Ser periodista es complicado

10959793_415042615343757_1993602178540162463_nSer periodista es complicado; tan sencilla como cierta resulta la reflexión.

En mis escasos años de graduada no han sido muchos pero sí intensos los momentos de rabia total, esos en que toda la sangre se te sube a la cabeza, se hinchan las venas del cuello y sinceramente consideras gritar. Entonces, respiro y apelo al debate. Algunas veces sirve de algo, otras no.

Porque a esos extremos se llega en una profesión donde jamás se queda bien con dios ni con el diablo y hay que tener las convicciones muy bien “plantadas” para no ceder ante el desánimo o la falta de fe.

Sobran los buches amargos, pues por un lado están quienes piden un periodismo más crítico pero cuando les corresponde dar información la ocultan y tergiversan, o se escandalizan si sus deficiencias salen a la luz; por otro los que exigen a los periodistas labores de fiscales o policías; y aquellos que hacen hasta ponencias sobre el ejercicio periodístico, asumiendo el papel de censores, con escaso conocimiento de causa. Y cómo olvidar a los que desde adentro protagonizan una constante labor de zapa, sembrando la amargura y la discordia.

No tengo miedo a la crítica, sé que todos mis trabajos son perfectibles. No vivo de espaldas a la realidad,  Cuba necesita un mejor periodismo y estoy consciente de los múltiples problemas del sector.

Sin embargo, creo que merecemos más respeto. El intrusismo profesional me agobia y cada día percibo más constante el ataque desmedido contra la prensa y su gestión.

Hay periodistas malos y mal periodismo, pero también hay muchos buenos, que se dejan la vida en una labor mal remunerada e ingrata. Los que se quedaron luego de años de un éxodo masivo, resistiendo, lo hicieron sencillamente por amor.

Y ese amor por el periodismo, “el orgasmo de la noticia” es el que se debe recuperar y sembrar en los nuevos que empiezan; labor difícil cuando muchas veces los forman docentes “antiprensa”, que protagonizan una censura despiadada contra los periodistas.

Añoro la unidad, no el consenso falso; gente que luego de criticar, se pare y haga cosas; reporteros que no acumulen frustraciones y en vez de quejarse por el mal trabajo hagan uno mejor, cueste lo que cueste; quiero que digamos mejor ahora que mañana.

Yo estudié periodismo por vocación social; quizá sea ilusa pero creo en lo que hago y asumo el riesgo de la equivocación. Como bien dice Oriana Fallaci, porque amo a mi profesión siempre me debato en mil complejos de ineptitud. Tengo fe en la ética, en el poder de la prensa, en mis colegas, en que podemos cambiar cosas.

El día que me siente a redactar, consciente de que mentiré, colgaré los guantes.

Mientras tanto, me queda el reto de estudiar más para que no me pasen gato por liebre, ser más acuciosa y atrevida, no acomodarme; y, cuando sea necesario, decirle a alguien unas cuantas verdades.

Me sumo a Julio García Luis en eso de que “la verdad es siempre revolucionaria”; entonces vale la pena ejercer el periodismo aunque a veces tengamos la sensación de estar en medio de un fuego cruzado.

Ser periodista es complicado, pero me gusta. Y dicen los que saben que eso es como un bichito, y cuando pica, no suelta.

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