De los recorridos

Nace Cub@enlalupa como un espacio en este blog para hablar de temas acuciantes de la sociedad cubana. Son las premisas el sentir revolucionario y la verdad. Como siempre, está abierto el debate.

Diciembre casi llega a sus últimos días, y nos damos cuenta de que el 2015 se nos escurrió entre las manos. Entonces, es tiempo de hacer balance, y luego proyectar: decidir cuáles serán las metas para el próximo año y qué lastres dejaremos detrás. Solo así se puede avanzar.

Los recorridos debieran estar en ese apartado de las prácticas desterradas. Diciembre resulta pródigo en un método que casi deviene forma de dirigir –y se reitera todo el año- pero resulta poco eficiente y provechoso.

A lo largo del país, dirigentes de diversas esferas se los trazan como estrategia para arribar a centros productivos, educacionales o de salud, constatar el estado de las cosas y compartir con los trabajadores.

En primer lugar, tal proceder en fechas de connotación festiva como el 24 o 31 de diciembre, aunque no sean feriadas, supone una movilización de recursos materiales y humanos tanto de quienes visitan, como de los visitados, sin resultados palpables. Si controlar y orientar es facultad y deber de los directivos y tienen todo el año, ¿qué objetivo persigue hacerlo en momentos de celebración?

En segundo lugar, y quizá sea lo esencial, vale preguntarse ¿cuánto de la realidad puede aprehenderse en un recorrido, que por su propia naturaleza es poco profundo y además, avisado? Lo que se verá allí, en cuanto a limpieza, organización o servicios, ¿será lo cotidiano, o en todo caso un “teatro”- como escuché decir a una colega- montado para terminar o empezar el año con resultados satisfactorios, y escapar del trago amargo?

“Guerra avisada, no mata soldado”, dice el refrán. Creo que el soldado de la ineficiencia nunca es asesinado por esas guerras a base de visitas relámpago y anunciadas.

Recuerdo siempre el regaño de una profesora en mis años universitarios; furiosa arremetió contra nosotros, los estudiantes; habíamos revelado a una visita “del nivel central” los problemas que enfrentábamos a diario, como la carencia de bibliografía actualizada. Su conclusión “magistral” fue que: “los tibores sucios no se sacan delante de las visitas” y “seguro que ustedes limpian y recogen sus casas antes de que venga alguien”.

Ella estaba asustada, sabía que trabajaba mal, y no quería que nadie se lo señalara. Lamentablemente, su filosofía permanece, como si pudiera compararse el funcionamiento de una institución, municipio o provincia, con la administración de un hogar.

¡Qué diferente serían las cosas, si el que dirige llegara sin anuncios previos! Imaginen cuántos malos procederes detectaría; y, aunque el centro analizado fuera modelo, se llevaría el mejor sabor, el de la autenticidad, y no el de carteles, documentos, vestimenta, horarios para la visita.

Más que frecuente son las frases: “hoy todo el mundo quieto en base que la visita va a pasar por aquí”; “hoy no puedo irme temprano porque viene la visita”, “eh, y ¿aquí qué pasa que todo está tan ordenado?, seguro viene visita”. “¿Está bueno el almuerzo”, hay visita”. Y qué decir de esa otra tristemente célebre: “todo el mundo a ponerse las pilas, que la semana próxima hay visita sorpresa”.

El contacto con las masas trabajadoras no puede reservarse a fechas señaladas; por el contrario, debe ser, además de cosa de todos los días, espontáneo. Por más que el dirigente quiera auscultar la verdad en un recorrido, prevalecerá una muestra del deber ser y no del ser.

Cierto, hay problemas que no se ocultan ni con el más esmerado maquillaje, pero a veces otros se quedan bajo el tapete, donde la suegra no ve; quizá porque ante el numeroso grupo que integra el recorrido, el obrero honesto y trabajador no se atreve a hablar claro de sus dificultades; y ve con pena cómo el resumen preparado al efecto por su jefe se separa de la realidad. No sobran los valientes dispuestos a levantar la mano y contradecir.

Entiéndase que no hablo de los normales encuentros de trabajo o los chequeos, evidentemente necesarios, si no de esos otros eventos que tienen más de ceremonia pautada y tradicional, que de ejercicio de control.

El recorrido ya resulta tradición; tal vez sus protagonistas ni siquiera se hayan detenido a valorar cuánto aporta o no al avance de su gestión. Que se haya hecho siempre no significa que esté bien, y lo más triste es que los medios de prensa le seguimos dando cobertura; y los periodistas con sentido del deber nos devanamos los sesos para sacar una información más allá del recorrido, que no es, en sí mismo, noticiable.

Es revolucionario cambiar las formas de hacer, sobre todo si las imperantes poco aportan. Vale repensar el recorrido y valorar su pertinencia cuando se pide más proactividad, ahorro y dinamismo en los procesos.

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4 comentarios en “De los recorridos

  1. Excelente tu escrito, pero de seguro los Decidores del recorrido no lo leen como casi siempre pasa.Un texto muy atinado y valiente. Ojala que se haga eco para “Cambiar lo que debe ser cambiado”, por desgracia hacemos vitalicio lo que ya en estos tiempos no tiene sentido, es mejor congratular a los centros que lo merecen y ya , no es necesario tanto despliegue de recursos, si de todos modos“ todo está bien“.

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