Punto. Video clip de Rey Montalvo

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Centro Coral: El viacrucis de una casa

El deterioro constructivo de la institución no solo la ha sumido en un virtual anonimato, sino también lesionado una parte esencial del patrimonio intangible en Matanzas

“Las condiciones deplorables atentan contra la preparación. La voz sufre”, afirma Líber Lora.
“Las condiciones deplorables atentan contra la preparación. La voz sufre”, afirma Líber Lora.

Muchos jóvenes, y algunos no tanto, desconocen que en la calle de Medio -frente a la tienda La Reina y a la izquierda de la miniplanta de helado- se encuentra el Centro Coral. Hace ya varios años que los niños y adolescentes no acuden allí a aprender del canto, ni los amantes de la música asisten a algún memorable concierto.

Difícil se torna imaginar que tras esa puerta ensaya el prestigioso Coro de Cámara de Matanzas (CCM), negado a abandonar su sede en las aguas de la desidia; porque como bien cuenta su director, el maestro José Antonio Méndez Valencia, “todo empezó con un pequeño hueco que se fue haciendo grande”.

Y LA ABERTURA CRECIÓ          

En 2008, el Coro partió a Venezuela como parte de la Misión Cultura. Durante su estancia, dos ciclones azotaron la Isla. El último levantó por una esquina la manta que recubría el techo y dejó un resquicio por el que penetraba la lluvia.

“Mi esposa me contó por teléfono lo que pasaba, y yo se lo comuniqué a la entonces directora provincial de Cultura; quien contestó que para cuando regresáramos estaría resuelto. Nunca se arregló”, relata Méndez. Así inició lo que él califica como un viacrucis, porque la abertura creció y los estragos de la humedad sobre paredes, carpintería, vitrales y muebles, también.

El techo de la parte posterior de la casa aún no se ha cambiado y las filtraciones afectan la estructura.
El techo de la parte posterior de la casa aún no se ha cambiado y las filtraciones afectan la estructura.

Alrededor del 2010, una brigada de la Empresa Provincial de Mantenimiento y Construcción del Poder Popular intervino en el edificio. “No llegaron a feliz término, decían que el Centro de la Música no pagaba.

“En 2015, cuando se dedicó el Festival Cubadisco a la música coral, hablé con Orlando Vistel, presidente del Instituto Cubano de la Música, entonces se destinó dinero a la reparación y contratamos a una brigada de cuentapropistas”. Luego de problemas con la moneda de pago, lograron que se cambiara la cubierta de la parte delantera de la casa.

En la actualidad, aguardan por capital para culminar las labores; una espera matizada por encuentros con la Uneac, representantes gubernamentales, y promesas de chequeos al avance de la obra que nunca tienen lugar.

LA CASA DE LOS COROS

En la edificación radicó el Conservatorio de Música Señoritas Cóndor Ruiz de La Torre, cuya familia la donó al gobierno, y este, a su vez, se la otorgó a la Dirección de Aficionados de Cultura en la segunda mitad de la década de los 80, con el fin de establecer el Centro Coral para Niños.

El objetivo no era convertir a los infantes en músicos sino que pudieran cantar. “Venían dos veces a la semana, llegaron a ser alrededor de 300. Así se consolidó un movimiento del que surgieron el Encuentro Provincial de Coros, el Seminario Nacional para Instructores de Arte, discos, documentales; y la misma experiencia de enseñanza se extendió a las municipios. Como para entonces yo dirigía el Coro Profesional, también vino para aquí”, relata Méndez.

De tal forma, aquella comenzó a conocerse como la casa de los coros. Allí tuvieron su espacio las cantorías infantiles, coros aficionados de centros de estudio e, incluso, la Cátedra de Canto y Dirección Coral de la Escuela de Nivel Medio de Música.

Líber Lora Carballo, quien se inició en el Coro del Pedagógico y hoy integra el CCM, recuerda lo hermoso y confortable de la institución. “Había una sala de conciertos bien conformada, y presentaciones todas las semanas”.

Tal labor menguó debido al detrimento del inmueble. “No podemos traer a ningún niño porque cualquier perjuicio sería responsabilidad nuestra. Las cantorías buscaron espacios alternativos y la mayoría ha desaparecido”, afirma Reynaldo Montalvo Carreras, integrante de la agrupación coral.

foto-3No obstante, aunque en determinados momentos ensayó en locales ajenos, el Coro se mantiene en el lugar y ha trabajado bajo el influjo de la lluvia, el viento y la pobre iluminación, dispuesto a defender su sede.

Montalvo comenta que en tales condiciones tragan polvo y su colega José Miguel Alfonso Campos habla del calor, el peligro y de cómo las paredes vibran con el sonido. Aunque reafirman la incidencia negativa sobre el rendimiento y la motivación, coinciden en que ello no les ha impedido participar en eventos e intercambiar con otros coros.

