Ustedes son los protagonistas.

por Fernando Martínez Heredia *

Fernando Martínez Heredia
«Pero nunca esperé homenajes, ni cuando éramos centro de tareas hermosas ni cuando pasamos al olvido. A eso me ayudaron José Martí y la Revolución» Foto: Tomada del blog La isla desconocida

Desde que era muy pequeño leía todo lo que hallaba, y de muchacho la revista Bohemia fue mi escuela política. Pero ni soñaba en que vendría una gran revolución, que me formó y me cambió una y otra vez, y que por ella llegaría a ser el director de una revista cubana prestigiosa. Pero nunca esperé homenajes, ni cuando éramos centro de tareas hermosas ni cuando pasamos al olvido. A eso me ayudaron José Martí y la Revolución. Ahora, aunque en estos últimos años los que hicimos la revista nos hemos tenido que ir acostumbrando, me emociona mucho recibir este agasajo.

Pero me sobrepongo y contemplo y admiro su sentido profundo. No somos los protagonistas los que un día hicimos Pensamiento Crítico, los jóvenes revolucionarios cubanos comunistas de entonces. Son los jóvenes cubanos revolucionarios, los comunistas de hoy, los que al calor del homenaje, el rescate y el debate pasan la escuela política del presente y hacen la vela de armas que requiere el futuro de luchas en las que se empeñarán y vencerán. Ustedes son los protagonistas.

 

*Palabras en el coloqiuio «Con arreglo a esta opinión trabajaremos. A 50 años de la revista Pensamiento Crítico» 21 febrero 2017.  Dichas al final de la tarde, al concluir la tercera mesa de debates: “La revista ante los desafíos de la práctica revolucionaria que necesita Cuba hoy”

La conflictiva relación entre periodismo y política en Cuba

Go to the profile of Sergio Alejandro Gómez Por Sergio Alejandro Gómez  (Periodista cubano dedicado al análisis de temas internacionales)

Acostumbro a escribir desde la seguridad de la tercera persona, pero sería hipócrita entrar en el debate del periodismo y la política en Cuba sin aclarar desde un inicio que habla una parte implicada.

Desde hace varios años me levanto todos los días con ganas de hacer periodismo, aunque no pocas veces me acueste pensando si no habría sido más saludable estudiar una ingeniería. Kapuscinski desterró a los cínicos de este oficio, pero no dijo nada de los masoquistas.

En un acto de homenaje al diario Revolución en 1961, Fidel hizo un llamado a asumir posiciones ante el inminente enfrentamiento contra el imperialismo.

“Hay que tener siempre presente que antes que el periódico están los intereses de la Revolución. Primero la Revolución y después el periódico”. Luego aclara que no está pidiendo un sacrificio en “la variedad, el estilo y las características de los periódicos”.

Leí estas palabras por primera vez en la biblioteca de Granma, como contraportada de un libro de los ochenta sobre la profesión. Más tarde busqué el lugar y el contexto en que habían sido dichas, a solo unos días de la invasión por Playa Girón.

Creo que defender el proyecto colectivo de soberanía y justicia iniciado en 1959, y al mismo tiempo abordar con honestidad y de la forma más abarcadora posible los problemas de la sociedad, siguen siendo los principales objetivos de una prensa revolucionaria.

El conflicto surge cuando entran en aparente contradicción. La forma en que se ha zanjado el debate durante las últimas décadas, es quizás la causa principal de los tantos problemas con que carga la prensa cubana, criticada por igual en las calles que en el Consejo de Estado.

La visión que podríamos llamar “dogmática” asume la relación entre el espacio de lo político y el periodismo como de subordinación directa, sin margen para la dialéctica ni la negociación inteligente. Así, los intereses políticos (o peor aún, los intereses de los políticos) siempre estarían por encima del ejercicio consecuente del oficio, e incluso de la lógica. De ahí surgen los silencios, las verdades a medias y las preguntas que todo el mundo se hace, pero nunca se ven reflejadas en los medios.

Creo que, con contadas excepciones, esta es la posición dominante en el escenario actual, no solo de la prensa, sino de la comunicación en Cuba.

Algunos justifican que precisamente gracias a muchos de esos silencios y omisiones la Revolución ha llegado hasta aquí, en medio de una historia de adversidad difícil de resumir. Sin embargo, cada día estoy más convencido de lo contrario: la Revolución ha llegado hasta este punto “a pesar” de esos errores, porque tiene otras fortalezas, la primera de ellas el genio de Fidel Castro.

Pero las distorsiones acumuladas generan monstruos en uno y otro lado que pueden terminar por repetir el mito de Saturno, que devoraba a sus propios hijos.

