Para la cultura, una dosis de ingeniería

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Le pregunto si alguna vez volverá a ejercer la ingeniería industrial. Demora para responder. Dice que ama esa profesión, pero no cree poder desligarse del trabajo cultural. Argumenta entonces cómo lo estudiado en la universidad le ha servido para desarrollarse en un ámbito tan complejo como apasionante.

Yasset Campos Marrero tiene 29 años y nació en Versalles; precisamente, las inquietudes como joven de una ciudad otrora conocida como La Atenas de Cuba determinaron su rumbo.

“Luego de graduarme en el 2011, comencé en el departamento de Recursos Humanos de la Escuela Profesional de Arte de Matanzas. Debido a mi interés por la Cultura, pasé a subdirector de actividades”.

Desde esa posición, trató de dar un enfoque comunitario a la proyección de los estudiantes. “Además de las graduaciones, exposiciones, eventos, intercambios con visitantes extranjeros y presentaciones artísticas, insertamos a los alumnos en iniciativas como Afroatenas, un proyecto cuyo grupo gestor integro.

“Participaron en la confección de murales para ambientar espacios, en la animación sociocultural. Potenciamos su inclusión en la conservación del centro histórico; de igual forma, la relación con diversas entidades, a cuyas actividades asistían con la premisa de darles a sus manifestaciones el lugar que merecen y no constituir un mero número cultural de relleno.

“En mi carrera son muchas las asignaturas relacionadas con lo organizacional, elemento indispensable en la labor de la Cultura. Hay componentes que no pueden fallar: hospedaje, alimentación, audio… Cuanto aprendí lo utilizo”.

Seguro de que el trabajador de la Cultura precisa crear y superarse, se empeña en culminar la Maestría en Desarrollo Social de la Universidad de La Habana, con una investigación acerca del impacto social del proyecto Afroatenas en el Callejón de las Tradiciones.

También lo inquieta el reto que supone formar parte del sector. “Debe predominar una mirada social de inclusión y respeto; trabajar desde lo ambiental y comunitario; entender la Cultura en su sentido más amplio; transformar los lugares; y, a la vez, resultar ejemplo como ser humano y de querer hacer, transmitir espiritualidad.

“En Matanzas quizás haya impedimentos en el ámbito administrativo, o no sean ideales las condiciones de trabajo y salario; sin embargo, existen muchos jóvenes que sienten amor por esta tarea. Lo fundamental es el deseo de que las cosas salgan mejor.

“La Cultura supone un actuar integral, no de entidades fragmentadas. Deben crearse proyectos que involucren a la gente, e impacten en sus vidas; así como lograr los recursos para realizar una divulgación efectiva. Tenemos que servir de puentes entre el hecho cultural y el pueblo”.

En la actualidad, Yasset asume la labor de técnico de promoción en la Casa del Joven Creador de la Asociación Hermanos Saíz, “pretendemos fortalecer el compromiso de los artistas jóvenes con la urbe; potenciar la buena música mediante el rescate de propuestas como la peña Francotrovadores; hacer trabajo comunitario. Continuar con los espacios de rock, con El Portazo, porque sí hay un público.

“Admiro y confío en la actual presidenta de la organización, la artista de la plástica Liliam Cedeño, y la secundo en la entrega y el compromiso social, que ya demostró como profesora y en su relación con propósitos como El almacén. El objetivo principal consiste en acompañar al creador en todos sus emprendimientos”.

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