Diosdado González Granda, uno de los miembros de mayor experiencia, opina que ahora resulta muy difícil encontrar un cantor. Y en realidad, la falta de un relevo que se forme desde la infancia se halla entre los saldos negativos. “La sala White no funcionó por muchos años, el Teatro Sauto continúa cerrado, no teníamos donde presentarnos y el público se perdió”, añade José Miguel.

La música coral constituye una faceta del patrimonio intangible de la provincia; y varias generaciones de matanceros solo han disfrutado de un escaso contacto con ella. Este Centro no merece el destino de las reparaciones indefinidas. Ojalá su esplendor y vitalidad regresen pronto.

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Réquiem por nuestro parque

0Cuando ante mis ojos se producen violaciones insólitas sobre los que debieran ser espacios de veneración siento vergüenza e impotencia. El panorama se torna más desalentador si a la impunidad de los infractores se suma la repetición de los hechos.

Por eso, atravesar el Parque de La Libertad, plaza significativa dentro de un centro histórico Monumento Nacional, no me deja la plácida sensación que debiera; sino, casi siempre, una mezcla de enojo y tristeza. Mucho se ha escrito en Girón y otros medios de prensa sobre su maltrato; sin embargo, parece que los oídos sordos predominan. La más reciente edición de los festejos populares lo confirma.

5Quien participó del Carnaval Infantil puede atestiguar cómo a veces las buenas intenciones terminan por lesionar el patrimonio. Es vital que los niños se diviertan junto a su familia, pero debe pensarse dónde.

Ese día, cientos de personas se situaron sobre el parque añadiéndole una gran carga adicional. Asimismo, invadieron el césped y lo pisotearon indiscriminadamente. Ni siquiera se salvó el conjunto escultórico (beneficiado en 2014 por una costosa restauración); muchos tomaron asiento sobre su base, donde consumieron alimentos y dejaron a sus hijos corretear o subirse sobre la estatua de La Libertad. Otros, para ver mejor las carrozas,se pararon en los bancos. También se frió pollo muy cerca de las fachadas colindantes, exponiéndolas al hollín. Ninguna de las autoridades allí reunidas hizo algo por detener esas conductas, como si lesionar monumentos no fuese un atentado contra el orden público.

31Durante el carnaval anterior, los especialistas de Patrimonio protestaron por la colocación en el sitio de una piscina inflable y, aunque les prometieron que la retirarían enseguida, no solo permaneció hasta el final de las festividades, sino que regresó este año. Vale aclarar que, según las leyes vigentes, solo dichos expertos pueden permitir la realización de actividades allí y muy pocas veces se pide su autorización.

2Si las fiestas populares fueran la excepción, una podría pensar que la solución estribaría en corregir el tiro la próxima vez; pero esta es solo una expresión superlativa de lo que el parque experimenta cada día.

Solo tiene usted que pasar de noche y ver el conjunto escultórico convertido en banco gigante. Seguro que en 1909 el escultor Salvatore Buemi no imaginó que su obra podría tener tal uso.

4La demolición de los accesos – que no estaban en el diseño original- y la delimitación con plantas ornamentales aún no han sucedido; aunque dudo que logren su fin ante el desafuero de la indisciplina social. Sé bien de los criterios opuestos a demarcar mediante una reja un conjunto que honra a Martí y al concepto de libertad. Sin embargo, yo lo prefiero si la opción radica en que el irrespeto se perpetúe.

Alguien afirmará que no queda otro punto dónde situarse porque en horario nocturno los pájaros defecan sobre la mayoría de los asientos. Y, aunque nada los justifica, es cierto que la invasión de las aves en el área resulta un problema irresuelto que apareja condiciones antihigiénicas y olor desagradable.

Por otro lado, ojalá el acceso a Internet vía Wifi se extienda más allá de zonas puntuales, porque nuestra segunda plaza de Armas no está concebida para ese fin; y mucho menos para cobijar a los pequeños puntos de venta nocturnos que se sitúan en ella en las noches, y proporcionan bebidas y confituras a los usuarios.

image001Mal estaríamos si olvidáramos la debida devoción a la figura del Apóstol, peor incluso si nos viésemos imposibilitados de distinguir entre un lugar de carácter patriótico y otro de fiesta; o no tuviéramos la fuerza para decirle a la Televisión Nacional que no puede situar sus equipos de transmisión sobre uno de nuestros más importantes monumentos. Alternativas siempre existen, y ¿cómo hablarles a los ciudadanos de respeto si desde las iniciativas estatales se vulnera lo dispuesto?

