Abril, el canto de la Patria

“Nadie se va a morir, menos ahora. / El canto de la patria es nuestro canto.” Girón: preludio. Silvio Rodríguez

Impresiona el silencio de la Ciénaga. Allí el tiempo tiene su propio ritmo y los vecinos parecen disfrutar de la tranquilidad, ajenos a lo singular de los parajes y al asombro del visitante. Lo maravilloso se hace real.

Victoria de Playa Girón
Victoria de Playa Girón

Quien mira las quietas y azulísimas aguas de sus playas no puede comprender cómo de ellas salió la metralla, la muerte, el terror. Pero lo atestiguan los monumentos a la orilla de la carretera, homenajes a los caídos aquellos días de abril de 1961, recordatorios de que en el humedal la patria cantó y los enemigos encontraron infranqueable muralla.

En la tierra de carboneros la invasión mercenaria de Playa Girón, lejos de hallar terreno para derrocar al proyecto revolucionario, se tropezó con la resistencia de las pequeñas unidades de milicianos que protegían las instalaciones.

A ellos se sumaron, con rapidez, otros batallones; bajo la dirección de Fidel defendieron con ferocidad cada palmo del suelo de su país. Eran, en su mayoría, combatientes muy jóvenes e inexpertos ante un contingente invasor de alrededor de mil 500 hombres, y muy bien pertrechado por Estados Unidos; sin embargo, dejaron el heroísmo sembrado en cada recodo, enfrentando las ametralladoras y el terrible napalm.

Los impulsaba la épica de la Revolución, la misma que acababa de proclamar su carácter socialista y transformaba los destinos de los cubanos, incluso de los cenagueros que olvidaban los días de jornales míseros, de niños descalzos, de enfermos a la orilla del camino.

Menos de 72 horas bastaron para “parar en seco” a los mercenarios; después los cambiarían por compotas al gobierno norteamericano, como indemnización de guerra.

Resultaba insólito que fracasara un proyecto de tal naturaleza apadrinado desde las esferas de poder estadounidenses, acostumbradas a hacer a su antojo en América Latina. La Isla devino, entonces, faro para las causas progresistas del mundo.

Héroes eternos de la Patria, así se recuerda a los protagonistas de la gesta; de ellos 176 murieron, cientos recibieron heridas. Su arrojo convirtió a la victoria del 19 de abril no solo en un momento determinante de la historia del país sino, además, en símbolo de la unidad, del amor cubano a la soberanía; en clara advertencia: cualquier rincón de Cuba podría ser un Girón.

Anuncios

Un comentario en “Abril, el canto de la Patria

  1. Más de 50 años después Cuba sigue invencible.
    Merece la pena recordar la hermosísima “Elegía de los zapaticos blancos” de Jesús Orta Ruiz
    ELEGÍA DE LOS ZAPATICOS BLANCOS

    De Jesús Orta Ruiz, el Indio Naborí

    Vengo de allá de la ciénaga,
    del redimido pantano.
    Traigo un manojo de anécdotas
    profundas, que se me entraron
    por el tronco de la sangre
    hasta la raíz del llanto.

    Oídme la historia triste
    de los zapaticos blancos…
    Nemesia -flor carbonera-
    creció con los pies descalzos.
    ¡Hasta rompía las piedras
    con las piedras de sus callos!

    Pero siempre tuvo el sueño
    de unos zapaticos blancos.

    Ya los creía imposibles.
    ¡Los veía tan lejanos!
    Como aquel lucero azul
    que en el crepúsculo vago
    abría su flor celeste
    sobre el dolor del pantano.

    Un día, llegó a la ciénaga
    algo nuevo, inesperado,
    algo que llevó la luz
    a los viejos bosques náufragos.

    Era la Revolución,
    era el sol de Fidel Castro,
    era el camino triunfante
    sobre el infierno de fango.
    Eran las cooperativas
    del carbón y del pescado.

    Un asombro de monedas
    en las carboneras manos,
    en las manos pescadoras,
    en todas, todas las manos.
    Alba de letras y números
    Sobre el carbón despuntando.

    Una mañana… ¡Qué gloria!
    Nemesia salió cantando.
    Llevaba en sus pies el triunfo
    de sus zapaticos blancos.
    Era la blanca derrota
    de un pretérito descalzo.

    ¡Qué linda estaba el domingo
    Nemesia con sus zapatos!
    Pero el lunes… ¡despertó
    bajo cien truenos de espanto!

    Sobre su casa guajira
    volaban furiosos pájaros.
    Eran los aviones yanquis,
    eran buitres mercenarios.

    Nemesia vio caer muerta
    a su madre. Vio
    sangrando a sus hermanitos.
    Vio un huracán de disparos
    agujereando los lirios
    de sus zapaticos blancos.

    Gritaba trágicamente:
    ¡Malditos los mercenarios!
    ¡Ay, mis hermanos! ¡Ay, madre!
    ¡Ay, mis zapaticos blancos!

    Acaso el monstruo se dijo:
    Si las madres están dando
    hijos libres y valientes,
    que mueran bajo el espanto
    de mis bombas. ¡Quién ha visto
    carboneros con zapatos!

    Pero Nemesia no llora.
    Sabe que los milicianos
    rompieron a los traidores
    que a su madre asesinaron.

    Sabe que nada en el mundo-
    -ni yanquis ni mercenarios-
    apagarán en la patria
    este sol que está brillando,
    para que todas las niñas
    ¡tengan zapaticos blancos!

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s