Teatro Principal: De olvidos y resistencia

Sin temer al tiempo y su poder destructivo, la fachada del Teatro Principal permanece en pie, estoica y digna. Desde el anonimato, en la calle de Manzano entre Ayuntamiento y Jovellanos, parece como si detrás de sus muros hubiese una puerta al pasado. Se resiste a morir, aunque han transcurrido más de 150 años desde que cerrara.

Cuentan quienes tuvieron la dicha de volver a él en este siglo, que unas golondrinas se quedaban en un cable, muy quietas, mirando los ensayos; y a ellos se les antojaba que el alma de Milanés estaba cerca. Sentían la espiritualidad de un edificio vivo, donde las obras del romántico bardo –El Conde Alarcos entre ellas- se hicieron realidad.

TIEMPO QUE FUNDA Y OLVIDA

Han sido pocos pero fervientes los apasionados por su historia. El investigador y etnólogo Israel Moliner Castañeda publicó el libro  Teatro Principal de Matanzas, que vio la luz en la primera década de este siglo, en medio del empeño por sacar al edificio del abandono.

El conservador de la ciudad la califica como una de las principales edificaciones patrimoniales de Matanzas.

La historiadora Mireya Cabrera Galán comparte el amor por El Principal. “A diferencia de lo sucedido con los anteriores escenarios de la urbe, no era improvisado, se construyó para ser un teatro y fue el primero de importancia aquí, además de trascendente en el país. Ello a pesar de su factura modesta –no se define aún quién fungió como arquitecto-, las dimensiones pequeñas y los problemas de ventilación, sobre todo en el palco principal, donde se ubicaban las autoridades. La fecha exacta está por precisar, pero todo apunta a que abrió en 1830”.

Refiere la investigadora que actuaron allí la Compañía de Ópera Italiana de La Habana con Concepción Cirártegui, primera cantante profesional de ese género en la Isla. En 1848 la matancera Úrsula Deville protagonizó Norma de Bellini.

También destacan los nombres del violinista José White, el pianista norteamericano Luis Moreau Gottschalk, Francisco Covarrubias (reconocido como el fundador del teatro cubano) y la  bailarina clásica austríaca Fanny Elssler, cuya presentación se considera uno de los grandes sucesos culturales de la etapa.

Por más de 30 años brilló, pero resultaba muy angosto y no se correspondía con las apetencias de la segunda plaza mercantil y artística de Cuba. Con el surgimiento del Esteban (Sauto) se apagó paulatinamente y fue logia, lavandería, garaje, vivienda, almacén, comedor obrero…

RESCATAR ES VENERAR

Miriam Muñoz, actriz y directora de Teatro Icarón, sufrió la veneración por El Principal. En 1997 comenzó la labor comunitaria en La Marina, que incluía el trabajo con niños y padres, y el rescate del teatro. Entonces sufrió el rechazo de algunos vecinos que no entendían. Poco a poco, y con el apoyo de la delegada, la comunidad se entusiasmó. No sucedió así con los trabajadores de un comedor perteneciente a Comercio que radicaba en los bajos.

Fueron muchos los conflictos, pero con el apoyo del Poder Popular, que le entregó el espacio, logró resarcir parte de las deficiencias estructurales y, junto a su naciente proyecto Alas de teatro, dar funciones de martes a domingo. “Fue vital Rolando Estévez. A las tertulias mensuales asistieron Antón Arrufat, Nancy Morejón, Enrique Pineda Barnet… Después de cien años volvían a encenderse las luces”.

Aún se conmueve cuando recuerda el dictamen de peligro de derrumbe de un lugar que consideraba su casa. “Se logró un trabajo de apuntalamiento increíble y seguimos. Hasta que un día en la planta baja afectaron una columna principal mientras hacían un arreglo y me avisaron que una pared había colapsado. Yo no quería irme, mis actores tampoco, pero ante el peligro y la inercia tuvimos que despedirnos en el 2006, y lo hicimos con un performance, vestidos de luto”.

El dramaturgo y director de la Casa de la Memoria Escénica, Ulises Rodríguez Febles rememora ese empeño, “contribuyó a que el pueblo matancero volviera la mirada hacia uno de sus escenarios más significativos. Se gestó un espacio pedagógico y creativo, un movimiento teatral. Ver una obra propia representada allí te conectaba a nivel simbólico con la historia, con Milanés”.

LUCES…

La restauración del Teatro Principal se concibe desde el Consejo de las Artes Escénicas y la Oficina del Conservador. Aunque solo quedan cuatro paredes y la fachada, planifican mantener esta última y hacia el interior edificar un espacio dedicado a la danza.

“Se prevé que sea sede de un proyecto danzario y también del naciente conjunto lírico. Ahora se gestiona el financiamiento con colaboración extranjera. Apoyamos el proyecto, hablamos de él en todas partes. Es uno de los pocos teatros nombrados Principal que se mantiene en pie en el país”.

Muchos se preguntan en virtud de qué artificio resiste este sitio todos los olvidos de sus 186 años de existencia. Quizás presiente que no muy tarde vivirá tiempos mejores, en los que no solo una pequeña placa rinda tributo a lo que fue.

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