Ciudad de alas y versos infinitos

“La luz con que apareces me da cita.

No cambié tu paisaje por miserias.

Acógeme como a otra estalactita

que vive de agua tuya en las arterias”.

Carilda Oliver Labra

Aquí las noches se visten de silencio. Ciudad dormida, dicen, pero Matanzas no hace mutis sino una vida callada, nostálgica como su espíritu, casi la murmura al compás del San Juan.

Tras los muros con olor a tiempo, un poeta escribe y recuerda a Milanés, su genial locura, la pequeña estatua que en el parque de La Catedral consuela a los tristes. El fotógrafo sueña con apresar la esencia de un amanecer sobre la bahía.

Una mujer quiere ser la india dormida, tan perfecta, serena. Los niños creen ver al perro fantasma y se ufanan de la momia que no da miedo. Pocos resisten la tentación de entregarle cada día a la urbe, como ofrenda, un poco de creación: la mayoría le brinda su trabajo, casi todos el airado reclamo de que se le respete y ensalce.

Para amar con la devoción más sincera están el Principal, El Sauto, la sala White, la Estación de Sabanilla, los edificios de Sagebien, la Gener y del Monte,  la Botica Francesa, los puentes… y el Yumurí, las cuevas de Bellamar, la indócil Loma del Pan

Bastan para enorgullecerse el danzón, los coros, el libro-arte, la rumba, el títere… y toda la historia contada por las calles de una ciudad única por moderna, neoclásica, perfectamente trazada, por hermosa.

La Atenas de Cuba la llamaron una vez, y aún lo es, aunque nos resintamos de lo inconcluso, la desidia, el poco empeño; a fuerza de coraje el arte vive, se expande y lleva con dignidad a cualquier sitio del mundo nuestro nombre sangriento y altivo.

Falta conservarla para que esté a la altura de su estirpe. Sin embargo, no corramos el riesgo de desdeñarla, darle la espalda o abandonarla por sus grietas: sin el esfuerzo de sus hijos jamás podrá sacudirse el efecto demoledor del tiempo.

323 años y una ciudad ante la cual no germina la indiferencia. Las alas de aquel 1693 fundacional perduran, jamás faltará quien le escriba versos para salvarla del olvido o la impiedad. Matanzas permanece infinita, regia, de brazos abiertos.

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