Un cuento para el Onelio

DSCF3219Este cuento comienza con una niña.

Una niña con espejuelos y cerquillo sobre los ojos.

Una niña que fue de los textos con ilustraciones a las novelas de aventuras, y de ahí a la literatura rusa, y ya no tuvo fin eso de encontrarse en los libros.

No es tan difícil pasar de las historias ajenas a querer escribir las propias. La niña inventó cuentos (muy malos por cierto) y un día se sorprendió ante el televisor absorta por escritores de “verdad” que cursaban algo llamado Curso de Técnicas Narrativas del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. Deseó ser como ellos y estudiar así, en serio, la literatura, pero ella era solo una niña y sus cuentos muy malos.

Es injusto, las niñas crecen y esta también. La escuela se hizo más compleja y tuvo que escoger una profesión. Se hizo periodista porque quería cambiar el mundo y escribir. Así empezaron a hacerse adultos los poemas y los cuentos.

De la literatura no se escapa.

Un día encontró la convocatoria del Onelio en el periódico. Epifanía.

Arrastró a otro aprendiz de escritor -uno que amaba, por cierto- a la aventura y dejaron sus cuentos en un sobre para que decidieran si aquello valía la pena.

DSCF3225Y la valieron. De tarde, Ivonne Galeano (coordinadora del curso) le dijo por teléfono a aquella niña a la que un día le pronosticaron que se enfermaría de tanto leer, que estaba aprobada, y su compañero de andanzas quijotescas tuvo la misma suerte.

DSCF3195Al Onelio se va a soñar o no se va. Raúl Aguiar, Sergio Cevedo y Eduardo Heras León se encargan de que nadie baje los brazos, de que todos se crean lo de escritores y entiendan que sin trabajo no es posible parir ni un cuento, ni nada.

En el Onelio yo, la niña, hice amigos tremendos, que me conmovieron. Lloré de emoción y aprendí que la historia cobra sentido en los labios de quienes la sufrieron.

Me convencí de que la desorganización no es consustancial a la idiosincrasia cubana, eso sí es cuento; que todavía quedan sitios donde se cumplen horarios, actividades y se respeta el tiempo ajeno.

Se me sembraron, creo que para siempre, unas ganas tremendas de escribir, de no ser mediocre, de no perder el tiempo en cosas insulsas.

DSCF3192 DSCF1886El Centro Onelio ha sido y es para muchos el lugar de todas las quimeras. Para la niña y su esposo, también.

Aún se me estrecha la garganta cuando narro esto, aún no me lo creo.

Kafka, Cortázar, Hemingway, Yourcenar, Carpentier, Saramago se me sientan al lado, me sonríen, tal vez con condescendencia, tal vez con simpatía y yo le debo al Onelio acercarme tantos fantasmas y todas las locuras necesarias para manejar la palabra.

Si no logro hacerme escritora, aún así le agradeceré por siempre abrirme tantos mundos paralelos, todas las ganas de ser, y la humildad.

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