Según lo ideado por el plan Matanzas 325, el parque de La Libertad marcará el centro gubernamental de nuestra urbe, pero no puede esperarse a 2018 para resolver la alarmante situación. Las soluciones tienen que llegar pronto. Mucho dice de nosotros lo que hacemos o no en pos de aquellos pequeños espacios por donde comienza el amor a la Patria.

La curandera de Macagua

La curandera de macaguaNunca antes había puesto los pies en casa de una curandera. Crecí en un barrio demasiado urbano o quizá carente de historias de otros tiempos para que esa parte raigal de la cultura cubana entrara en mi imaginario.

Pero una periodista neófita siempre anda a la caza de gente singular, interesante, y el olfato reporteril se activó cuando de paso por Los Arabos me contaron de aquella anciana que en Macagua sana con las manos. Los propios médicos mandaban a los pacientes a que la vieran, decían, y también supe de su estirpe de personaje respetado y casi de leyenda por esas tierras.

Poco tiempo después, volví apertrechada de grabadora, libreta de notas, bolígrafo, y tomé asiento delante de una mujer que no parece tener 94 años, sonríe con inocencia de niña, y analiza con sutileza a sus interlocutores. Engracia Ordóñez Abreu no oye muy bien, sin embargo parece disfrutar las preguntas, tal vez porque le dan la posibilidad de revivir lo que se ha ido.

“Yo nací a las doce del día del 16 de abril de 1922, un viernes santo, cerca de Motembo. Éramos catorce hermanos. Llegué aquí a los siete años porque mi padrastro trabajaba en el central Zorrilla. Cuando tenía nueve, curé al primer niño, se llamaba Adelaido Borrego y vivía en Cuatro esquinas. Le pasé la mano, lo santigué y se le bajó la fiebre.

“El don no vino de mi mamá; a la familia nunca le gustó que me dedicara a esto. Sé que a los dos años sufrí un desmayo. Después vi al muerto debajo de la mata de naranjas”.

Engracia disfruta con la incredulidad que no logro ocultar, sonríe con picardía y mueve la conversación hacia temas que supone más ortodoxos para mí.

“A los diez años era doméstica en casa de Anita Valladares. Un día el cura se quedó mirándome y mandó que me llevaran a la Iglesia. Así hice la comunión, y salí a hacer el bien a todos, a los niños, los ancianos. Cocinaba y pasaba la mano, incluso a los doctores del pueblo.

“Con 17 años conocí a Miguel, de 27, y nos casamos en el juzgado. Él tuvo que poner una cruz en su nombre porque no sabía escribir. Yo sí, la hija de la señora para la que trabajaba me enseñó y también a leer bonito.

“A mi marido tampoco le agradaba lo de la sanación, le molestaba la casa llena de gente desde temprano, pero tuvo que adaptarse. Tuvimos siete niños. Mis hijos ya son viejos, hace dos meses perdí uno”.

Hace silencio. Luego dice que no quiere pensar en eso, ni saber qué día es. Nani, la sobrina que nos acompaña en la conversación, cuenta que era militar retirado, y a los 59 años un infarto le causó la muerte.

Así conozco que también Miguel murió, hace quince años, y que Engracia vivía en un rancho donde ahora se encuentra el patio. El Gobierno del municipio le construyó la casa nueva, pequeña y confortable, toda de mampostería. La curandera de rostro dulce mueve el tabaco entre sus dedos, se sacude la tristeza con un gesto impreciso e interrumpe para agregar: “Y ayer me trajeron el sillón de ruedas”.

La curandera de MacaguaEntonces recuerda la época en que sacaba pasto para los bueyes y “ganaba bien porque trabajaba bien”. Ahora vive con modestia, no cobra por curar. Dicen los que la conocen que llegan a verla personas de toda Matanzas, Las Villas, La Habana, hasta cubanos que viven en el extranjero. Y algunos le regalan; mas si ella percibe que tienen poco se les adelanta para advertirles que no quiere nada.

“Cuando alguien tiene muchos problemas, y ella puede ayudarlo con lo suyo, lo hace”, relata Nani y para satisfacer mi curiosidad, mientras su tía permanece pensativa, refiere que acuden personas con cualquier tipo de padecimiento, “no hay que preguntarle nada, solo pone las manos sobre el cuerpo del paciente y habla, como si hiciera un ultrasonido”.

Con suspicacia, pregunto a la sobrina si no habrá heredado algo del polémico talento y no tarda en responder divertida: “qué va, yo no creo, solo respeto”.

Engracia no permite que le roben la atención de su visita, rememora los tiempos en que fue dirigente de la Federación de Mujeres Cubanas y enseña los papeles que guarda de aquellos años. Solo en ese momento me percato de que no ha preguntado mi nombre, ni por qué llegué con tantas interrogantes, asumo que, o lo sabe, o no importa mucho.

