Mir, el niño y la Patria

No hay que esperar actos y efemérides para sentir esa emoción que va desde la raíz hasta el alma, y nos coloca, de repente, frente a la grandeza extraordinaria, la de quienes forjaron sobre la base de renuncias y obstinaciones buenas, el camino.

Pero aun cuando todos los días honremos con pasos honestos ese sendero, no se puede negar la fuerza de las conmemoraciones, que nos ofrecen el instante de sosiego para reparar en que la historia está viva y anda asaeteando inermes e iluminando futuro.

De ahí el brillo que tomó este fin de semana la comunidad rural de Mir, en el municipio holguinero de Calixto García, donde relucieron el monumento a Simón Bolívar, el conjunto histórico que honra pasajes de las luchas guerrilleras y la vivienda donde residiera la luchadora, la mujer tremenda, Lidia Doce.

Mir, el primer poblado liberado en el llano por fuerzas del Ejército Rebelde, recordó en medio de su quietud de días de paz, aquellos otros de guerra digna que convirtieron en mártir a Wilfredo Peña, caído en la toma del cuartel local, y a todos los fundadores del IV Frente Simón Bolívar, nacido 60 años atrás cuando apenas despuntaba noviembre.

En el acto político-cultural y ceremonia militar, estuvo quien fuera jefe del Frente, el comandante del Ejército Rebelde, Delio Gómez Ochoa, cuando –de acuerdo con la genial conducción de Fidel– era imprescindible que la lucha guerrillera tomara el llano, para dejar a la tiranía sin opciones militares.

Sin el empuje resuelto de los pobladores, como reconoció ahora la mariana General de Brigada Delsa Esther Puebla, no pudieran haber sido posibles aquellas jornadas de lucha total del IV Frente –con su centro de operaciones en Mir– que se enfrascó en los combates de Arroyo del Muerto en Las Tunas y la toma de las ciudades de Holguín, Buenaventura, Gibara y Puerto Padre.

En aquel año de 1958, el definitivo, los hombres y mujeres del Simón Bolívar capturaron una avioneta averiada en la zona de Las Calabazas.

Este 4 de noviembre, al pecho de aquellos que ejercieron el heroísmo como destino llegó una distinción por los 60 años del Frente, y anduvieron de nuevo el ayer por el museo que atesora documentos y objetos invaluables.

Sin embargo, sus preocupaciones y felicidades están concentradas en el hoy; en el niño de Mir que sonríe pleno, de completo uniforme. Porque de lo que se trata – como dijo en su discurso Ernesto Santiesteban Velázquez, primer secretario del Partido en la provincia– es de trabajar, trabajar mucho, para consolidar los amplios proyectos y programas de desarrollo económico y social. Para eso se peleó: para hacer Patria.

(Publicado originalmente en Granma)

Foto: Juan Pablo Carreras

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Museo de Bomberos: La historia detrás del fuego

Este Cuartel de Bomberos es el más antiguo del país que se mantiene como tal.
Este Cuartel de Bomberos es el más antiguo del país que se mantiene como tal.

Para combatir el fuego no solo son imprescindibles la preparación y el equipamiento adecuado. Antes las llamas vale mucho la valentía, pero no una imprudente, sino la que se arma de fortaleza, toma decisiones rápidas y arriesga la vida si con ello derrota otros peligros.

Quizá por eso el heroísmo de los bomberos cautiva en la infancia y en la adultez inspira respeto. Sus historias, por cuanto tienen de épicas, merecen ser preservadas y justo eso sucede al interior de la Estación de Bomberos Enrique Estrada; un edificio significativo dentro del conjunto arquitectónico de la ciudad, de indudable valor patrimonial y que alberga al Museo de Bomberos de Matanzas.

EL AYER DE UN EDIFICIO Y DE SUS OCUPANTES

En el libro Las Villas y Matanzas. Guía de arquitectura y paisaje se afirma que “en 1863 se compra el solar donde estuviera la demolida batería de La Vigía y se le encarga al arquitecto municipal Pedro Celestino del Pandal y Sánchez la construcción del parque Cervantes (1873), considerado como uno de los más modernos de la época”.

