¡De padre!

¡De madre!, decimos los cubanos cuando algo se nos presenta arduo, desagradable o por encima de nuestras posibilidades. Por qué se menciona a la progenitora en tales momentos, es un misterio. Quizás tenga algo que ver con el dolor y el trabajo, tanto físico como emocional, que implica dar y cuidar la vida.

Decimos, ¡de madre!, pero no ¡de padre!; porque los padres, a pesar de la sociedad patriarcal o tal vez por ella misma, resulta invisibles. Se les ve como meros sementales, los que ponen la semillita, o como jugadores de relevo: cuidan a los hijos cuando mamá está enferma o de viaje o de misión.

Sin embargo, hay tantos buenos padres como buenas madres. Hombres que se estremecen desde el primer ultrasonido y lloran de felicidad cuando les enseñan a su bebé, arrugadito y feíto, como todos los recién nacidos, pero para ellos lo más lindo del mundo.

Hombres pendientes de la fiebre, del diente que sale, del color de la caca y luego de los primeros pasos, y de enseñarle a jugar pelota, sea niña o niño; llevarlo a la escuela, conversar con los maestros, fruncir la nariz ante la primera pareja, mirar la película del sábado, aún con sueño, para ver si llega a la hora establecida; y de las pruebas de ingreso a la universidad, de la tesis, del brindis de graduación, de la ubicación laboral y de… porque el trabajo de papá no se acaba nunca.

Yo, afortunada, tengo un padre, ¡de padre!, no por difícil, sino por grande de sentimiento y amor.

De mi padre aprendí muchas cosas, pero las fundamentales son la honestidad, el amor a la familia y la entrega. Nunca lo he visto cometer un acto desleal o deshonroso. No conozco persona más dada a los otros sin esperar nada a cambio, más trabajadora y amante de su labor.

Desde pequeña mi mayor deseo ha sido enorgullecerlo y muchos de mis logros se los debo. Recuerdo cómo me tecleaba mis trabajos escolares para que quedaran bonitos y hasta me hacía mapas y presentaciones con su letra ordenada y linda.

Siempre me regalaba agendas, plumas, portaminas, plumones, -muchos los conservo como amuletos para tiempos difíciles- y me llevaba a la biblioteca de su trabajo para que yo arrasara llevándome un bulto enorme de libros que él después devolvía a medida que los terminaba de leer.

Me encantaba ir a su oficina, ver cómo trabajaba y desandaba largos pasillos con su paso rápido que me costaba mucho alcanzar.

Mi padre siempre me ha defendido y apoyado y me ha dado junto a mami una familia que enorgullece.

Amo a papi y me siento orgullosa de tenerlo. En el carácter no me le parezco mucho, no tengo su don para conversar y hacer amigos en cualquier sitio, soy más parca y reservada. Pero llevo el mismo lunar en el cuello, trato de ser leal a las enseñanzas de su vida y jamás traicionar su ejemplo.

Por eso no acepto que me digan que padre es cualquiera, ni que son prescindibles. Mi padre prueba lo contrario.

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2 comentarios en “¡De padre!

  1. Yeilén quisiera decirte muchas cosas por esta bella y sentida cronica por tu padre en el día de los padres, por suerte ese ejemplo se repite miles de veces en muchos padres cubanos,como hijo y como padre presente en la educación y formación de mis hijas acudo una frase que trato resuma todo la emoción que siento al leerla “GRACIAS”.

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