“Vuelve pronto”, dice al final del encuentro y se lo prometo. En el largo viaje de vuelta a la ciudad de Matanzas, pienso que no puedo atestiguar sus virtudes curativas. Una joven atea como yo sabe poco de esas cosas y entiendo al fin que ahí no yace lo esencial del asunto.

La curandera de Macagua guarda en sus memorias la historia viva del lugar. Un devenir signado por estrecheces, carencias, logros… Con su afán de hacer sentir mejor a los demás, se ha ganado admiración y cariño. Es patrimonio de su gente, testigo, y ante tal verdad sobran todos los cuestionamientos.

Engracia disfruta su nuevo hogar.

La lúcida “locura” de enseñar

Ellos dicen que “quien trabaja siempre tiene algo que hacer”. Descreen del poder inmovilizador que apareja el fatalismo geográfico, y tampoco consideran que su labor sea nada del otro mundo, sino “lo que corresponde”.

Sin embargo, aquellos que se tropiezan por vez primera en las calles de Los Arabos con el afán emprendedor de Katia Chávez Díaz y Freddy Casanova Ortiz, quedan sorprendidos. No son frecuentes –ni siquiera en la capital provincial- tales deseos de impulsar el acercamiento a la palabra escrita como remedio para desterrar los vacíos espirituales.

En el festival El Parque de las metáforas los niños descubren y recrean esa figura literaria, y la plasman con tiza en el piso. Así los vocablos inundan el espacio principal del pueblo y relegan la apatía, objetivos de ambos especialistas de Literatura de la casa de cultura Nipón Mondéjar. Pero más insólitas aún son sus ocurrencias, como la pasarela de mascotas disfrazadas, a la que ya no solo llegan perros, sino también gallinas y hasta un hámster.

“Tres personas trabajamos con la manifestación e impartimos los talleres de apreciación literaria en los distintos niveles de enseñanza, a partir de cuarto grado; también se encuentra el de creación. Gratifican los premios de los alumnos en los concursos nacionales; pero todavía más, cuando alguno supera todas las etapas y continúa escribiendo”, explica Freddy.

Él mantiene, asimismo, la tertulia mensual Vino arabense; la peña El ingenioso hidalgo, que aboga por la prevención de las ITS; y el espacio Sin barreras, con personas discapacitadas. Katia, quien comenzó como tallerista, reparte su tiempo entre los pequeños y los longevos, porque la palabra no cree en edades.

Así, defiende tanto El árbol que escucha, para los niños de primaria, como Cultivando la oralidad, en el Hogar de ancianos, donde le dicen ‘la alborotadora’ porque “mi objetivo es hacerlos reír”. De igual forma, se dedica a la Sobremesa literaria en el comedor comunitario.

En el verano y las semanas de receso también hay tareas pendientes, porque no puede primar la inactividad y tampoco suceder que el cuento y la poesía se pierdan a un cultivador por falta de oportunidades. No tienen recursos materiales, ni siquiera una computadora donde teclear los trabajos, y mucho menos acceso a Internet, mas se las arreglan para enviar las obras lo mismo a Madrid que a Tegucigalpa.

No hay concurso que se les escape y se atreven a más, convocan a uno nacional, el Benigno Vázquez. De tal forma, llegan escritores de toda Cuba a Los Arabos y los satisface, no grandes premios ni comodidades materiales, porque no existen, sino la calidez humana de unos organizadores que lo dan todo, hasta su casa.

Gracias a las gestiones, varias entidades locales entregan premios colaterales, y aunque desde la divulgación hasta el hospedaje se precisan esfuerzos titánicos, el número de obras en certamen aumenta cada año.

Quizás parezca locura empeñarse en la enseñanza y la creación de la literatura desde un municipio distante, signado por la pérdida de tradiciones, el envejecimiento poblacional y el éxodo de los jóvenes. No obstante, hay locuras que salvan el día, y mucho más.

Museo Memorial El Morrillo: Cerrar sería absurdo

En El Morrillo el patriotismo entra por los poros, quizás por la sangre valiente esparcida muy cerca de allí; pero también por los muros con historia, los vestigios aborígenes, la belleza silenciosa dela desembocadura del río Canímar y la regia estirpe de la bahía.

Sin embargo, situarse en ese paisaje privilegiado es para el Museo Memorial a la vez que suerte, dificultad. La lejanía influye en las condiciones de trabajo, la fluctuación del personal, y la proximidad con el mar contribuye al deterioro de la construcción.

DETENER A LOS PIRATAS…

Fue en sus inicios un torreón y luego batería de costa para la defensa del Hato de Canímar. En el siglo XVIII, un grupo de hacendados de la próspera y apartada zona facilitó el dinero inicial para la edificación, con el objetivo de evitar ataques de corsarios y piratas.

