El tortuoso camino de las reliquias de El Louvre (I)

Por  Gabriel Torres, Jessica Acevedo, Jeidi Suárez y Yeilén Delgado

Foto: Ramón Pacheco Salazar   El Louvre, por su privilegiada posición dentro del centro histórico urbano y sus valores patrimoniales, merece atención.
El Louvre, por su privilegiada posición dentro del centro histórico urbano y sus valores patrimoniales, merece atención. Foto: Ramón Pacheco Salazar

Cruza la pierna con un movimiento brusco mientras se lleva a la boca otro cigarrillo, el sexto que fuma mientras espera a Valentina. Como cada año, habían acordado verse de nuevo en el hotel EL Louvre; mas, esta vez su lugar de reencuentro no abrió las puertas para recibirlos.

Cuentan algunos que ese día Marcelo estuvo hasta altas horas de la noche sentado en el Parque de la Libertad, con la esperanza de volver a verla y la congoja de contemplar en ruinas su acostumbrado nido de pasión y sosiego.

Un sentimiento similar experimentan los hijos de esta ciudad de puentes y poesía, cuando descubren la desnudez de dicho inmueble, cuyo abandono y deterioro en nada se asemejan a la belleza y esplendor de antaño.

LA HISTORIA

Las primeras referencias que se tienen de El Louvre se pueden hallar en el periódico La Aurora del Yumurí. Según consta en los documentos de la Lic. Miriam Menéndez Alfonso, investigadora de la Oficina de Monumentos y Sitios Históricos, en el año 1876 allí se destaca la Fonda y Posada El Louvre, propiedad de Escalante y Hermanos, ubicada en Gelabert No. 46, al costado del teatro Sauto.

De acuerdo con la especialista, en 1883 el inmueble pasó a ubicarse, como Restaurante Hotel, a Gelabert No. 56 –al edificio que actualmente ocupa la Dirección Territorial de Etecsa- hasta recalar finalmente en el año 1904 en su ubicación actual de Milanés No. 47. Para esos tiempos se reconocía a la instalación como “el único hotel de primera en la ciudad” y se subrayaba el lujo y la majestuosidad de las habitaciones, así como el servicio de excelencia que se brindaba.

El lugar fue preferido por grandes personalidades de la política, la cultura y el gobierno con asiento en la ciudad o visitantes ocasionales. Allí se hospedaron embajadores, ministros y artistas de renombre. Afirma la investigadora que la excepcional cantante lírica mexicana Esperanza Iris no pernoctaba en otro sitio que no fuera El Louvre en sus visitas a la Atenas de Cuba.

Durante el año 1962, al calor de las nacionalizaciones que acometía la Revolución, fue intervenido el inmueble, que desde 1937 pertenecía a Antonio Palacios y Cía, y se mantuvo su función social. A finales del año 1965, durante un breve receso debido a un remozamiento, las Cuatro Primaveras, unas hermosas esculturas de mármol que adornaban el lobby, se trasladaron a los bajos del Palacio de Gobierno y posteriormente al parque del teatro Sauto, donde hoy las podemos admirar.

A inicios de la década del 80 cierran sus puertas para una reparación general que, según los archivos de Menéndez Alfonso, costó cerca de 334 mil pesos en la edificación y 200 mil en equipos, mobiliario y decoraciones.

Para el 3 de agosto de 1985 El Louvre reabría con sus 17 habitaciones como el único hotel en Cuba con características verdaderamente coloniales. Entre sus tesoros contaba con porcelana de Limoges -región de Francia famosa por la calidad de su artesanía-, vajillas de plata, muebles de perilla, piso y copas de decoración de mármol, dos pinturas de Gil García, y sendas obras de Domingo Ramos y Gilberto Frómeta, esta última llamada El Unicornio, que daba nombre a un salón.