Hay cada vez más periodistas que no saben preguntar y políticos incapaces de responder, las habilidades básicas de cada uno. Las situaciones llegan al punto de la comedia, como el ya mítico cuento del presidente que se bajó del avión y se acercó a un grupo de periodistas cubanos dispuesto a dar una entrevista, pero ninguno tenía una pregunta que hacerle.

Del otro lado, tratando de abolir los vicios de la politiquería, está tomando fuerza la figura de un tecnócrata de las sombras que es incapaz de rendir cuenta de su trabajo y, en verdad, no le importa hacerlo. Solo se preocupa de sus superiores y es incapaz de comunicarse con una persona normal. Cuando lo intenta utiliza la misma jerga que en una reunión de especialistas.

La reciente reducción de los precios de algunos productos terminó en confusión ante la incapacidad de los ministerios implicados para explicar la forma en que las personas se iban a beneficiar.

Si la atrofia es tal que cuesta trabajo dar buenas noticias, quizás se entienda mejor por qué ningún dirigente cubano ha salido a dar la cara por el precio astronómico de la venta liberada de carros.

Y lo peor es cuando se confunden los papeles. Se les pide a los medios que hagan el trabajo que no hacen los políticos mientras los políticos se dedican a hacer el trabajo de los periodistas.

La separación entre la agenda política, lo que dicen los medios, y lo que vive y piensa el ciudadano común, está pasando una cara factura a la prensa cubana, y por consiguiente a la Revolución.

Aunque es un tema recurrente en privado, resulta una y otra vez minimizado en el debate público. Contradictoriamente, somos la plataforma para la discusión de muchos problemas de la sociedad — no siempre con éxito y tino — , pero resulta casi imposible encontrar una reflexión sobre el ejercicio propio.

Las actas de los Congresos de la UPEC recogen nuestro profundo descontento con la forma en que se hace el trabajo, pero cuando el cónclave cierra las puertas, regresamos a las redacciones a hacer el noticiero o el periódico del día siguiente de la misma forma que ayer.

No creo sinceramente que el miedo a las consecuencias del debate sea la explicación, sino la fidelidad de un gremio que siempre ha estado convencido de que la solución llegará “desde arriba”, cuando alguien por fin escuche nuestros sólidos e incuestionables argumentos.

¿Cómo va ir en contra de la Revolución desenmascarar a un político corrupto? ¿Cómo va a ser contraproducente saber cuál fue la sentencia del que ya ha sido juzgado? ¿Por qué no tenemos derecho a conocer nuestra deuda externa y cuánto estamos pagando cada año por los préstamos anteriores? ¿Cómo puede un ciudadano valorar la gestión de un ministro si su presupuesto anual no está disponible de forma clara? ¿Quién puso la regulación que prohíbe tirar fotos dentro de una tienda, que en última instancia podría ayudar a quienes cometen delitos? La lista es dolorosamente larga.

La situación, lejos de mejorar, empeora cada día. Al igual que en “Palabras a los intelectuales”, tras lo dicho por Fidel queda algo flotando en el aire: quién o cómo se deciden los márgenes de lo revolucionario; qué queda dentro y qué queda fuera.

La respuesta no puede ser otra que una fórmula participativa, democrática, pues la Revolución somos todos, incluidos los periodistas.

Es necesario empoderar la visión “antidogmática”, que parte de asumir que entre lo político y el periodismo hay una relación indisoluble pero sujeta en cada caso a negociación y búsqueda de consensos; que entiende la información como un derecho ciudadano y no como un mero instrumento en función de determinados objetivos, por más altruistas que estos sean. La que surge tras interiorizar la revolución ocurrida en los últimos años en las formas de consumo de los públicos.

El televisor se puede apagar y el periódico terminar en la basura. Hace mucho tiempo está superada la idea de que tener los medios garantiza las audiencias. Además, las personas siempre tienen la opción de no creer. Y no hay nada más peligroso para un sistema que perder su credibilidad.

Tampoco se puede ser ingenuo. El mero acto del periodismo es una actividad política. Nadie habla por hablar. Pero intentar hacer política — por y para la política misma — en los medios de comunicación, termina matando la esencia de nuestra profesión.

El periodismo tiene primero que ser, para luego encauzar su intencionalidad, con mucha sagacidad e inteligencia, siempre bajo la lupa de los principios.

Y esta reflexión es más imperiosa ante la evidente emergencia de medios de comunicación privados que utilizan el periodismo — en la mayoría de los casos con calidad— a favor de sus intereses políticos.

No pretendo ser ambiguo al respecto. Creo en el derecho que cada cubano tiene de proponer un proyecto de país distinto al actual, siempre que actúen de manera ética y no al servicio de potencias extranjeras.

Lo que me preocupa es el derecho a defender el mío.

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https://delupasycatalejos.wordpress.com/2015/06/22/ser-periodista-es-complicado/

 

Ana Belén Montes. El espionaje, la ética y el deber.