El Morrillo es la única batería de costa que se conserva en la ciudad de Matanzas

Durante el periodo colonial fungió como registro de aduanas y en la República asumió funciones de apostadero naval. En 1934 se le abandonó por completo y por eso Guiteras lo escogió, un año después, como punto de embarque. Lo que sería un expedición hacia México para volver luego a la Isla y hacer la revolución, se frustró por un delator y el fundador de la Joven Cuba cayó masacrado junto al venezolano Carlos Aponte.

Los cadáveres de ambos revolucionarios se enterraron en el cementerio de Matanzas, en el que permanecieron hasta su robo en el 37. No fue hasta el año 1970 que los Órganos de la Seguridad del Estado lograron hallarlos. Permanecían tras una pared falsa del sótano de la casa de José María García, en el barrio de Pogolotti. En dos cajas de zinc, cubiertas con las banderas cubana y venezolana, se hallaban los restosperfectamente conservados. García los había sustraído para impedir una profanación.

Se les expuso en el Museo de la Revolución y en medio de las valoraciones sobre la futura ubicación, surgió la idea de reconstruir El Morrillo, para entonces en ruinas, y depositarlos allí. En 1974 comenzó la labor de reconstrucción, apegada a los planos originales.El 8 de mayo de 1975 se inauguró el Museo Memorial –único de la provincia- y en 1978 recibió la condición de Monumento Nacional.

PATRIMONIO INSEGURO

En toda Matanzas, solo esta institución tiene el honor de salvaguardar restos de patriotas. Se conservan, asimismo, el bote en que fueron trasladados sus cuerpos, un escalpelo utilizado en la autopsia de Guiteras y toda la documentación de la organización Joven Cuba.

“Por estar enclavada en un área de importancia arqueológica, con uno de los más significativos sitios de agricultores ceramistas de Cuba, y el mayor y más antiguo cementerio aborigen, posee un patrimonio muy rico al respecto. Cuenta, además, con una colección de paleopatología de más de 50 piezas, única de su tipo expuesta en la nación”, refiere Dianerys Ramos Pérez, especialista principal.

En la actualidad, el museo se halla desmontado, pues a partir de 2015 entró en reparación. “La situación constructiva era pésima, el techo se filtraba, se cayeron dos vitrinas, había comején”, añade.

Planta alta de El Morrillo
Planta alta de El Morrillo

La directora Gisela Álvarez Polo explica que iniciaron con la cubierta y en 2016, con los 74 000 pesos disponibles, arreglaron los balcones que estaban casi desprendidos y las ventanas de la segunda planta. “El dinero para este año ya se agotó. Solicitamos 100 000 para el próximo, con el fin de trabajar por prioridades: el puente de entrada, museografía, repello, pintura, problemas eléctricos”.

Local de oficinas de El Morrillo
Local de oficinas de El Morrillo

De igual forma, la edificación cercana donde se ubican las oficinas tiene un dictamen de peligro de derrumbe. “Quien trabaja aquí lo hace por sentido de pertenencia, no tenemos transporte, almuerzo, ni siquiera una computadora.

“El sistema telefónico es caduco, si hay viento o se va la corriente nos quedamos incomunicados. Desde las tres de la tarde hasta las ocho de la mañana dos serenos cuidan la instalación. Por aquí se han producido salidas ilegales. También, cuando cierran los centros nocturnos, se llena de carros, lo mismo vienen parejas que personas a resolver disputas”, afirma la directora.

La PNR ya no hace rondas hasta el sitio y el Consejo de la Administración Municipal rechazó la idea de colocar una garita para regular el paso. La sala túmulo no posee alarma, tampoco hay locales enrejados. “Tomamos la determinación de que los custodios cuiden de las puertas hacia adentro, por su propia seguridad”, agrega.

La museografía databa del año 75
La museografía databa del año 75

En medio de las alarmantes dificultades, la museóloga Giselle Gil Medina continúa el trabajo con niños y adolescentes de la comunidad, círculos de interés, museos móviles y proyectos socioculturales. Los que se duelen por este guardián de la historia, aunque saben que aún de aprobarles el dinero solicitado no terminarán de hacerlo todo, sueñan con lograr, poco a poco, un museo más atractivo y funcional.

“Queremos un montaje para muchos años. Puede que nos demoremos, pero hay que pensar en el futuro, lo barato sale caro. Nos mantenemos y mantendremos abiertos. Cerrar sería absurdo, las personas siempre llegan, y aunque sea les brindamos las explicaciones”, dice Gisela.

