Cuando un corazón toca la guitarra

Collaje Fotografico 0001
Fotos: Rey Montalvo
Como un corazón que toca la guitarra, así representaba a Tony Ávila un cartel colocado cerca de su casa. Lo habían situado sus vecinos en aquel muro para recibir al trovador en el último concierto de una gira intensa por Matanzas.
Era noche de carnavales en Cárdenas; a pesar de ello desde temprano se reunieron los naturales del barrio, los amigos de siempre y también los que gustan de su música. Una llovizna pertinaz aplazó el inicio, pero pocos se retiraron. Sentados en sus puestos quienes tenían sombrillas y protegido bajo los aleros el resto esperaron con paciencia.

Y Tony inició su presentación que, a pesar del escenario, la concurrencia y el despliegue técnico, no dejó de parecerse a una descarga entre conocidos; quizás por la comodidad que ofrece al músico la calle López, donde ha vivido por más de cuarenta años y a la cual confiesa deberle todo: “pertenezco a este lugar donde tengo mi ancla, no soy un barco a la deriva. Me refugio para hacer canciones, me escondo del mundo cuando hace falta y salgo de nuevo a navegar. Aquí murieron mis padres, crecieron mis hijos, tengo a mi gente, hice mi casa”.
Afirma además, que hay mucho de ese espacio en su obra, por eso todos los años, desde el 2007, canta en su cuadra. Lo que comenzó como cosa de una sola vez, dedicada a quienes se preguntaban qué hacía con la guitarra de un lado para otro, se convirtió en necesidad, en pausa obligada del artista con el fin de enseñar en ese pedacito de su existencia por dónde va su música y recordarle que no lo olvida.
El cantautor comenzó la presentación dando fe de su carácter solidario: con la invitación de subir al escenario para varios artistas que, por diversas razones, se encontraban allí. Si alguien faltaba eran las llamadas “damas de blanco”; aunque el convite estaba hecho y Tony garantizaba que disfrutaran de la presentación. Fueron capaces de montar una campaña de conjunto con los medios de Miami, acusarlo de golpeador y sabotear así su actuación en dicha ciudad norteamericana y Puerto Rico, pero no acudieron. Parece que la vergüenza no les alcanzó o no les pagaron lo suficiente.
Este cardenense ha decidido no odiar, olvidar calumnias ridículas, seguir con su arte que es la mejor forma de mostrar el compromiso con el pueblo. Por eso, cuando cerca de las tres de la madrugada se despidió, los asistentes aún estaban plenos de energía, sobre el escenario se había parado un cubano, un hombre auténtico.

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