Ensalada

17153915-Cutting-cucumber-to-slices-with-chef-knife-Stock-PhotoDespacio, corta el pepino. Las ruedas deben salir finas. Se le escapan las lágrimas, como si fueran aros de cebolla y no semillas de pepino lo que se desparrama sobre la mesa. Son las ocho de la noche, si él no llega a las seis de la tarde es porque se quedó tomando al salir del trabajo. Vendrán los golpes. Corta el pepino. Mira el reloj. Recuerda el sabor salado de la sangre en la boca, la costilla oprimiendo el pulmón, la vergüenza. Corta el pepino. La puerta se abre. Solo de ver sus ojos lo sabe. El alcohol le saca la rabia, siempre. Casi puede anticipar el dolor de los dedos sobre la piel. Corta el pepino. Se le acerca con palabras entrecortadas, le lengua enredada, la saliva escapándosele de las comisuras. Nunca es diferente si llega después de las seis. Corta el pepino. Lo corta a él. Se hunde suave el cuchillo en el vientre, como en pepino tierno. Lo ve desplomarse y vuelve a cortar el pepino, ahora el jugo sale rojo, las rodajas también se tiñen. Sigue cortando, la ensalada debe estar lista antes de la hora de comer.

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