Sin embargo, este fue abandonado y por ello se requirió el terreno para construir el Cuartel de Bomberos, que se inició el 8 de marzo de 1897 y culminó el 12 de agosto de 1900; y, según el texto, es además de la última intervención en la plaza de la Vigía, la muestra más acabada del neoclasicismo en Matanzas.

El ingeniero Bernardo de la Granda y Callejas “lo dotó de un frontis triangular sostenido por columnas, a modo de templete, con muros de canto a la vista, en almohadillado, para dotar a la superficie de textura”.

Sin embargo, a inicios del siglo XX, ya los bomberos de la urbe, bajo la égida de su jefe Enrique Estrada, acumulaban una trayectoria de altruismo hacia la población. El Batallón de Honrados Obreros Bomberos de Matanzas, surgido el 19 de noviembre de 1836, podía presumir de emprendimientos como la creación en 1856 de una agrupación musical, antecesora de la actual Banda de Conciertos. Asimismo, en 1893 concibieron la Estación Sanitaria, donde se atendía gratuitamente sin distinción de clase, sexo o raza.

Un año después, idearon el primer Dispensario para niños pobres; allí les proporcionaban educación, ropa, alimentos e, incluso, llegó a funcionar como una especie de hogar para infantes sin amparo familiar. Cada una de esas iniciativas contó con su espacio dentro del inmueble del ingeniero De la Granda.

El nuevo emplazamiento gozaba de la ventaja, aún vigente, de situarse en una posición estratégica: en el centro de tres barrios significativos, Versalles, Matanzas y Pueblo Nuevo. En aquel entonces, para ser bombero voluntario el único requisito era tener un oficio.

UN MUSEO ÚNICO EN EL PAÍS

“Aquí no se aplica lo de llevar las manos detrás, todo se puede tocar, y si el visitante lo desea se viste como los bomberos y hace los mismos ejercicios que ellos en el polígono”, cuentan con sano orgullo Biolexi Ballester Quintana, directora de la institución, y Rosa Quintana Greck, responsable de Inventario.

Ellas son dos de los cinco trabajadores del museo, que coexiste con una Unidad de Bomberos y con el resto de las estructuras del Sistema del Cuerpo de Bomberos en la provincia; condición que lo hace único de su tipo en el país.

La historia de esos hombres resultaba tan singular y hermosa en el territorio que las autoridades de Patrimonio siempre pensaron en la necesidad de que existiera un lugar dedicado a ellos. En 1998 se materializó la idea, pero solo tenían 301 piezas y emprendieron una campaña de rescate, hoy ya son más de 3 000.

El museo posee la mayor cantidad de bombas de vapor reunidas en un solo espacio.
El museo posee la mayor cantidad de bombas de vapor reunidas en un solo espacio.

“Dondequiera que hacemos una exposición transitoria- que son muchas por la riqueza de nuestros fondos- nos hacen donaciones. Estamos enfrascados en completar la plantilla del Cuerpo de Bomberos desde 1836. Resulta un proyecto ambicioso, mas, cuando encontramos una dirección en el Archivo Histórico y tocamos esa puerta, nos encontramos con descendientes dispuestos a colaborar. A veces ya no vive ahí esa familia, y hay otra que también tuvo un bombero”, comenta Biolexi.

Añade Rosa que para asegurar la salvaguarda de los hechos del presente, cada comando posee comisiones y libros de historia. También se confeccionan las hojas de vida de los jubilados y fallecidos, así como de aquellos con más de 10 años de servicio.

Inmerso en proyectos como la restauración del edificio atendiendo a sus valores y espacios originales, la confección de un libro que reúna las investigaciones del enfrentamiento al fuego en Matanzas, y la extensión del círculo de interés para niños, el museo mantiene empeños tan loables como un Centro de Documentación para el público, siempre bajo la premisa de impedir el olvido de quienes lo arriesgaron todo.

 

Tierra con sabor a dulce

Maestros dulceros, casquitos de guayaba, el zumo de la naranja en las madrugadas… Las tradiciones definieron por mucho tiempo a Los Arabos, y aunque buena parte se ha perdido, la de elaborar dulces y alimentos en conserva se niega a desaparecer

Su padre fue maestro dulcero, la familia completa se relacionaba con ese mundo, y Andrés Echevarría Jiménez siguió el mismo camino. Hizo de todo, comenzó a trabajar en la producción y terminó como chofer. Su hija, Ana María, aún recuerda aquellos viajes a la capital; él distribuía los dulces que varios hospitales recibían con entusiasmo. Si le preguntaban quién era la muchachita que lo acompañaba, no demoraba en lanzar la broma: “mi secretaria”.

