Cuando se prohíbe amar

¿Cuándo fue la primera vez que se sintió falso? Tal vez aquella noche en el preuniversitario, noche de estrenos en el cuerpo de Leticia. Se descubrió frío ante sus besos afiebrados, desganado ante el cuerpo que se le entregaba.

A la mañana siguiente, sin más explicaciones, la dejó. Luego se sucedieron muchas otras. En ninguna encontró la respuesta a su desasosiego, la explicación de la inmensa tristeza cuando se subía los pantalones.

A su alrededor se tejió la fama de mujeriego, que alejaba cualquier sospecha. Por eso, cuando se sintió excitado por la sonrisa de Manuel, lloró silenciosamente, no por lo que pudieran pensar los otros, sino por él mismo y las dudas que empezaban a sembrarse.

En la universidad conoció a Melissa y la hizo su novia formal. Así se libraba de las conquistas superfluas. Cumplía disciplinadamente, cuando ella lo requería, en la cama; no era fácil, pero pensar en otra cosa ayudaba.

Y casi sin darse cuenta encontró a José, apenas dos años mayor, mas ¡con tantas cosas claras! Pronto se sorprendió amándolo, admirando su inteligencia, su ternura, su valentía. Solo frente a él tuvo el valor de decir en voz alta: soy homosexual.

Con Melissa no entró en detalles, le dijo que lo de ellos no funcionaba y trató de herirla lo menos posible; la quería como a una hermana.

Poco duró el idilio. No sabe cómo su mamá se enteró, a pesar de que aún no hacía pública la nueva relación, “pueblo chiquito, infierno grande”.

Llegó de la beca un sábado en la mañana y en la sala estaba ella. Apenas cerró la puerta tras de sí le dio una ‘galleta’ que lo dejó aturdido y le gritó: “descarado, inconsciente, cochino, con la educación que te hemos dado, ¿cómo te atreves?”

Después empezó a llorar y balbucear, entre sollozos, que “ella no se merecía eso, que quería nietos, que cómo iba a aguantar la vergüenza, que su padre lo iba a matar y después se iba a morir de tristeza”.

Él no habló, mantuvo la cabeza gacha todo el tiempo. Y solo asintió con la voz quebrada, cuando mami le hizo jurar: “prométeme que vas a seguir siendo hombre, cualquier cosa menos maricón: ¿me oíste? Vuelve con Meli o con cualquier otra, pero hombre”.

Del tema no se habló más en casa. A José no le atendió el celular y le huyó durante meses. Se deprimió mucho. Tomó unas pastillas que le recomendaron.

Volvió con Melissa para rehuir comentarios insidiosos y llevarla al cumpleaños del padre.

A veces la mira mientras duerme y se pregunta por qué no puede desearla como a José si es casi la mujer perfecta y lo quiere tanto; si estará enfermo, si fue algo que hizo, si podrá cambiarlo.

Sin embargo, esas no son las noches más tristes.

Las noches más tristes son aquellas en que piensa que nunca volverá a amar como esa vez, que no se lo permitirán los otros ni el miedo, o la cobardía; que tendrá que esperar la ausencia de sus padres.

Pero entonces estarán sus hermanos, y los hijos, y Melissa, y los amigos; y la vida se irá… llena de esa falsedad que sintió la primera vez.

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