Ojalá se tomen medidas antes de que deba lamentarse algún hecho. El Morrillo merece los mayores esfuerzos; Guiteras y Aponte, todo lo que pueda hacerse y más.

 

Teatro Principal: De olvidos y resistencia

Sin temer al tiempo y su poder destructivo, la fachada del Teatro Principal permanece en pie, estoica y digna. Desde el anonimato, en la calle de Manzano entre Ayuntamiento y Jovellanos, parece como si detrás de sus muros hubiese una puerta al pasado. Se resiste a morir, aunque han transcurrido más de 150 años desde que cerrara.

Cuentan quienes tuvieron la dicha de volver a él en este siglo, que unas golondrinas se quedaban en un cable, muy quietas, mirando los ensayos; y a ellos se les antojaba que el alma de Milanés estaba cerca. Sentían la espiritualidad de un edificio vivo, donde las obras del romántico bardo –El Conde Alarcos entre ellas- se hicieron realidad.

TIEMPO QUE FUNDA Y OLVIDA

Han sido pocos pero fervientes los apasionados por su historia. El investigador y etnólogo Israel Moliner Castañeda publicó el libro  Teatro Principal de Matanzas, que vio la luz en la primera década de este siglo, en medio del empeño por sacar al edificio del abandono.

El conservador de la ciudad la califica como una de las principales edificaciones patrimoniales de Matanzas.

La historiadora Mireya Cabrera Galán comparte el amor por El Principal. “A diferencia de lo sucedido con los anteriores escenarios de la urbe, no era improvisado, se construyó para ser un teatro y fue el primero de importancia aquí, además de trascendente en el país. Ello a pesar de su factura modesta –no se define aún quién fungió como arquitecto-, las dimensiones pequeñas y los problemas de ventilación, sobre todo en el palco principal, donde se ubicaban las autoridades. La fecha exacta está por precisar, pero todo apunta a que abrió en 1830”.

Refiere la investigadora que actuaron allí la Compañía de Ópera Italiana de La Habana con Concepción Cirártegui, primera cantante profesional de ese género en la Isla. En 1848 la matancera Úrsula Deville protagonizó Norma de Bellini.

También destacan los nombres del violinista José White, el pianista norteamericano Luis Moreau Gottschalk, Francisco Covarrubias (reconocido como el fundador del teatro cubano) y la  bailarina clásica austríaca Fanny Elssler, cuya presentación se considera uno de los grandes sucesos culturales de la etapa.

Por más de 30 años brilló, pero resultaba muy angosto y no se correspondía con las apetencias de la segunda plaza mercantil y artística de Cuba. Con el surgimiento del Esteban (Sauto) se apagó paulatinamente y fue logia, lavandería, garaje, vivienda, almacén, comedor obrero…

RESCATAR ES VENERAR

Miriam Muñoz, actriz y directora de Teatro Icarón, sufrió la veneración por El Principal. En 1997 comenzó la labor comunitaria en La Marina, que incluía el trabajo con niños y padres, y el rescate del teatro. Entonces sufrió el rechazo de algunos vecinos que no entendían. Poco a poco, y con el apoyo de la delegada, la comunidad se entusiasmó. No sucedió así con los trabajadores de un comedor perteneciente a Comercio que radicaba en los bajos.

Fueron muchos los conflictos, pero con el apoyo del Poder Popular, que le entregó el espacio, logró resarcir parte de las deficiencias estructurales y, junto a su naciente proyecto Alas de teatro, dar funciones de martes a domingo. “Fue vital Rolando Estévez. A las tertulias mensuales asistieron Antón Arrufat, Nancy Morejón, Enrique Pineda Barnet… Después de cien años volvían a encenderse las luces”.

Aún se conmueve cuando recuerda el dictamen de peligro de derrumbe de un lugar que consideraba su casa. “Se logró un trabajo de apuntalamiento increíble y seguimos. Hasta que un día en la planta baja afectaron una columna principal mientras hacían un arreglo y me avisaron que una pared había colapsado. Yo no quería irme, mis actores tampoco, pero ante el peligro y la inercia tuvimos que despedirnos en el 2006, y lo hicimos con un performance, vestidos de luto”.

El dramaturgo y director de la Casa de la Memoria Escénica, Ulises Rodríguez Febles rememora ese empeño, “contribuyó a que el pueblo matancero volviera la mirada hacia uno de sus escenarios más significativos. Se gestó un espacio pedagógico y creativo, un movimiento teatral. Ver una obra propia representada allí te conectaba a nivel simbólico con la historia, con Milanés”.

LUCES…

La restauración del Teatro Principal se concibe desde el Consejo de las Artes Escénicas y la Oficina del Conservador. Aunque solo quedan cuatro paredes y la fachada, planifican mantener esta última y hacia el interior edificar un espacio dedicado a la danza.

