Soroa no podía darme más

Conocemos poco a esta isla. Tal vez la circunstancia del agua que nos rodea pone las miras fuera y uno olvida eso de “conozca a Cuba primero y el extranjero después”. Recorrer Cuba tampoco es cosa fácil, siempre aparecen los demonios de los “boteros”, el hospedaje y otros etcéteras; pero cuando una tiene la oportunidad, parte rauda a conquistar fronteras internas.

Soroa tiene la magia del verde, la humedad del arroyo, el olor de la orquídea y de los cientos de mangos en el suelo, las yuntas de bueyes, los saltos de agua, los peligrosos senderos de fango resbaladizo, las flores por todos lados; mas no se libra de las casas de alquiler, los restaurantes, los carros de turismo a toda velocidad, ni de la música que hiere al silencio…como si allí hiciera falta música.

Soroa merece la visita por esas palmas copudas, porque enseña la belleza de Cuba que olvidamos, porque es nuestra.

Y disfruté estar allí, aunque Soroa no podía darme más, no podía hacerme sonreír. Cuando uno tiene el pensamiento y el corazón en otra parte, no hay remedio. Pero eso no es culpa del lugar. Si algún día vuelvo allí, a ese río con un agua que parece salida del refrigerador y que produce escozor en la piel de tan fría, llevaré al objeto de mis anhelos conmigo, para no andar como alma en pena mirando el atardecer en la montaña y suspirando de nostalgia.

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