Alberto Rodríguez Álvarez también brinda oportunidades a la remembranza, y cuenta que en los primeros años de la Revolución, cuando aún no tenía una carrera ni trabajo, peló naranjas con la maquinita que le prestó un amigo, para ganar un poco de dinero. Durante las madrugadas, en el patio de uno de los establecimientos, dejaba junto a otras personas la fruta lista para cocinarla.

En Los Arabos abundan historias como estas, solo hay que detenerse a escuchar. Durante el siglo XX, la cultura dulcera caracterizaba al territorio, donde también proliferaban los zapateros y talabarteros. Alberto, quien logró ser profesor de psicología y trabajó por años como metodólogo de cultura popular tradicional, esclarece desde la sala de su casa que en el siglo XX existían allí siete pequeñas fábricas de dulces: entre ellas Los Ángeles, La Famosa, Santa Isabel y la de Rafael Pérez – Manes,

“La Mora se hizo famosa por la calidad de sus conservas, la mermelada de mangos traídos de Oriente, el dulce de naranja, de coco. La Revolución fomentó La Guajira, en ella se empleó a gran número de pobladores, sobre todo mujeres, que antes no desarrollaban labores públicas”.

Además de las reconocidas de forma oficial, que contribuían al erario público, pululaban los pequeños emprendimientos de donde surgían las tentadoras golosinas o el puré de tomate. La industria, sencilla pero fructífera, generaba ganancias para quienes vivían en los campos cercanos.

“Traían en las guagüitas de línea los casquitos listos para ser cocidos. Trabajaba toda la familia, antes del 59 no se podía hacer otra cosa, desde que tenías edad te sentaban y tenías que aprender a pelar y limpiar la guayaba.

“Los grandes maestros lograban darle el punto al dulce arabense, y alcanzó fama nacional”. Sin embargo, por razones indeterminadas y en periodos de tiempo que se pierden en la memoria de los testigos, las fábricas desaparecieron de forma paulatina dejando detrás mucho de sabor amargo. Solo una sobrevivió.

CONSERVAS EN TIEMPOS MODERNOS

Noelvis Mario Peláez es un maestro dulcero de estos tiempos. No heredó el oficio, se lo ganó paso a paso. De operario de tapadora, pasó al baño de María; entonces, optó por un curso y ahora elabora dulces en almíbar, encurtidos y mermeladas en la Unidad Empresarial de Base Los Ángeles.

La fábrica de conservas ofrece empleo a más de un centenar de arabenses.
La fábrica de conservas ofrece empleo a más de un centenar de arabenses.

La mayoría le llama, sin complicaciones, la fábrica de conservas. Desde 1936, tiempos en los que pertenecía a un español, el vapor y los olores agradables se suceden entre sus muros. Respecto a las instalaciones con las cuales coexistió, exhibía mejor tecnología.

Hoy, con máquinas tapadoras de 1949, se le puede tildar de “vieja” sin reparos. No obstante, gracias a 15 días anuales de mantenimiento y las reparaciones durante eventuales roturas, afronta las campañas de tomate, mango y guayaba; mantiene otras líneas como las de frutabomba y casco de toronja; y sus elaboraciones llegan a escuelas, hospitales, círculos infantiles, hogares maternos y de ancianos, también se venden en los Mercados Ideales.

Por ocho horas, a partir de las cinco de la mañana, hombres y mujeres procesan las frutas que aportan los productores de la zona hasta convertirlas en alimentos enlatados y etiquetados. El jefe de producción Adolfo D. Carrasco Sotolongo explica que el salario depende de los resultados, “y es bueno mientras haya producción”.

Con tecnología de la década del 40 del siglo pasado y trabajo manual, Los Ángeles aún vive y produce.
Con tecnología de la década del 40 del siglo pasado y trabajo manual, Los Ángeles aún vive y produce.

