La lúcida “locura” de enseñar

Ellos dicen que “quien trabaja siempre tiene algo que hacer”. Descreen del poder inmovilizador que apareja el fatalismo geográfico, y tampoco consideran que su labor sea nada del otro mundo, sino “lo que corresponde”.

Sin embargo, aquellos que se tropiezan por vez primera en las calles de Los Arabos con el afán emprendedor de Katia Chávez Díaz y Freddy Casanova Ortiz, quedan sorprendidos. No son frecuentes –ni siquiera en la capital provincial- tales deseos de impulsar el acercamiento a la palabra escrita como remedio para desterrar los vacíos espirituales.

En el festival El Parque de las metáforas los niños descubren y recrean esa figura literaria, y la plasman con tiza en el piso. Así los vocablos inundan el espacio principal del pueblo y relegan la apatía, objetivos de ambos especialistas de Literatura de la casa de cultura Nipón Mondéjar. Pero más insólitas aún son sus ocurrencias, como la pasarela de mascotas disfrazadas, a la que ya no solo llegan perros, sino también gallinas y hasta un hámster.

“Tres personas trabajamos con la manifestación e impartimos los talleres de apreciación literaria en los distintos niveles de enseñanza, a partir de cuarto grado; también se encuentra el de creación. Gratifican los premios de los alumnos en los concursos nacionales; pero todavía más, cuando alguno supera todas las etapas y continúa escribiendo”, explica Freddy.

Él mantiene, asimismo, la tertulia mensual Vino arabense; la peña El ingenioso hidalgo, que aboga por la prevención de las ITS; y el espacio Sin barreras, con personas discapacitadas. Katia, quien comenzó como tallerista, reparte su tiempo entre los pequeños y los longevos, porque la palabra no cree en edades.

Así, defiende tanto El árbol que escucha, para los niños de primaria, como Cultivando la oralidad, en el Hogar de ancianos, donde le dicen ‘la alborotadora’ porque “mi objetivo es hacerlos reír”. De igual forma, se dedica a la Sobremesa literaria en el comedor comunitario.

En el verano y las semanas de receso también hay tareas pendientes, porque no puede primar la inactividad y tampoco suceder que el cuento y la poesía se pierdan a un cultivador por falta de oportunidades. No tienen recursos materiales, ni siquiera una computadora donde teclear los trabajos, y mucho menos acceso a Internet, mas se las arreglan para enviar las obras lo mismo a Madrid que a Tegucigalpa.

No hay concurso que se les escape y se atreven a más, convocan a uno nacional, el Benigno Vázquez. De tal forma, llegan escritores de toda Cuba a Los Arabos y los satisface, no grandes premios ni comodidades materiales, porque no existen, sino la calidez humana de unos organizadores que lo dan todo, hasta su casa.

Gracias a las gestiones, varias entidades locales entregan premios colaterales, y aunque desde la divulgación hasta el hospedaje se precisan esfuerzos titánicos, el número de obras en certamen aumenta cada año.

Quizás parezca locura empeñarse en la enseñanza y la creación de la literatura desde un municipio distante, signado por la pérdida de tradiciones, el envejecimiento poblacional y el éxodo de los jóvenes. No obstante, hay locuras que salvan el día, y mucho más.

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Alfredo Zaldívar, un autor, tantas obras

Escritor que urde continuamente textos sorprendentes, particular, divertido, melancólico; así calificó Lina de Feria al poeta, editor y ensayista Alfredo Zaldívar, a quien se le dedicó la más reciente edición del espacio El autor y su obra.

En la biblioteca Rubén Martínez Villena, Fernando Rodríguez Sosa moderó un panel que, integrado por De Feria, Charo Guerra, Carlos Zamora y Sigfredo Ariel, entregó a los asistentes múltiples valoraciones sobre la creación del también Premio Nacional de Edición.

Además de la vitalidad de sus palabras, el manejo de la variedad de formas y recursos, y la solidez de cuanto ha escrito; se insistió en esas otras obras en las que ha dejado huella por el empeño de abrir puertas a los jóvenes talentos, y rescatar a los olvidados. Propósitos que inició con Ediciones Vigía en la década del 80 y continúa hoy al frente de Ediciones Matanzas.

Charo Guerra afirmó que él ha nucleado a su alrededor intelectuales con miradas peculiares. “No ha perdido el tiempo suplicando permisos para imprimir una página. Fue de los que mantuvo la llamita encendida”, comentó Sigfredo Ariel.

Zamora reafirmó su condición de promotor de la literatura cubana del siglo XIX y lo calificó de “editor de horizontes generosos” y “laborioso artesano del libro”. “Sé que hay un Vigía entre nosotros”, dijo.

Por su parte, Lina de Feria recordó que Zaldívar se atrevió a imprimir sus textos cuando ella era impublicable. Él, “siempre lozana flor del espécimen humano”.

