¿Quién le pone el cascabel al irrespeto?

Tanto se ha escrito en este Semanario sobre el respeto al conjunto escultórico del Parque de La libertad, que parece empeño vano volver a hacerlo; pero el silencio jamás será alternativa mientras el maltrato continúe

Este es un sitio para venerar; lamentablemente, el tranquilo panorama se transforma en horas de la tarde y noche por obra de la indisciplina.
Este es un sitio para venerar; lamentablemente, el tranquilo panorama se transforma en horas de la tarde y noche por obra de la indisciplina.

Apenas son las seis de la tarde de un sábado y atravieso, como de costumbre, el Parque de La Libertad. Mantengo el hábito de mirar hacia su centro y fotografiar, sé que encontraré alguna violación.

Esta vez no resulta diferente; aunque prefiero no publicar las imágenes y quedarme con aquella más agradable que tomé en horas de la mañana. Dos niños corren alrededor de La Libertad; desaforados, lanzan una lata vacía de cerveza que golpea el rostro de esa estatua y los pies de la imagen de Martí.

Bajan, suben, brincan, aplastan una ofrenda floral. Parece que ningún adulto los supervisa. Entonces, de algún lugar surgen dos mujeres que los llaman porque “es hora de irse”.

Recuerdo entonces lo que me comentó Gilberto Martínez Orgallez, uno de los restauradores del conjunto escultórico, cuando en 2014 intervenía el sitio: “Luchamos con el paso del tiempo, más difícil resulta enfrentar el paso del hombre”.

A LA VISTA DE TODOS

Las indisciplinas sociales que afectan a esta obra (1909) del escultor italiano Salvatore Buemi se extienden desde hace mucho tiempo. Alarma que sucedan  a la vista de todos, en un área donde se enclavan significativas instituciones gubernamentales y culturales, como el Comité Provincial del PCC, la sede del Gobierno Provincial, la Dirección de Salud Pública, el Museo Farmacéutico, la Sala White, el cine Velasco, entre otros.

Sobre el conjunto ­-Monumento Local y situado en un centro histórico urbano Monumento Nacional- afirma Bielka Cantillo, directora del Centro Provincial de Patrimonio Cultural, que posee valores singulares, no solo por su simbolismo o importancia artística sino además por su relación con acontecimientos históricos capitales para la historia de Matanzas que se protagonizaron allí.

“A las estatuas les ponen botellas de ron, les echan refresco por la boca. Dejan restos de comida, paquetes de galletas. Hay que respetar, no se deben realizar actividades que aumenten la carga sobre el sitio, como ocurrió durante los carnavales con las piscinas inflables”, agrega.

Al respecto, Mayra Hernández de León, directora de la Oficina de Monumentos y Sitios Históricos, añade que cuando ocurrió ese último incidente, las autoridades de Patrimonio se dirigieron hasta el Gobierno Municipal, y su presidenta les dijo que al día siguiente las retirarían hacia El Tenis, “pero se quedaron en el mismo lugar hasta el final de las fiestas”.

Relata, asimismo, que aunque se reitera que no se puede hacer nada sin consultar antes con Patrimonio, en la práctica no sucede. “Solo Artes Escénicas pide nuestra autorización para sus espectáculos. La Ley No. 2 de Protección de Monumentos Nacionales y Locales, en su artículo 14, establece que solo nosotros podemos permitir iniciativas en tales espacios”.

Para instalar la wifi en la II Plaza de Armas de la urbe tampoco se consultó a dicha institución. Tanto Hernández León como Cantillo explican que consideran muy beneficioso ese servicio; sin embargo, propicia la concentración de personas, la proliferación de venta de fiambres y la agudización del maltrato a las esculturas.

Nada justifica el daño a un monumento, pero los usuarios de Internet deciden sentarse en su base por varios motivos: los bancos no dan abasto, la iluminación es mejor hacia el centro y solo allí se está salvo de las excretas de los pájaros. También para protegerse del inclemente sol.

Según Leonel Pérez Orozco, conservador de la ciudad, el Citma estudia una alternativa para sacar las aves del lugar, sin dañarlas. En próximas ediciones del Semanario se tratará en profundidad el tema; no obstante, permanece la alerta ante un fenómeno que conlleva deplorables condiciones higiénicas, peligros para la salud humana y mal olor insoportables, junto a la incomodidad para los usuarios.

“También preocupa el caso del Parque de la Catedral, la edificación experimenta un proceso de conservación a la vez que el área se deteriora. A la estatua de Milanés le hacen de todo, casi siempre funciona como un banco”, declara Hernández de León.

¿SOLUCIONES DEFINITIVAS?

La Oficina de Monumentos carece de cuerpo legal para hacer cumplir lo legislado  y a veces parece que se desgasta en una lucha donde prevalecen los oídos sordos. Se irrespeta la historia patria, se rompen las leyes y no hay multas ni llamados de atención, cuando incluso algunos actos califican como vandálicos.

Entre las recomendaciones de conservación preventiva del equipo que trabajo en las esculturas hace varios meses, estuvo limitar el acceso libre del público al monumento y conformar un diseño para el sistema limítrofe. Aún nada se ha hecho.

El conservador de la ciudad apunta que luego de varias discusiones se propuso al Gobierno demoler las escaleras y sembrar un cantero de plantas alrededor, “se retomaría la estructura original que se mantuvo hasta la década del 70, cuando se construyeron tales accesos. La propuesta debe pasar luego a Servicios Comunales. Creemos que a finales de diciembre o principios de enero se acometa”.

La primera opción -colocar una reja que rodeó a la estatua de Fernando VII emplazada en dicha plaza y luego en el Paseo de Martí- se desechó, pues algunos especialistas consideran infeliz la idea de cercar a La libertad.

Cuando la indisciplina ha alcanzado tal grado de impunidad y la poca civilidad se evidencia, se impone la pregunta:?podrá un  simple cantero evitar que el área siga siendo merendero, área de juegos infantiles o banco? Esperemos; si no, habrá que acudir a la reja como en tantas partes del país y del mundo. Lo que no puede continuar es el deterioro de un símbolo que ha sufrido mucho en los últimos años, para vergüenza de quien se sienta matancero.

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