De cómo Daymí se hizo una más

Daymí, la doctora de La Lanza

Quizás el mismo rol protagónico que jugaban los magos o curanderos en comunidades de la antigüedad es el que posee Daymí Vega Martínez en La Lanza; allí es de todo: doctora, psicóloga, confidente, consejera y amiga.

Llegó a cumplir su servicio social luego de graduarse de Medicina. Al bajarse del carro ya la esperaban el delegado del Poder Popular y algunos vecinos; tal vez la calidez de ese recibimiento fue lo primero que la unió a la comunidad, de tal forma que pasados los doce meses establecidos pidió un año de prórroga.

“Desde los primeros días venían a preguntar qué necesitaba para instalarme, en qué podían ayudar. Vivo sola, mi mamá me visita algunas veces. La vida es muy tranquila desde que amanece hasta que oscurece”, afirma.

Posee la responsabilidad de velar por la salud de mil 100 personas, buena parte de ellos ancianos entre 70 y 90 años e incluso un centenario, “trabajamos hasta las cuatro de la tarde y el resto de la noche brindamos servicio de urgencia, el cual se dirige a estabilizar al paciente hasta que llegue la ambulancia. Para eso contamos con el equipamiento necesario”.

Si no es imprescindible el apoyo vital para transportarlo, ellas mismas lo acompañan en algún vehículo. “Hace poco tuvimos un lactante que llegó prácticamente deshidratado, con un cuadro muy complejo. La enfermera y yo nos montamos en un taxi para llevarlo hasta un área de salud con más recursos y le prestamos atención por el camino. Llegó con una deshidratación ligera y un buen estado general, tanto que los médicos de allá dudaron del diagnóstico inicial, pero la madre se sintió muy agradecida”.

“Debido al constante flujo de población nos han llegado embarazadas que no son de nosotras, y de repente se les presentan los dolores de parto. Afortunadamente, no hemos afrontado ningún nacimiento extrahospitalario. Todos los momentos son difíciles debido a que los niveles de escolaridad son bajos, a veces los pobladores no entienden algunas cosas y debemos llevarlos de la mano”.

Aunque enfrenta problemas de salud en la comunidad como trastornos respiratorios, enfermedades crónicas no transmisibles y alcoholismo tanto en hombres como en mujeres; se siente plena en su labor, “además de las charlas con los pacientes hacemos actividades nocturnas en el círculo social para conversar, sobretodo con los adolescentes. Nos apoyamos en la música y compartimos con ellos para explicarles que no es necesario consumir alcohol para divertirse o escapar de los problemas.

“Se quiere quieren mucho al médico y a la enfermera, la vida gira en torno al consultorio. Tenemos una relación familiar con los habitantes. Cuando conversamos con enfermos para que cambien su estilo de vida, y al tiempo fallecen a causa de su padecimiento, terminamos llorando con sus seres queridos, como uno más.

“El paciente del campo sabe apreciar el trabajo de nosotros, lo valora más que el de la ciudad; porque allá hay consultorios, policlínicos, hospitales. Aquí, si no hay doctor, tienen que recorrer 11 kilómetros hasta la instalación de salud más cercana.

Así, entre el celo porque se clore el agua y se construyan letrinas en algunas casas donde no las hay, sigue Daymí. Participa en los encuentros deportivos, aprende a tejer y hace suyo los dilemas y sueños del lugar; mientras, algunos bromean con buscarle novio para que se quede por siempre.

 

 

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