Alicia y la casa de las maravillas

Por Rey Montalvo

email: reymontalvo@atenas.cult.cu

Foto: Abel López Montes de Oca

A partir de 1984 coexistieron en el inmueble la Casa de la Trova y la de los Escritores.
A partir de 1984 coexistieron en el inmueble la Casa de la Trova y la de los Escritores.

 Alicia tiene 49 años y presume ante sus hijos la pródiga juventud que vivió sentada sobre cojines en el suelo, tomando té y escuchando canciones de trovadores que la ayudaban a vencer la terrible monotonía de los tiempos sin el arte.

Las coyunturas frustraron las noches de Alicia –despojada también de otras salas de su preferencia- pero hoy no lamenta acaso su pérdida, tanto como la oportunidad que no tendrán sus hijos (aún jóvenes) de vivir semejantes pasiones.

La Casa de la Trova en Matanzas se fundó en la segunda mitad de la década del 70´, en el lugar realzado hoy con la sede de la Editorial Vigía (idea atinada de Alfredo Zaldívar, ojalá con larga vida). En los cojines que servían de cobija espiritual para una sana juventud, se sentaron a cantar o contar historias, por ejemplo, Marta Valdés, Miriam Ramos, Frank Fernández, Eliseo Diego, Miguel Barnet y Roberto Fernández Retamar, acompañados de notables anfitriones.

La cercanía de la ciudad con la capital, el entorno tranquilizador y poético del Río San Juan, el público entendedor y un oxígeno de auténtica cultura, atrajeron a grandes de la canción y las letras, y consolidaron un movimiento de trovadores entre los más respetados y mencionados del país. De aquella generación prodigiosa perdura la obra de todos (más o menos), aunque la memoria colectiva solo acompaña a Raúl Torres, un crecido entre otros muchos valiosos.

Hace 23 años no existe más ese espacio en la pretérita Atenas de Cuba, los trovadores y amantes del movimiento con profunda raíz popular y vinculado a la conformación de la nacionalidad cubana -que tiene entre sus cultores a Sindo Garay, Manuel Corona, Miguel Matamoros, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Noel Nicola, Vicente y Santiago Feliú y Gerardo Alfonso- esperamos la reaparición de una Casa de la Trova en Matanzas, no como la de Santi Spíritus o Santiago, sino con cojines en el suelo para sentarnos, compartir y cantar.

La cultura cubana del siglo XXI, plagada de intenciones triviales para alienar al ser humano y enriquecerse con tales escarnios, exige un arte constructivo y propio. Perder la memoria es sepultar el futuro; no basta que nos evoquen el tiempo de esplendor de la trova -o del danzón, la rumba, el canto coral y la música sinfónica- en Matanzas, los jóvenes precisamos vivirlo. Refundar la Casa de la Trova puede ser el camino.

Alicia, por sus hijos, lo merece.

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