El rostro

20071007elpdmgrep_2El rostro en la camiseta. La misma ropa todo el día. El sudor moja la tela. Ella quiere abandonarlo todo. Decir basta. Escapar. Recuerda el rostro en la camiseta y se dice: un poco más.

Él lleva el rostro tatuado en el hombro. De adolescente esa era toda la distancia. Hace falta más que símbolos para parir la vida, sabe ahora.  El rostro ha entrado muy hondo en la piel. No se borra. Le acompaña.

Ellos llegaron de la marcha, ateridos de miedo y humedad. Se meten a la cama y hacen el amor frenéticamente, como si el fin fuera mañana. Desde la pared una bandera con el rostro los mira. Cuando amanezca volverán a gritar. Por él.

Pero eso no ha pasado aún.  Hoy el rostro es un hombre. Solo. Herido. Con olor a guerrilla. Un hombre que va a morir, lo sabe y no llora, porque la idea siempre sobrevive.

Un hombre que no imagina sus ojos en camisetas, pieles, banderas. Solo aguarda la bala y confía.

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