Muchos obreros son jóvenes, incluso los jefes de turno, una ventaja si se piensa en la continuidad. Parte de ellos ha ascendido en sus responsabilidades mediante la capacitación. Aunque el personal no fluctúa, no se espera a que algún puesto quede vacío para formar a quien pueda asumirlo.

Estos enlatados no constituyen el último reducto; hechos en casa, los turrones alicantes, de maní con ajonjolí y las barras de guayaba llevan el nombre de Los Arabos por toda la provincia, y puede que del país. Hay tradiciones que se resisten al tiempo, y parece que las dependientes de consumidores golosos, mucho más.

Palabras del Che honran a Guiteras y Aponte (+ Fotos)

“El recuerdo de aquellos muertos gloriosos tiene cierto aire de alegría… poder decirles a aquellos grandes sacrificados de otras épocas que el pueblo cubano supo cumplir con su memoria y que hoy les ofrece el regalo de esta nueva Cuba… la materialización de esos sueños que los llevaron un día 8 de mayo a morir asesinados”, dijo el comandante Ernesto Guevara hace 55 años acerca de Antonio Guiteras y Carlos Aponte, y sus palabras se escucharon otra vez en el Museo Memorial El Morrillo como homenaje a ambos patriotas.

“Porque somos también lo que quería Guiteras”, afirmó el Che además en 1961; y la frase nombra la muestra que exhibe la institución a propósito de los 81 años de la caída en combate de los revolucionarios cubano y venezolano.

Conforman la exposición tres fotografías en blanco y negro, las cuales atestiguan el tributo del Guerrillero Heroico a dichos héroes dos años antes, en el obelisco que recuerda el lugar de sus muertes.

Las instantáneas recibidas por donación, y en los fondos del museo desde finales de la década del 90, sobresalen por el alto valor histórico, pues no existen documentos o grabaciones que  reseñen el suceso.

Guevara, internacionalista y antimperialista como Aponte, admiraba a Guiteras, precursor de la idea de la lucha armada para transformar la realidad cubana, y a quien solo la muerte impidió salir al extranjero para volver junto a una expedición liberadora, como hicieron años después los combatientes del Granma.

Como parte de la evocación, representantes de la embajada de la República Bolivariana, miembros de las brigadas de solidaridad entre Cuba y Venezuela Guiteras-Aponte, y la francesa Mario Muñoz, se unieron al pueblo matancero en una peregrinación desde el obelisco hasta El Morrillo, y en la ceremonia donde se reafirmaron la unidad y solidaridad entre las patrias de Martí y Bolívar.

Asimismo, fue reconocida la vocación de servir a otros pueblos, viva en la contemporaneidad, del licenciado en Enfermería José Caballero Vento. Integrante de la brigada médica Henry Reeve, recibió la medalla Carlos J Finlay por su hazaña laboral en la lucha contra el ébola.

Tesoros al interior de Matanzas

La edificación donde se emplaza el museo de Limonar resalta dentro de la arquitectura del municipio y posee en sí misma un extraordinario valor.

Ella sabe enamorar. Apela a la sorpresa, la curiosidad, y una termina asombrada, con los ojos muy abiertos, deseando no perder ni un solo detalle de la hermosa e insospechada historia local.

Mariela Medina Dihigo tiene el don de los apasionados, y más de 30 años de trabajo en el museo municipal de Limonar avalan su condición de defensora a ultranza del patrimonio por esos lares. Como técnica de animación, afirma que persigue la meta de mantener a las personas, en especial a los niños, visitándolo.

“No puede permitirse que pierdan el hábito; porque entonces el día que tengamos las condiciones ideales para el servicio  nadie vendrá. A este trabajo hay que ponerle el corazón, si no se vuelve rutinario”.

La institución se ubica en un fastuoso edificio, construido por iniciativa de Basilio Martínez, propietario de uno de los ingenios de la zona, quien donó a la Sociedad Económica Amigos del País parte de su fortuna para establecer dos escuelas mixtas y sin distinción de razas: en Marianao, La Habana, y la de Limonar; que se inauguró en 1890 con el nombre de su hermana Encarnación.

Luego del triunfo revolucionario se ubicaron allí diversos centros, hasta que en 1991 se decidió crear un museo en la cabecera municipal; “comenzamos con dos salas: desarrollo económico y esclavitud, y llegamos a tener cinco”.

