Diez años después: un viaje a la semilla*

29542316_945557082275360_7279481199386253815_nMe lo dijeron y no lo creí. Tuve que sacar la cuenta con los dedos para convencerme.  Me quedé pensativa medio minuto y después fui a hacer otra cosa. Los periodistas siempre tenemos cosas que hacer, quizá por eso no percibimos el paso del tiempo y se nos va la vida apasionadamente entre el reportaje de ayer y la crónica de mañana.

Recordé el dato varias veces en los días siguientes y seguí sin entender cómo se me habían ido tan fugaces diez años intentando convertirme en periodista.

Después, otra mañana, encontré una revista vieja editada por la Upec: dentro, un trabajo sobre la apertura de la carrera de Periodismo en la Universidad de Matanzas. Lo firmaba la profe Arianna, lo acompañaba una foto de jóvenes flacos e inocentes en un parque de hormigas temerarias y microclima permanente.

Entonces, sí tuve que ceder a la memoria, que es empecinada, y acordarme. Las clases empezaron después de lo previsto, porque un huracán había amenazado, y quizá debimos sospechar que ese nacimiento «entre ciclones» sería un anuncio de lo que vendría.

Porque, hay que decirlo, romper el hielo tiene sus ventajas y desventajas, y nosotros no escapamos a ninguna de ellas. Así tuvimos fama de «protestones», de «creernos cosas», y no faltó quien nos conminara a esconder, de las visitas, el tibor, porque no había grupo en la universidad que armara más campañas en pro de la bibliografía, sea cual fuera el visitante.

Nuestras causas fueron numerosas, y creo que todas justas, y desde la primera clase hasta aquella gloriosa prueba de Taquigrafía (más temida que la discusión de la tesis) fuimos, a pesar de nuestras muchas diferencias, un grupo sui géneris, capaz de emocionarse con la mayéutica socrática y que adoptó todas las iniciaciones con un ansia total de saber.

Diez años después, con más canas, trabajo, hijos; en los medios, fuera de ellos; en Cuba, fuera de ella; me parece que todos tenemos historias hermosas para contar de cómo estudiar Periodismo nos hizo crecer, y amar, y volver a empezar siempre.

Lo más sublime es que aquel grupo de 18, que por el camino adoptó a una santiaguera, no fue el único y han venido otros, pequeños de número pero igual de enamorados y de originales.

Hace una década Matanzas necesitaba una carrera de Periodismo. Hoy la sigue necesitando y en el futuro también lo hará, para formar profesionales que muevan los letargos, sueñen los caminos, que conecten a la gente con su realidad de todos los días; para formar buenas personas, que es quizá lo más importante.

Habrá que agradecer siempre a los periodistas matanceros que, pese a todo, se han reinventado como profesores, solo porque aman tanto lo que hacen que no pueden dejar de creer que sus alumnos lo harán mejor.

Los medios matanceros no se han transformado todo lo que pudieran con las ganas y las inteligencias salidas de estas aulas, pero sería injusto decir que no se ha hecho sentir el empuje del conocimiento nuevo, de la entrega por la verdad siempre revolucionaria de que hablara Julio García Luis.

Diez años no son poca cosa, pero aún es pronto para dejarse ganar por las nostalgias, aunque a veces asalten deseos de probar otra vez los churros socatos de la cafetería, sentarse a conversar en el parque de las hormigas, y preocuparse solo por el seminario de mañana y por cómo se escribe desoxirribonucleico en Taquigrafía.

Aún es tiempo de mirar hacia los horizontes, los probables y los deseables y de fundar obras buenas; y dentro de 10 años, o 20, ya sabremos que fue de esos locos que un día decidieron consagrarse a un oficio exigente, de mucho trabajo, poco dinero y aventuras siempre nuevas.

 

*Estas palabras las escribí para el I Encuentro entre Estudiantes y Egresados de la carrera de Periodismo en la Universidad de Matanzas

 

 

 

 

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3 comentarios en “Diez años después: un viaje a la semilla*

  1. Yei, tú como nadie sabe sintetizar los sentimientos de otros; quizás porque tu madurez siempre nos ha guiado a todos de cierta forma. Gracias por regalarnos tanta poesía, por traer de vuelta esos tiempos tan especiales, por calcar con tanta perfección las nostalgias que hoy nos unen como nunca antes. Simplemente, muchas gracias…

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    • Di muchas vueltas antes de escribir esto después que Yirmara me lo pidiera, porque quería hacerle justicia a lo que fuimos y somos, lo intenté. Gracias a ustedes por ser tan especialmente grandes. Estoy orgullosa de mi grupo.

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