La épica que vive

“Será que la necedad parió conmigo, / la necedad de lo que hoy resulta necio: / la necedad de asumir al enemigo, / la necedad de vivir sin tener precio.” (El Necio. Silvio Rodríguez)

Era una noche fresca. La aglomeración de personas apenas se sentía. Dondequiera que se mirara afloraba una sonrisa, unos ojos expectantes, unas manos dispuestas a aplaudir. Y todavía no empezaba.

Cuando aquel hombre inmenso – que ha llenado de poesía la vida de generaciones de cubanos – apareció en medio del escenario con la coraza que le da su tremenda dignidad, muchos de los presentes intuimos que sería una ocasión especial, de esas que se quedan grabadas en el recuerdo con la tinta indeleble de la emoción.

Tal vez fue la voz de Silvio, quebrada por las buenas nuevas, o la alegría casi infantil que mostró en su rostro cuando anunció que allí, muy cerca, estaban Los Cinco, al fin juntos; lo que hizo que todos nos enardeciéramos con el orgullo tremendo de estar presenciando  la historia.

El concierto, en el parqueo del Estadio Latinoamericano, estuvo cargado de la pasión delirante que nació el 17 de diciembre cuando muchas esperanzas se hicieron realidad y vimos triunfar una causa justa y larga. En esas horas pude presenciar, desde muy cerca, las lágrimas de Adriana; la felicidad completa de los Héroes mientras cantaban a voz en cuello El Necio, quizás como saldando una deuda con sus propias vidas; a Silvio enrojecer cuando ellos dieron vivas por él; a Gerardo subirse cual niño pequeño sobre una valla para abrazarse con estudiantes mexicanos que venían a visibilizar el caso de los desaparecidos de Ayotzinapa. Encontré una efervescencia revolucionaria genuina, de una multitud que lloró sin vergüenza y gritó: ¡Viva Fidel! ¡Viva Cuba!, convencida de la suerte de haber nacido en esta Isla, donde lo real maravilloso es cosa de todos los días.

Los acontecimientos de fines del 2014 demuestran que la épica vive; que los sentimientos, erróneamente considerados perdidos bajo la cruenta cotidianidad, están ahí, presentes y que nuestras tiempos no están exentos de poesía; queda mucho por lo que luchar.

El error radica en creer que todo está hecho; que el incendio de Bayamo, Baraguá, la Protesta de los Trece, el Moncada, el desembarco del Granma, Girón…, son sacrificios y, a la vez, privilegios, propios de otras generaciones, condenados a lo gris de los libros. Bajo esa idea solo crece el conformismo, la apatía, la conducta ‘apolítica’ (hoy más política que nunca antes), la indiferencia por los destinos del país y, sobre todo, la enajenación: “no hay nada que hacer, nada que cambiar, nada por lo cual trabajar”.

No se ama una Patria cuya historia se desconoce y no se conoce, de verdad, la historia que no se vive. ‘Vivirla’ no quiere decir solo haber sido su protagonista, sino sentirla como propia, entender cuánto de positivo y de negativo nos dejó, qué errores no deben repetirse, qué banderas no pueden caer jamás.

‘Vivirla’ significa, asimismo, comprometerse con el tiempo presente; saber que nuestros hijos leerán acerca de los aciertos y desaciertos actuales y que habitarán el país que hayamos creado, participando o dejando de hacerlo.

Cierto: a veces nublan el día el transporte insuficiente, los altos precios, la abulia de algunos funcionarios públicos, el mal proceder de ciertas instituciones. Entonces, creo, hay derecho de molestarse, de exigir que los responsables se responsabilicen de una vez por todas.

Sin embargo, la solución no se encuentran en convertirse en gente ‘apocalíptica’, esa para la que el fin del mundo siempre está cerca, nada sirve ni avanza, pero que tampoco hace nada por mejorar el status quo y no acepta cargos porque “la vida está muy dura” y se ausenta del puesto de trabajo porque “no le pagan lo suficiente” y así se engancha en la rueda de nunca acabar, la del maltrato, la ineficiencia, la del “ese no es mi problema”.

Cuba posee una riqueza espiritual envidiable; un proceso revolucionario que ha inspirado a personas alrededor de todo el mundo; hijos como Los Cinco, capaces de aguantar 15 años y regresar sonrientes, dispuestos a seguir con la adarga al brazo. Todo ese legado, inconmensurable, no podemos perderlo. Pagaríamos un precio demasiado alto. Otros son los tiempos, otras las tareas para que el pueblo cubano tenga las comodidades que desea y merece. En lograr ese país superior, pero sin perder nuestra esencia, consiste todo el reto y la épica de hoy.

Anuncios

Un comentario en “La épica que vive

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s