En la ocasión, el Centro Provincial del Libro y la Literatura en Matanzas entregó al autor de Malentendido la distinción El libro alto por su huella significativa en la cultura del territorio.

Alfredo Zaldívar, natural de Holguín, ha desarrollado su quehacer literario en La Atenas de Cuba. Entre sus libros se encuentran Concilio de las aguas, La vida en ciernes, Papeles pobres y Esperando a viernes.

El autor y su obra es una iniciativa del Instituto Cubano del Libro, y se dedica a escritores cubanos contemporáneos que han enriquecido el panorama literario nacional. Se ha consagrado a otros matanceros como Abelardo Estorino, Carilda Oliver Labra, Georgina Herrera, Domingo Alfonso, Rogelio Martínez Furé, José Manuel Espino y Urbano Martínez Carmenate.

Tirry 81: una casa, la historia, Carilda

Más allá de la puerta de Tirry 81 está una mujer que no teme ser. Para ella la poesía constituye destino, vida, forma de sacar de los días -aún de los más tristes- la belleza.
Esta vez Carilda Oliver Labra recibió a los participantes en la sexta reunión nacional de presidentes de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, con sede en Matanzas.
Las palabras de la poeta fueron el colofón del encuentro. Un regalo preciado para quienes la saben esencia de la ciudad y de la literatura cubana; y descubrieron que a sus 93 años sigue encarnando el espíritu que un día describiera en su poema Auto de fe:
“…Todos esperan que me mustie como una tonta /que me envilezca la primera arruga; /pero yo amo el tiempo y sus transfiguraciones cósmicas. /Creo en las galaxias y en los virus, /soy un animal tremendo. /Debiera estar cansada de la vida; / solo me canso de morir”.
Pero esta vez no quiso ser la protagonista y le regaló sus recuerdos a la casa, hoy parcialmente remodelada, y desde la que pretende mantener la contribución a la cultura con el proyecto Al sur de mi garganta, dentro del cual se inscriben las tertulias mensuales que protagoniza la autora de Canto a Matanzas.
“No pretendemos que se eternice, sino que sea cobijo del talento. En Tirry 81 se ha hecho historia, no por causa de quienes hoy la habitamos, sino porque aquí tocó Lecuona, dijo versos Pablo Neruda, Rafael Alberti se sentó en la saleta, Wifredo Lam me dio un beso en la puerta, y Alicia Alonso entró con su tropa de bailarines por el zaguán”.
Cuando Carilda conversa, parece que en cualquier momento le nacerá un soneto, y como “a veces el silencio habla más que la voz, pero a la voz del silencio no quiero confiar hoy mis sentimientos”, contó del Fidel estudiante que conoció en la universidad; de Onelio Jorge Cardoso cuando le leía el cuento más reciente en el Valle de Yumurí, o de aquella vez en que Guillén le dio a Neruda un trozo de caña sin pelar para que se lo comiera, y ella trataba –sin resultados- de salvar al chileno de la broma.
1Imposible separar a Tirry 81 de Carilda, ni de la historia. Entre aquellas paredes palpita la fe en el arte y en sus hacedores; en la condición “bella, multiforme, sorprendente” de la existencia; la esperanza resumida en versos como: “Creo en tus partos, tierra. / Por eso juro por el hombre”.

En un libro, las raíces

Manuel Fraga, un gallego cubano. Fidel Castro, un cubano gallego, de Miguel Ángel Álvelo Céspedes
Manuel Fraga, un gallego cubano. Fidel Castro, un cubano gallego, de Miguel Ángel Álvelo Céspedes

Cada hombre o mujer que salió de Galicia con solo los sueños en el bolsillo, llevó sus raíces y un profundo desarraigo; mas, aquellos que encontraron a Cuba como destino sintieron crecer nuevos y fuertes afectos por esta tierra; algunos regresaron a la madre patria, otros no.

El destino de una de esas familias y la influencia de tal emigración en sus descendientes, ocupa el centro del libro Manuel Fraga, un gallego cubano. Fidel Castro, un cubano gallego, de Miguel Ángel Álvelo Céspedes, que se presentó en Matanzas con la presencia de realizadores, periodistas y miembros de la Asociación Gallega de la provincia.Leer más »

Tula en Matanzas

Tula
Amada y odiada con igual intensidad, La Peregrina (seudónimo utilizado por Gertrudis) no convirtió su dolor en mutismo, lo tornó en poesía. ( Retrato al óleo de la Avellaneda por Antonio María Esquivel, Sevilla 1840. Colección Museo Nacional de Bellas Artes)

