S.O.S por la bahía

La bahía constituye uno de los más significativos tesoros naturales de la ciudad de Matanzas; los vertimientos de residuales pueden no solo mermar su belleza sino, además, dañar la salud humana

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Bahía de Matanzas

Entrar a la ciudad de Matanzas significa tropezar con la belleza majestuosa de la bahía, motivo de orgullo para sus habitantes. El azul de sus aguas ha inspirado a sinnúmero de poetas y se instala en el centro de la nostalgia de los nacidos aquí cuando están lejos. Además, constituye uno de los valores patrimoniales de la urbe, pues enaltece su paisaje y la convierte en única.

No obstante, el derrame en ella de residuales sólidos y líquidos amenaza su equilibrio. Acerca de esa problemática Girón conversó con Justino Baró Isasi, coordinador de la junta de manejo integrado costero de la bahía de Matanzas, quien refirió que se trabaja con 36 fuentes contaminantes, de las cuales 12 vierten directamente a la rada y el resto a las cuatro cuencas hidrográficas: los ríos San Juan, Yumurí, Canímar y Buey Vaca.

“Hemos hecho una investigación más profunda en la que el número identificado aumentó hasta 52. La contaminación ambiental resulta un problema de seguridad nacional, puede definirse como un cambio de estado en las condiciones químicas, físicas o biológicas, en las estructuras del medio y que afectan a la biota. Este último es un término ecológico que se refiere al conjunto de seres vivos de un lugar, vistos en su interrelación. En tal sentido el hombre juega un papel esencial, pues la flora y la fauna pueden vivir sin él, pero él no puede hacerlo sin ellas; por eso, así como es el principal depredador puede ser un elemento de equilibrio en la preservación de la naturaleza.

“En el caso de nuestra bahía el San Juan es el cauce por donde más residuos perjudiciales le llegan, incluso constituye prioridad a nivel nacional junto al Yumurí. No obstante, son diversas las fuentes de donde proceden los desechos, buena parte corresponde a actividades relacionadas con la agricultura, hospitales, cochiqueras, algunos repartos, industrias como la Termoeléctrica; estas últimas tienen una mayor tradición de atención a los problemas medioambientales desde su ministerio. Hay otras que por su compleja situación hubo que cerrar como el cárnico y la tenería.

En opinión del especialista la labor en la bahía matancera se ha quedado rezagada con respecto a otras de importancia en el país como la de la Habana, el Mariel, Cienfuegos y Santiago de Cuba, si bien no alcanza niveles de deterioro como los de la capital. “A impulsar el empeño contribuye el reciente llamado de Teresa Rojas Monzón, secretaria del Partido en la provincia, de mejorar las condiciones higiénico-sanitarias y ambientales y a conservar el patrimonio cultural, en el que se incluye el natural.

“Se enfrenta la presencia de materia orgánica agresiva al medio en más del 90 % de las fuentes contaminantes, de grasas (80 %), que incluyen los aceites (60%), materiales peligrosos y de hidrocarburos; estos último deben observarse con cuidado por las implicaciones que pueden tener para el turismo. El caso de los aceites usados resulta crítico, porque hay una indisciplina muy grande con respecto a su entrega tal y como se establece. Los mayores portadores de desechos peligrosos son los hospitales, tienen normas para su manejo y se violan.”

Comenta, de igual forma, que complejiza la labor el hecho de que el Ministerio de Ciencia Tecnología y Medio Ambiente no posee en todos los casos los medios para fiscalizar y los inspectores no presentan una preparación específica para hacer cumplir la legislación ambiental. No se cuenta con quien sancione las contravenciones y no puede depender solo de la conciencia de las personas.

“Prácticamente todo está legislado, pero no se cumple. Se viola lo establecido, incluso la selección de un coordinador, en cada uno de los centros importantes, que debe rendir cuentas con periodicidad.”

Entre las soluciones Baró Isasi refiere elevar la prioridad del tema; incluir en los planes las necesidades ambientales de inversión y mantenimiento; incrementar los controles en el manejo de residuales biológicos peligrosos y la entrega de los aceites; así como construir sistemas de tratamiento.

“Se debe insistir en la educación ambiental. La participación ciudadana es decisiva por eso hay que volcarse más a la comunidad, al trabajo con los niños en las escuelas. En los centros de trabajo no hay que dirigirse solo a las administraciones, sino también al movimiento obrero, para que incida y exija. Asimismo, se precisa trabajar con el sector no estatal. Todos somos beneficiarios de los recursos naturales y no hay que limpiar lo que no se ensucia. Importante también resulta el reciclaje, que presenta tanto aristas ambientales como económicas, muchísimas cosas pueden hacerse a partir del aprovechamiento de los desechos.”

El coordinador alerta, de igual forma, sobre las consecuencias nocivas de la contaminación, “el espejo de agua tiene que estar limpio no solo por un problema estético, sino por sus implicaciones para la fauna, la flora. Tenemos el caso de la playa El judío, se estudia la relación del baño en ella con varias afecciones, entre ellas en oídos y garganta.” Responsabilidad de todos los actores sociales es contribuir con el cuidado de un espacio que más allá de su valor paisajístico, deviene en pieza clave para el desarrollo económico y social del territorio y tiene numerosas potencialidades aún sin explotar.

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