“Se prevé que sea sede de un proyecto danzario y también del naciente conjunto lírico. Ahora se gestiona el financiamiento con colaboración extranjera. Apoyamos el proyecto, hablamos de él en todas partes. Es uno de los pocos teatros nombrados Principal que se mantiene en pie en el país”.

Muchos se preguntan en virtud de qué artificio resiste este sitio todos los olvidos de sus 186 años de existencia. Quizás presiente que no muy tarde vivirá tiempos mejores, en los que no solo una pequeña placa rinda tributo a lo que fue.

Del Prado a Matanzas

Cerca de 60 reproducciones fotográficas a tamaño real de obras pertenecientes al Museo del Prado exhibirá el centro histórico de Matanzas a partir del 24 de junio próximo.

Según refirió Leonel Pérez Orozco, conservador de la ciudad, en la galería Pedro Esquerré y los portales de la Plaza de la Vigía podrá apreciarse la muestra de arte universal, que incluye explicaciones sobre los cuadros y la institución que los atesora.

El caballero de la mano en el pecho, de El Greco; El tres de mayo de 1808 en Madrid, de Goya; y Las meninas, de Velázquez, son algunas de las obras incluidas. Las mismas permiten apreciar varias escuelas que marcaron la evolución del arte pictórico europeo.

La exposición llega a La Atenas de Cuba luego de permanecer en la reja perimetral del Castillo de la Real Fuerza en La Habana; y corresponde al proyecto itinerante El Prado en las calles, que desde el 2015 ha llegado a las urbes de Tegucigalpa, Ciudad de Guatemala y San Salvador.

Posteriormente, visitará más provincias cubanas; y se prevé que este año arribe también a Asunción, Lima, La Paz, entre otras.

Fotos: Ismael Francisco (tomadas de Cubadebate)

Tierra con sabor a dulce

Maestros dulceros, casquitos de guayaba, el zumo de la naranja en las madrugadas… Las tradiciones definieron por mucho tiempo a Los Arabos, y aunque buena parte se ha perdido, la de elaborar dulces y alimentos en conserva se niega a desaparecer

Su padre fue maestro dulcero, la familia completa se relacionaba con ese mundo, y Andrés Echevarría Jiménez siguió el mismo camino. Hizo de todo, comenzó a trabajar en la producción y terminó como chofer. Su hija, Ana María, aún recuerda aquellos viajes a la capital; él distribuía los dulces que varios hospitales recibían con entusiasmo. Si le preguntaban quién era la muchachita que lo acompañaba, no demoraba en lanzar la broma: “mi secretaria”.

Alberto Rodríguez Álvarez también brinda oportunidades a la remembranza, y cuenta que en los primeros años de la Revolución, cuando aún no tenía una carrera ni trabajo, peló naranjas con la maquinita que le prestó un amigo, para ganar un poco de dinero. Durante las madrugadas, en el patio de uno de los establecimientos, dejaba junto a otras personas la fruta lista para cocinarla.

En Los Arabos abundan historias como estas, solo hay que detenerse a escuchar. Durante el siglo XX, la cultura dulcera caracterizaba al territorio, donde también proliferaban los zapateros y talabarteros. Alberto, quien logró ser profesor de psicología y trabajó por años como metodólogo de cultura popular tradicional, esclarece desde la sala de su casa que en el siglo XX existían allí siete pequeñas fábricas de dulces: entre ellas Los Ángeles, La Famosa, Santa Isabel y la de Rafael Pérez – Manes,

“La Mora se hizo famosa por la calidad de sus conservas, la mermelada de mangos traídos de Oriente, el dulce de naranja, de coco. La Revolución fomentó La Guajira, en ella se empleó a gran número de pobladores, sobre todo mujeres, que antes no desarrollaban labores públicas”.

Además de las reconocidas de forma oficial, que contribuían al erario público, pululaban los pequeños emprendimientos de donde surgían las tentadoras golosinas o el puré de tomate. La industria, sencilla pero fructífera, generaba ganancias para quienes vivían en los campos cercanos.

“Traían en las guagüitas de línea los casquitos listos para ser cocidos. Trabajaba toda la familia, antes del 59 no se podía hacer otra cosa, desde que tenías edad te sentaban y tenías que aprender a pelar y limpiar la guayaba.

“Los grandes maestros lograban darle el punto al dulce arabense, y alcanzó fama nacional”. Sin embargo, por razones indeterminadas y en periodos de tiempo que se pierden en la memoria de los testigos, las fábricas desaparecieron de forma paulatina dejando detrás mucho de sabor amargo. Solo una sobrevivió.

