Abrazarnos como los erizos

20180624_120043Un hogar no lo hacen solo las paredes, el pan y el abrigo; también el amor y, para mí, esencialmente los libros. Entre la lista infinita de suertes que debo agradecerles a mis padres, está el hecho de criarme en una casa donde siempre sobraron las páginas que descubrir.

Fui una lectora precoz y desorganizada, sin más método que agarrar todos los textos a mi alcance ­–creo que más de una vez debieron esconderme alguno inapropiado para mi edad–; pero gracias a esa prematura bibliofagia, aún sin haber cumplido los 12 años conocí a Belén Gopegui.

Fue la edición cubana de Lo Real (2001) la que me presentó a la abogada española devenida escritora. Devoré aquel libro sin entender algunas de sus intenciones, de sus trasfondos, pero seducida por la magia de la palabra y de la anécdota; y quise, como el personaje protagónico, ser periodista: tener ficheros, investigar, mirar la realidad con más ópticas que las evidentes.

He releído la novela muchas veces y en cada ocasión he advertido más de las preocupaciones sociales y existenciales de Belén (Madrid, 1963). A ella le debo, en parte, haberme hecho finalmente periodista y también entender que el talento para narrar siempre es algo mágico, pero si se acompaña de compromiso
con la humanidad, se convierte en un poder alto y puro.

No hay libro suyo que se edite en Cuba que yo no persiga con ahínco; el último de ellos fue El comité de la noche (Colección Ficciones, Editorial Oriente, 2016), una historia que habla de la soledad de estos tiempos, donde las vidas se valoran en dinero y no en sueños; de los amores, los carnales y los platónicos; y también de la posibilidad de unirse en un presente atomizado que mucho conviene a los que tienen el poder.

Gopegui sigue apelando a personajes hermosamente misteriosos y cansados, como el escritor que afronta la crisis escribiendo por encargo las memorias de gente común. Basa todo su entramado de acción y filosofía a partir de una cita estampada antes de la primera página: «Una multinacional farmacéutica plantea pagar 70 euros semanales a los parados que donen sangre» (Europa Press, Madrid 17/04/2012).

Ahora, cuando los militantes clandestinos masacrados por las dictaduras son presentados como héroes románticos, obviando adrede sus ideales políticos, y buena parte de sus torturadores vive una vejez tranquila, El comité… expone la fe de que cuando la gente, como Álex y Carla, alza su voz y establece lazos, aún puede hacerles frente y derrocar a los dictadores de hoy, que todo lo miden en costo y beneficio.

«… la marcha de quienes no se apartan al ver llegar las hordas, de la mayoría no sabemos sus nombres pero su paso suena como la lluvia y seguirá sonando cuando nos hayamos ido», es en la que cree Belén y en la que nos conmina a creer.

Porque a los seres humanos se nos quiere convencer de que consumir es el único camino para atar la felicidad a nuestra espalda, y que el «otro» es el enemigo porque nos puede quitar el trabajo, la oportunidad, la vida… esta novela invita a la inconformidad, a abrazarse aunque duela:

«Cuentan, es sabido, que en los días gélidos los erizos sienten la necesidad de juntarse para darse calor y no morirse. Cuando se aproximan mucho, las púas de los otros erizos les causan dolor. Sin embargo, alejarse comporta un frío insoportable.

«A diferencia de los erizos, nos acercamos no solo a otros erizos sino a la causa de estos días helados. El peligro y la moderación nos mantienen a una distancia adecuada para subsistir. Pero, a veces, nos seguimos acercando».

(Publicado originalmente en Granma)

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Un comentario en “Abrazarnos como los erizos

  1. Debe estar produciéndose mucho en el mundo actual esa situación a la que alude el título – una bonita metáfora -. No lo sé en términos reales, pero es lo esperado en las circunstancias que se viven; de todos modos uno no puede dejar de pensar en las dificultades relacionadas a la hermandad propuesta. El ser humano parece tan complejo, imperfecto, contradictorio.

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