Por Rey Montalvo

s635-0206171657.source.prod_affiliate.84“Espero que Estados Unidos desarrolle una política con Cuba fundamentada en el amor al vecino, una política que reconozca que Cuba, como cualquier otra nación, quiere ser tratada con dignidad y no con desprecio.”

Esto no lo dijo Obama, aunque ahora se presenta como el máximo defensor de la equivalencia entre los países; no es una frase desenvainada de la historia norteamericana, que siempre ha tenido líderes inconsecuentes entre actos y discursos; esto lo dijo una mujer y a muchos les pareció extraño.

Ella fue una gran agente de los Estados Unidos, trabajó para la DIA y el Pentágono, se codeaba con los analistas de la CIA y la Casa Blanca, era miembro del secreto “grupo de trabajo inter-agencias sobre Cuba”; pero más que todo, Ana Belén Montes respiraba como los buenos seres humanos, los justos, los mortales, a los que misteriosamente llamamos héroes por creerlos perfectos.

Ana Belén Montes no quiere ser heroína, es demasiado humilde; no quiere que pidan por su libertad, asume la culpa de no cumplir las órdenes improcedentes de su gobierno. Ayudó a Cuba porque pensó que era lo correcto, y no se arrepiente. En el juicio (hace 15 años) donde la llamaron traidora, dijo:

“Todo el Mundo es un solo país (…) Este principio implica tolerancia y entendimiento para las diferentes formas de actuar de los otros. Él establece que nosotros tratemos a otras naciones en la forma en que deseamos ser tratados, con respeto y consideración. Es un principio que, desgraciadamente, yo considero, nunca hemos aplicado a Cuba.”

Muchos pedimos por la libertad de Ana Belén Montes, que no cumplió con su deber resueltamente como los seres pobres de espíritu; actuó según la frase de un puertorriqueño como ella (Pablo de la Torriente Brau): “el deber termina donde empieza la arbitrariedad de la ley”.

(http://cubalaopinion.blogspot.com)

La Feria de los dinosaurios

Por Rey Montalvo

Por sugerencia de una amiga salí a buscar 1984 en la fortaleza San Carlos de la Cabaña, sede principal de la Feria Internacional del Libro de La Habana; pero la polémica novela de Oswell se agotó demasiado rápido y no alcancé a descubrir, en ese entonces, la relación de Winston y su pánico a las ratas, con el Gran Hermano.

Un hombre me gritó: “Compra el libro más vendido de la Feria, regálate los rompecabezas de dinosaurios”. Lo vi de lejos en las mesas y luego en muchos bolsos, sentí una ligera angustia.

Caminé desorientado entre pregones y olores (no a libro, sino a comida); estaba medio aturdido por la música alta y divergente al contexto literario. Después de una búsqueda exhaustiva, encontré una biografía de Neruda a solo tres pesos en moneda nacional (que agradecí asombrado), un ejemplar de Infidente, premio de novela Alejo Carpentier 2015, y algunos textos de cocina para cultivar pasiones.

Siempre aplaudo el asequible precio de muchos libros, mayormente en plataformas cubanas, la oportunidad exquisita de conocer autores y la presencia de diversas editoriales lo cual, también, garantiza variedad.

Si no salí en paz del lugar no fue tanto por la ausencia de Elpidio Valdés para los niños, porque las Barbies, Mickey Mouse y Winnie Pooh son sustitutos remotos (infelizmente), que además se alzan como símbolos en todas las atracciones; no fueron los afiches de Leo Messi y Cristiano Ronaldo por todas partes como escritores valiosos, y muchos jóvenes sin conocer el rostro de Nicolás Guillén, ni su merecida condición de Poeta Nacional; no fue la ubicación desprolija de las editoriales, donde a un patrimonio como Vigía la rodeaban camisetas del Fútbol Club Barcelona; tuvo que ver (sintiéndolo como un todo) con el peligroso vaho del consumismo neoliberal, los alaridos de los mercaderes para ofertar sus libros sin letras, cotizados por niños y adultos con una posición económica alta.

Me decepcionó la falta de Galeano y Benedetti (uruguayos, por demás) en los estantes; la abundancia de textos caros mientras más ligeros; el rostro de algunos, que como yo, no encontraron la dignidad que fuimos a buscar en la Feria.

¿Merecen los autores, después de tanto proceso creativo, no poder presentar su libro con comodidad por el ruido de varios cantos a la vez? ¿Merecen las instituciones cultivadoras del buen arte, después de muchos meses de preparación, que el efectismo mercantil estigmatice el evento? ¿Merecen los lectores serios sentirse desplazados de su propia casa?

Está en peligro la identidad cultural, la supervivencia del buen gusto, la perdurabilidad del evento como una plataforma mística y no como una feria de culto a la gastronomía musical, los trampolines para niños y la farándula deportiva. Existe el riesgo de olvidar autores propios y perder los símbolos de nuestra literatura. No quiero vivir un futuro de alienación y desmemoria.