Tras los embates del periodo especial las sucesivas administraciones se esforzaron por preservar los valores y su funcionalidad, pero en el año 2005 cerró como hotel, asumiendo otras tareas: almacén o mercado ocasional, todo en detrimento de su importancia patrimonial. Ahí comienza el tortuoso camino de las reliquias de El Louvre…

TRAS LA PISTA DE LOS MALOS PASOS

Actualmente, el EL Louvre pertenece a Comercio y Gastronomía, organismo que en la década del 80 inscribió los bienes patrimoniales muebles que poseía el lujoso local en el Registro de Bienes Culturales (RBC). “Si bien esta relación funcionó durante dos décadas de manera coherente, pues se chequeaba su inventario, durante los 90 se presentaron roturas o deterioro en algunos de sus bienes”, recuerda Julia Maritza Cuba Díaz, directora del RBC.

A partir del 2005 las irregularidades se acrecentaron, y “en este periodo comenzaron los quebrantos graves y las pérdidas, pues las sucesivas administraciones de la entidad no fueron capaces de velar por su integridad”, señala Cuba Díaz.

Así sufrieron daños considerables y quedaron en paradero desconocido mobiliarios, artes decorativas (pintura, dibujos y escultura) y vajillas (con diferentes tipos de fuentes, platos, jarras). De ahí que el RBC iniciara en 2014 un proceso legal. “Hicimos la denuncia correspondiente a la Policía y se abrió un expediente”, aclara la directiva.

Según las regulaciones patrimoniales emitidas por la Oficina de Monumentos y Sitios Históricos del Centro Provincial de Patrimonio Cultural en 2011, el inmueble, que posee el Primer Grado de Protección, ha sufrido restauraciones y/o transformaciones que propiciaron la pérdida de su piso original de mármol blanco y negro, sustituido, probablemente por su grado de detrimento, por losas de granito; también sus falsos techos de metal troquelados se cambiaron por reproducciones de yeso y fibras de henequén.

Sin embargo, consta en ese informe, que “su última función otorgada, a inicios de la década del 2010 demeritó sobremanera la importancia histórica y física de la edificación. Muchos de los elementos (vajillas, juegos de cuarto, etc) de valor que aún se conservaban se extraviaron y otros se dañaron severamente”.

Explica Mayra Hernández de León, directora de la Oficina de Monumentos y Sitios Históricos del Centro Provincial de Patrimonio Cultural, que la Ley No.2 del Patrimonio Cultural establece la responsabilidad de los dueños de un inmueble con valores patrimoniales para resguardarlo, conservarlo y restaurarlo.

Aclara, además, que aunque existe el marco legal, “no tenemos ningún cuerpo de inspectores que regule el cumplimiento de esa Ley, por lo tanto damos las orientaciones metodológicas de cómo hacerlo y el chequeo corre por nosotros mismos”.

Mientras unos afirman que los bienes se encuentran resguardados en espera de una refuncionalización del local, otros se hallan convencidos de que hace rato pasaron a manos inapropiadas y se perdieron para siempre; sobre ese punto volveremos en la próxima edición de este Semanario.

 

Gracias a las consultas de la Lic. Miriam Menéndez Alfonso, en el suplemento cultural Yumurí del 31 de agosto de 1985, sabemos que sobresalía la habitación número cuatro porque “fue amueblada con un juego de cuarto de palisandro, enchapado en palo rosa, ébano y sándalo, fabricado en Barcelona en 1840, a un costo de 200 escudos reales. Su dueño fue el conde José Eugenio Moré y Labastida, fundador de Sagua La Grande. Estuvo en Nueva York e Italia y fue introducido al país en los años 70 del siglo XIX. Antes de ser trasladado a la ciudad de Matanzas estaba en el ingenio La Santísima Trinidad, en Sagua, y consta de cama, armario, vestidor y mesita de noche (…)”.

 

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2 comentarios en “El tortuoso camino de las reliquias de El Louvre (I)

  1. es verdaderamente doloroso q los matanceros estemos quedando sin los valores patrimoniales q pertenecen al pueblo y q por indolencia y robos hayan ido a parar ahora no se sabe a dónde… ES UNA VERDADERA PENA. Muy buen trabajo muchachos, sigan tras la huella de los inescrupulosos…

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