CONSERVAS EN TIEMPOS MODERNOS

Noelvis Mario Peláez es un maestro dulcero de estos tiempos. No heredó el oficio, se lo ganó paso a paso. De operario de tapadora, pasó al baño de María; entonces, optó por un curso y ahora elabora dulces en almíbar, encurtidos y mermeladas en la Unidad Empresarial de Base Los Ángeles.

La fábrica de conservas ofrece empleo a más de un centenar de arabenses.
La fábrica de conservas ofrece empleo a más de un centenar de arabenses.

La mayoría le llama, sin complicaciones, la fábrica de conservas. Desde 1936, tiempos en los que pertenecía a un español, el vapor y los olores agradables se suceden entre sus muros. Respecto a las instalaciones con las cuales coexistió, exhibía mejor tecnología.

Hoy, con máquinas tapadoras de 1949, se le puede tildar de “vieja” sin reparos. No obstante, gracias a 15 días anuales de mantenimiento y las reparaciones durante eventuales roturas, afronta las campañas de tomate, mango y guayaba; mantiene otras líneas como las de frutabomba y casco de toronja; y sus elaboraciones llegan a escuelas, hospitales, círculos infantiles, hogares maternos y de ancianos, también se venden en los Mercados Ideales.

Por ocho horas, a partir de las cinco de la mañana, hombres y mujeres procesan las frutas que aportan los productores de la zona hasta convertirlas en alimentos enlatados y etiquetados. El jefe de producción Adolfo D. Carrasco Sotolongo explica que el salario depende de los resultados, “y es bueno mientras haya producción”.

Con tecnología de la década del 40 del siglo pasado y trabajo manual, Los Ángeles aún vive y produce.
Con tecnología de la década del 40 del siglo pasado y trabajo manual, Los Ángeles aún vive y produce.

Muchos obreros son jóvenes, incluso los jefes de turno, una ventaja si se piensa en la continuidad. Parte de ellos ha ascendido en sus responsabilidades mediante la capacitación. Aunque el personal no fluctúa, no se espera a que algún puesto quede vacío para formar a quien pueda asumirlo.

Estos enlatados no constituyen el último reducto; hechos en casa, los turrones alicantes, de maní con ajonjolí y las barras de guayaba llevan el nombre de Los Arabos por toda la provincia, y puede que del país. Hay tradiciones que se resisten al tiempo, y parece que las dependientes de consumidores golosos, mucho más.

Alfredo Zaldívar, un autor, tantas obras

Escritor que urde continuamente textos sorprendentes, particular, divertido, melancólico; así calificó Lina de Feria al poeta, editor y ensayista Alfredo Zaldívar, a quien se le dedicó la más reciente edición del espacio El autor y su obra.

En la biblioteca Rubén Martínez Villena, Fernando Rodríguez Sosa moderó un panel que, integrado por De Feria, Charo Guerra, Carlos Zamora y Sigfredo Ariel, entregó a los asistentes múltiples valoraciones sobre la creación del también Premio Nacional de Edición.

Además de la vitalidad de sus palabras, el manejo de la variedad de formas y recursos, y la solidez de cuanto ha escrito; se insistió en esas otras obras en las que ha dejado huella por el empeño de abrir puertas a los jóvenes talentos, y rescatar a los olvidados. Propósitos que inició con Ediciones Vigía en la década del 80 y continúa hoy al frente de Ediciones Matanzas.

Charo Guerra afirmó que él ha nucleado a su alrededor intelectuales con miradas peculiares. “No ha perdido el tiempo suplicando permisos para imprimir una página. Fue de los que mantuvo la llamita encendida”, comentó Sigfredo Ariel.

Zamora reafirmó su condición de promotor de la literatura cubana del siglo XIX y lo calificó de “editor de horizontes generosos” y “laborioso artesano del libro”. “Sé que hay un Vigía entre nosotros”, dijo.

Por su parte, Lina de Feria recordó que Zaldívar se atrevió a imprimir sus textos cuando ella era impublicable. Él, “siempre lozana flor del espécimen humano”.

En la ocasión, el Centro Provincial del Libro y la Literatura en Matanzas entregó al autor de Malentendido la distinción El libro alto por su huella significativa en la cultura del territorio.

Alfredo Zaldívar, natural de Holguín, ha desarrollado su quehacer literario en La Atenas de Cuba. Entre sus libros se encuentran Concilio de las aguas, La vida en ciernes, Papeles pobres y Esperando a viernes.

El autor y su obra es una iniciativa del Instituto Cubano del Libro, y se dedica a escritores cubanos contemporáneos que han enriquecido el panorama literario nacional. Se ha consagrado a otros matanceros como Abelardo Estorino, Carilda Oliver Labra, Georgina Herrera, Domingo Alfonso, Rogelio Martínez Furé, José Manuel Espino y Urbano Martínez Carmenate.