Una fiebre en la imaginación

A 80 años de los sucesos del Morrillo

“Si canto a los muertos /es porque sé/que los muertos no han muerto, /que están a mi lado/calmándome la sed/y avivándola a un tiempo”. Vicente Feliú

El Morrillo
El Morrillo

Una bala en el corazón, y fue la muerte. Minutos antes había aceptado ese destino, así se lo comunicó a Aponte, el venezolano que ya era su compadre y estuvieron de acuerdo: morirían antes de permitir que los capturaran; y lo cumplieron el 8 de mayo de 1935.

El Morrillo, fortín español, pertenecía entonces a la Marina de Guerra; alejado del centro de la ciudad de Matanzas, desatendido por sus responsables y poseedor de un atracadero, resultó escogido para la salida de Antonio Guiteras, que permanecía en la clandestinidad, y de otros militantes de la Joven Cuba.

Allí los recogería el yate Amalia para llevarlos a México. En ese país, organizarían una expedición para desembarcar por Oriente y desatar la lucha armada en Cuba.

El capitán Carmelo González, supervisor de la Aduana de Matanzas, se comprometió a asegurar una evasión exitosa. Mas, por el contrario, brindó información diaria de los planes a sus superiores; actualizaciones que llegaban a Fulgencio Batista. Guiteras arribó el 7 de mayo a la pequeña fortaleza.

Al día siguiente, la presencia de vehículos militares, llenos de soldados, demostró que algo andaba mal. Los conspiradores se agruparon en la parte baja de la edificación. Estaban rodeados. Carlos Aponte sugirió, para burlar la emboscada, dirigirse hacia la maleza y resistir en un cerro ubicado a la izquierda.

Salieron por una puerta lateral, de uno en uno. Ante el tiroteo, el grupo se dispersó. Poco después de que Antonio cayera con el corazón destrozado por un proyectil, Carlos también recibió una herida mortal. Con el fracaso de este proyecto se cerraba el ciclo revolucionario de la década del 30.

HOMBRES DE LA REVOLUCIÓN

Guiteras
Guiteras

Quizás nadie captó mejor la esencia de Guiteras que Pablo de la Torriente Brau: “La Revolución fue como una fiebre en la imaginación de este hombre (…) Tuvo, arrastrado por su fiebre, el impulso de hacerlo todo. E hizo más que miles. Y tenía el secreto de la fe en la victoria final. Irradiaba calor. Era como un imán de hombres (…) Les era misteriosa, pero irresistible, aquella decisión callada, aquella imaginación rígida hacia un solo punto: la Revolución (…) Era un hombre de la Revolución”.

Nació en Filadelfia, Estados Unidos; pero sus raíces eran matanceras. Su padre provenía de la familia Guiteras, una estirpe íntimamente relacionada con los procesos culturales de Matanzas.

Durante su infancia los padres decidieron volver a Cuba. Desde la adolescencia se vinculó a las causas progresistas, que se instalaron para siempre en el centro de su vida.

Primero fueron las protestas estudiantiles contra los crímenes de Machado, y la integración al Directorio Estudiantil; con posterioridad, cuando era ya Doctor en Farmacia, utilizó su trabajo para establecer contactos en Oriente, se alzó en armas en la finca La Gallinita, asaltó el poblado de San Luis y, con singular hidalguía dentro de la politiquería de aquellos años, dijo no a la mediación del embajador norteamericano.

Luego de la huida del tirano, y del fracaso del gobierno de Carlos Manuel de Céspedes y Quesada, Guiteras integró el gabinete del presidente Ramón Grau San Martín, como secretario de Gobernación, Guerra y Marina.

Desde ese cargo impulsó medidas de franco aliento antimperialista y radical; y además, tuvo los “pantalones” de enfrentar a Batista, los mismos que le faltaron a Grau. Las divergencias ideológicas llevaron al fracaso del conocido como Gobierno de los Cien Días.

Convencido de lo indispensable de la insurrección armada creó el grupo TNT, al que le siguió Joven Cuba. Al fracasar la huelga de marzo de 1935 y en medio de los preparativos para salir de la isla, le presentaron a Carlos Aponte.

Carlos Aponte
Carlos Aponte

Internacionalista nato, en su país de origen, Venezuela, luchó contra el dictador Juan Vicente Gómez; sufrió prisión y fue expulsado. Se incorporó a las tropas de Sandino y al morir este, vino a Cuba; donde, sin vacilar, se sumó al proyecto de Guiteras.

El Museo Memorial El Morrillo, Monumento Nacional, atesora desde 1975 los restos de ambos héroes. Un lugar en el cual prima el silencio del respeto, pero donde la historia puede palparse. Un sitio para que jamás se olvide que hubo hombres dispuestos a dar por Cuba, incluso, lo que no tiene devolución: la vida.

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