Desdichas de una biblioteca (Parte I)

Reparaciones extendidas en el tiempo y mal hechas; pérdida, deterioro y descarte indiscriminado de ejemplares; así como problemas constructivos y de recursos materiales y humanos signan a la biblioteca Gener y del Monte, otra de las instituciones que los matanceros desean ver con el esplendor de antaño.

Que la sala general -una de las de más prestaciones- permanezca cerrada provoca la insatisfacción de los usuarios y de los trabajadores.
Que la sala general -una de las de más prestaciones- permanezca cerrada provoca la insatisfacción de los usuarios y de los trabajadores.

Son las bibliotecas lugares tranquilos, templos donde se va a encontrar la sabiduría, a sumergirse en el pasado. Mas, aunque el silencio las define y enaltece, no hay nada más triste que una biblioteca vacía, sin libros ni lectores.

Esa es la realidad que afronta hoy parte de la Biblioteca Gener y del Monte, pues el edificio del antiguo Casino Español (1901) ubicado en Contreras No.72, esquina Santa Teresa, de la ciudad de Matanzas, no ha vuelto a brindar servicios a plenitud luego de que se le comenzaran a realizar reparaciones en la primera década del siglo XXI, y hoy permanece cerrado a totalidad.

Pareciera que las fluctuaciones forman parte de su destino por estos lares. En el siglo XIX la Diputación Patriótica de Matanzas propuso su creación, pero la falta de un local apropiado frenó la iniciativa, que más adelante sería encauzada gracias a los esfuerzos de dicha entidad y de los patriotas Tomás Gener y Domingo del Monte.

El 8 de febrero de 1835 se emplazó la segunda de las tres bibliotecas públicas del periodo colonial cubano, sujeta a disímiles cierres y traslados. Luego del triunfo revolucionario se le fusionó la Ramón Guiteras, que había sido fundada en 1955.

Así se incorporó a la Red Nacional de Bibliotecas Públicas y devino biblioteca provincial. En 1963 se situó en el Casino, construcción de las más grandes y valiosas del centro histórico.

DE REPARACIONES…

En abril de 2001 el semanario Girón publicó el reportaje Salvar la sabiduría, del periodista Fernando López Duarte; en toda una página se denunciaba el estado del inmueble: grietas en las columnas, piso levantado, estantes arqueados y con comején, goteras, poca circulación de aire e iluminación, entre otros.

De igual forma, se referenciaba que a finales del año 99 e inicios del 2000 se le había realizado un mantenimiento por su aniversario 165 que incluyó trabajos de albañilería, plomería y carpintería, estos dos últimos incompletos. Asimismo, se comentaba la donación de un laboratorio de microfilmación por la Biblioteca Nacional.

En septiembre del año siguiente, el reportero volvió sobre el tema, y entonces reseñó la labor de impermeabilización de la cubierta, que ya se acometía.

Hacia 2011, en medios digitales matanceros aparece la culminación de la reparación de la planta alta – se plantea que había iniciado en 2009- que además del techo suponía reparación de paredes, cambio de carpintería y falso techo con luminarias.

Mario J. Valdés Navia, director de la biblioteca desde 2013, precisa que desde 2007 se comenzó a reparar y no a restaurar, como debió ser en correspondencia con los valores patrimoniales del inmueble.

“Las labores en la cubierta no tuvieron calidad, la manta impermeabilizante se puso mal. A ello se suma que el edificio se estuvo hundiendo desde el 2006 hasta el 2012 por movimientos en el subsuelo. La estructura general no sufrió daños, no obstante sí se produjeron roturas en el suelo, y afectaron algunas columnas y paredes. Además, debe tenerse en cuenta la carga estática sobre un edificio no concebido para esos fines”. Ante la evidencia del hundimiento prevaleció la desesperación y se comenzó a mover la Hemeroteca y Fondos Raros y Valiosos (FRyV) que se ubicaban en la planta alta.

Las diferentes fechas en las que las fuentes establecen obras en el lugar, prueban lo fragmentada de las mismas y su poca efectividad. En todo ese periodo, que abarca cerca de diez años, sucedieron hechos lamentables.

JUNTO AL HUNDIMIENTO, EL CAOS

“Un día llegaron y nos dijeron: a quitar todo que mañana llegan los andamios. Se empezaron a recoger los textos como se podía y a bajarlos. Yo trabajaba con el periódico La Aurora y me indicaron hacerlo en mi casa. Una mañana vine a buscar más fichas, solo había un miembro del personal; los constructores y quienes venían a visitarlos entraban y salían.

 

El departamento de Fondos Raros y Valiosos es uno de los que más ha sufrido los avatares de la institución. Actualmente experimenta un proceso paulatino de restablecimiento de servicios.
El departamento de Fondos Raros y Valiosos es uno de los que más ha sufrido los avatares de la institución. Actualmente experimenta un proceso paulatino de restablecimiento de servicios.

“De pronto, observo las mesas, sobre ellas permanecían bultos tapados con nailon negro. Los destapo y allí estaban los libros de FRyV, al alcance de cualquiera. Eran fondos muy amplios y ricos, podía haber coleccionistas interesados. Casi me da un ataque, me dijeron que no había dónde ponerlos”, así rememora lo sucedido en aquella etapa Caridad Contreras LLorca, licenciada en Historia del Arte y en Información Científico Técnica y Bibliotecología, quien labora en la Gener y Del Monte hace 41 años.

Luego se trasladó La Aurora hacia la Guiteras y se almacenó en el Departamento de Arte. El resto de los volúmenes se concentró en un pequeño cuarto de la planta baja donde antes se encontraba dicha publicación. Según reseña Contreras Llorca, no se colocaron en estantes y era un espacio muy húmedo. “Nos quitaron las llaves a las que trabajábamos directamente con ese patrimonio, solo las tenía el personal administrativo porque allí también se guardaban los instrumentos de limpieza. No se encendía el deshumidificador y el acondicionador de aire con la frecuencia necesaria. Como resultado, se deterioraron ejemplares.

“Ahora que FRyV se mudó para la parte superior de las Guiteras, percibo cuánto se perdió. Aunque no se tendrá la certeza hasta que finalicemos el inventario, lo noto a simple vista por la cantidad”, afirma con pesar.

“El desmonte de una biblioteca no puede ser a lo loco, sino en cajas debidamente numeradas. No puedo decir: esto se lo robaron aquí o allá, no lo vi, sin embargo estoy segura de que hubo mermas”.

La imperdonable negligencia y las desacertadas decisiones construyeron un panorama desolador para la biblioteca, que ha perdido alrededor de 65 000 libros. Sobre las publicaciones periódicas que terminaron en materias primas, la contaminación por las excretas de ave y los esfuerzos actuales de la institución por alzarse sobre su turbulento pasado, volverá este blog la próxima semana.

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