde sentarse porque otro decidió que las tablitas le servían para algo. Quien actúa en contra de la paz ciudadana o vulnera la propiedad colectiva, debe asumir el riesgo de que un día de victimario pasará a víctima.
Se oye con frecuencia, ante hechos de este tipo, la expresión: “yo no tengo que meterme en eso porque no soy policía”; cierto que a los responsables del orden interior les toca preservar la legalidad y no considerar estos hechos de poca importancia porque no impliquen alta peligrosidad social; pero si cada uno de los matanceros cumpliéramos nuestras funciones al pie de la letra, tendríamos una ciudad más ordenada, limpia y agradable.
¿Dónde están los custodios cuándo en la noche alguien mancilla con pintura los muros de un edificio de valor patrimonial para declarar en letras grandes y deformes su ferviente amor por Cuquita? (si yo fuera Cuquita ni siquiera le vuelvo a hablar al “artista”) ¿Y qué hay de los guardaparques cuando ciudadanos que ya rebasaron hace años su infancia se balancean en los columpios para dejar a los niños, como resultado, sin un lugar donde jugar?
Se pueden citar innumerables ejemplos de indisciplinas sociales que proliferan allí donde alguien no cumple con su trabajo o se hace el de la vista gorda. Me comentaron una vez que lo que sucede es que los vándalos, los maleducados, los que no saben vivir en colectivo, no ojean siquiera el periódico. Yo prefiero ser optimista y creer que usted que me lee ahora, cuando pasee con sus pequeños por el Parque de la Libertad, no les permitirá treparse al monumento – luego de culminada su restauración- sino, los sentará sobre sus rodillas y les explicará quien es Martí.

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