Gertrudis Gómez de Avellaneda (Puerto Príncipe, 23 de marzo de 1814 – Madrid, 1 de febrero de 1814) cultivó la poesía, el drama, la novela y el relato. Como todos los poetas románticos, se sentía desterrada dentro de su propia vida, incomprendida, llena de ansias de libertad que la sociedad frenaba. Todo ello lo reflejó en sus poemas de una constante exaltación sentimental, donde con igual fuerza expresaba energía y melancolía desgarradora, pues era autora de grandes matices y no de palideces.
“Yo al cantar solo cumplo la condición de mi vida”, afirmaba; su existencia la dedicó a ese su impulso primigenio, pero no fue comprendida. Sus deseos de triunfar, de ser ella misma más allá del apellido de un esposo, la condenaron a una soledad entre multitudes. Fue víctima del abandono de su familia y de la envidia de los literatos, que observaban con recelo su éxito. No se entendió su feminismo: ella no quería ser hombre, sino una mujer con libertad.
Comparada con Safo, le dedicó a ella los versos que mejor encierran lo que fue su propia vida: La envidia de abrojos sembró su camino; / la hirió la calumnia con ciego furor; / matóla el desprecio de un hombre mezquino, / que aún vive en sus cantos sublimes de amor.
DE VUELTA A CUBA: PRESENCIA EN MATANZAS
La poeta (pues no se llamaba a si misma poetisa) regresó a su tierra natal en noviembre de 1859, luego de 23 años de ausencia durante los cuales residió en España. Acompañaba a su esposo el coronel de caballería Domingo Verdugo, quien formaba parte del cortejo del nuevo Capitán General de la Isla Francisco Serrano. A finales de ese año se hospedó en uno de los ingenios matanceros de la familia Aldama. Volvió a Matanzas en julio de 1860 para establecerse en Cárdenas junto a su cónyuge, nombrado teniente gobernador de la villa.
Allí vivió la mayor parte de su estancia cubana, montó pequeñas obras cómicas y colectó recursos para beneficencia. El matrimonio incidió en la fundación de obras vitales para la localidad: el teatro Concha, el casino El Siglo y el hospital Santa Isabel. En territorio cardenense escribió la novela El artista barquero y varios poemas, entre ellos A un cocuyo.
En noviembre de 1861 arribó a la ciudad de Matanzas. Participó en el bazar para la construcción de un nuevo teatro y presidió los Juegos Florales organizados por el Liceo Artístico y Literario, ocasión en que fue coronada. La muerte de Verdugo dos años después en Pinar del Río supuso un duro golpe para Tula que se había trasladado a esa ciudad.
Volvió a La Atenas de Cuba para despedirse de sus amigos y admiradores antes de dejar para siempre los paisajes yumurinos el 12 de mayo de 1864. Aquí dejaba la impronta de su obra y también la fascinación causada por su personalidad transgresora y peregrina. Se llevaba ella la calidez criolla y el aprecio que le negaron la mayoría de los hombres y mujeres en tierras peninsulares, donde murió sola y sumida en la religiosidad.

 

 

 

 

 

 

Feria del libro: de luces y sombras

Feria del Libro en Matanzas
Feria del Libro en Matanzas

La feria del libro constituye un evento cultural esperado por los matanceros, no solo por la posibilidad  de adquirir libros, sino además porque rompe la natural monotonía de las calles yumurinas. Esta edición, que abarcó desde el miércoles hasta el domingo último, atrajo a un número considerable de personas; aunque se pretendió que tuviese un carácter diferente, de integración de las artes, dejó varias insatisfacciones.Leer más »

Poetas matanceros en El sombrero de Zequeira

Ediciones Matanzas mantiene su espacio El sombrero de Zequeira, en la XXIII Feria Internacional del Libro Matanzas 2014.
Ediciones Matanzas mantiene su espacio El sombrero de Zequeira, en la XXIII Feria Internacional del Libro Matanzas 2014.

Con la convicción de que la poesía es esencialmente mezcla de locura, razón y espiritualidad, Ediciones Matanzas mantiene su espacio El sombrero de Zequeira, en la XXIII Feria Internacional del Libro Matanzas 2014.

Inaugurando en esta edición la nueva sede de la Casa de las Letras Digdora Alonso – sita en la calle Santa Teresa, entre Milanés y Manzano –  ofrece durante toda la feria un programa en el que se mezclan la presentación de libros, el intercambio con autores y el disfrute de la música.Leer más »

Tula, la voz peregrina

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Parecía envuelta en sombras La Avellaneda, sus versos se habían tornado nostálgicos y místicos con el paso del tiempo. La sociedad le hizo pagar caro su feminismo, su orgullo, su desprecio a las tareas “propias de mujer”. No encontró un hombre que la comprendiese y la llama de su pecho aunque no apagada se hizo más pálida. En su casa, rodeada de espesas cortinas, estaba sola.Leer más »