Actualmente, el personal espera una reparación capital que se prevé para 2018 y, sobre todo, nuevas vitrinas, pues el comején ha atacado la madera de las mismas, obligándolos a desmontar. Por ello sus salas lucen semivacías.

“Priorizamos salvar los cristales, que son los elementos más difíciles de conseguir. Guardamos las piezas en el almacén, hoy se encuentra atestado. Tenemos fondos muy ricos y podríamos mostrar un gran museo, esencialmente en el ámbito deportivo, pues somos un territorio de grandes atletas; muchos nos han hecho donaciones, como Javier Sotomayor”, afirma Medina Dihigo.

También escasean los materiales para la conservación, que “se hace con lo que busquemos en el propio territorio, nos las ingeniamos”

No obstante las dificultades, se esmeran en mantener las áreas limpias y profundizar la vinculación con las escuelas; “aquí se desarrolla la tertulia cultural América Bobia y nos sumamos a iniciativas comunitarias. Nada se ha parado a pesar de no contar con directora en este momento, porque el personal es estable y posee sentido de pertenencia”.

GUARDIANES DE LA MEMORIA

El museo Clotilde García de Los Arabos aguarda por que se repare su carpintería en 2017. La construcción donde radica también posee significativos valores patrimoniales, por sus rasgos Art Deco.

El deterioro de la carpintería constituye uno de los puntos más sensibles para el museo de Los Arabos.

En sus ocho salas se atesoran fondos inestimables para contar la historia del municipio, entre ellos actas capitulares, objetos de héroes de la localidad como José María Duarte, y una colección de la Orquesta América, donada por el propio Ninón Mondéjar.

Acoge, asimismo, las visitas escolares y constituye sede de otros eventos e iniciativas, como la Cátedra del Adulto Mayor. Ana María Echevarría Gómez, técnica de conservación, refiere que faltan recursos para desarrollar su labor, entre ellos pegamento y grasas y polvos para limpiar las piezas.

Tal situación se repite en toda la provincia. Aymara de la C. Falcón Rodríguez, especialista del departamento de Conservación del Museo Provincial Palacio de Junco (MPPJ), explica que falta el papel de restaurar documentos y otros materiales. Para enfrentarlo la institución debe buscar alternativas, debido a que la dificultad no se halla en el dinero, sino en el acceso, “la demanda es alta. Tenemos objetos de mucho valor esperando por la restauración”.

Aunque las carencias de productos y las dificultades constructivas signan el destino de los museos municipales en la provincia,  la etapa actual luce más halagüeña con las acciones, en unos casos de mantenimiento y en otros de aporte a la museografía (vitrinas, paneles, bases), en los de Colón, Jovellanos, Triunvirato, Girón, el Museo de la Comandancia y el de Pedro Betancourt, uno de los más críticos y en peligro de desaparecer”.

Isabel Hernández Campos, directora del MPPJ, aclara que en la provincia existe una red de 24 museos, de ellos solo dos no pertenecen a Cultura: el del Azúcar y el de los Bomberos. Para todos, el Palacio de Junco funciona como Centro Metodológico Provincial.

“En cada municipio existe una de estas instituciones, en algunos hay varias. Deviene responsabilidad de los territorios el mantenimiento de las mismas, el cual debe incluirse en el plan. El Centro Provincial de Patrimonio responde directamente solo por el Provincial, el San Severino, y el de Arte; aunque en más de una ocasión ha apoyado con sus divisas cambios en el montaje, compra de insumos e, incluso, acciones constructivas donde la localidad no ha podido afrontarlas”.

Quizás el caso más grave sea el de Varadero, donde hubo que evacuar el museo por el mal estado del inmueble. Sus trabajadores se encuentran en el de Cárdenas, esperando que el Ministerio del Turismo, propietario del edificio, les asigne uno nuevo.

Entre acciones de superación, muestras del mes, exposiciones transitorias, museos móviles, concursos y eventos, el museo municipal continúa latiendo por su terruño, sembrando el amor y el respeto hacia el ayer en los más pequeños, impulsando la vida cultural. Por sus aportes a la preservación de la identidad y de la memoria histórica merece todos los esfuerzos para mantenerlo en pie. Sería de ingenuos obviar su papel neurálgico en los tiempos que corren.