Al final le pedí prestado a mi amiga aquel libro que buscaba, me cautivó la trama y no pude desprenderme de él hasta el final. Me identifiqué con el personaje, porque también temo demasiado a las ratas; no obstante, descubrí que no era mi mayor miedo. Profundamente me hace temblar la idea de escuchar, otra vez, que lo más vendido de la Feria Internacional del Libro son rompecabezas de dinosaurios.

(Tomado de http://cubalaopinion.blogspot.com/)

La lupa y el catalejo

Cada lunes leo con avidez los comentarios que esta Maestra publica en la edición dominical de Juventud Rebelde. Porque admiro su lucidez, su juventud intelectual, me invadió una alegría casi infantil cuando encontré la semejanza entre el título de la columna de esta semana y el nombre de mi blog. Y aunque no  tienen que ver sus palabras con mi humilde plataforma, me inspiran a seguir…

Por Graziella Pogolotti Graziella Pogolotti

La lupa agranda lo pequeño. El catalejo acorta las distancias. Literal o metafóricamente, hechos a la medida del ojo humano, ambos instrumentos sobreviven a la creciente irrupción de las nuevas tecnologías. La lupa nos permite hurgar en lo más íntimo y recóndito de nuestra realidad, en los detalles reveladores de la esencia de nuestros conflictos. El catalejo define, en el aquí y en el ahora, las coordenadas básicas del mundo en que vivimos.

En días recientes, sus Santidades, el Papa Francisco y el Patriarca Kirill, firmaron en La Habana un documento de enorme alcance en un planeta cargado de incertidumbre, amenazado por la autodestrucción de la naturaleza y la desaparición de los seres humanos que la habitan, devorado por el insaciable afán del lucro y por la indetenible carrera armamentista.

Muchos observadores subrayan la importancia de salvar el cisma milenario que separó a los cristianos de Oriente y de Occidente. Vía de superación de antiguos fundamentalismos, este gesto, de indiscutible valentía, traduce en hechos concretos una proyección ecuménica largamente acariciada. Su significado sobrepasa el hábito circunscrito a los creyentes.

Las iglesias y las naciones siempre han tenido clara conciencia del poder convocante de los símbolos. Cristóbal Colón plantó los pendones de Castilla y Aragón en la isla semidesierta de las Bahamas, para dejar sentada la apropiación de un mundo que, desde entonces, se llamaría Nuevo. El Papa Francisco y el Patriarca Kirill enviaron un mensaje cargado de sentido al escoger a La Habana como sitio de encuentro. En momentos de tanta trascendencia, nada es casual. En efecto, calificaron el sitio seleccionado de «encrucijada entre el norte y el sur, entre el este y el oeste». En el siglo XVIII, el historiador Arrate definió a la Isla como «llave del nuevo mundo y antemural de las Indias Occidentales». Por supuesto, el criollo ilustrado se situaba todavía en la perspectiva de Madrid y se centraba en los rasgos del entorno geográfico.

Ahora, sin embargo, en pleno siglo XXI, ante los peligros que nos amenazan, los firmantes no aluden a la geografía. Tampoco evocan el puerto que acogía a las flotas antes de cruzar el Atlántico, cargadas de oro y plata arrancados a las entrañas de América. Reconocían en Cuba, en el Caribe, y en la Tierra Firme, un espacio comprometido con la defensa de la paz, libre también, por común acuerdo, de armas nucleares.

En el trasfondo de tan prístina declaración, intervienen también razones de orden histórico y cultural. Con palabra profética José Martí percibió temprano que el centro de gravitación del mundo comenzaba a abandonar a Europa y se trasladaba, con paso de siete leguas, a la otra orilla del Atlántico. Vivió en Estados Unidos sin perder un minuto en el estudio de una sociedad que abría numerosas interrogantes al porvenir. Observó las ansias de expansión y comprendió las intenciones ocultas tras la Conferencia Monetaria Panamericana. «Con los pobres de la tierra / quiero yo mi suerte echar», afirmó, asimismo, el Maestro. Por eso «patria es humanidad».

José Martí empleó simultáneamente la lupa y el catalejo. Fundó la unidad desde abajo. Llevó su oratoria incandescente a los círculos de trabajadores e introdujo el periódico Patria en Cuba de manera clandestina. Tuvo que valerse de los recursos del conspirador. Los detalles descubiertos a través de la lupa le permitieron valorar a los hombres y las mujeres en la medida exacta de cada cual. Así lo demuestra su extensísimo epistolario. Sabe tocar la fibra sensible de cada persona y puede resultar ríspido cuando lo considera necesario. El catalejo se proyecta hacia la más prestigiosa prensa hispanoamericana de la época. En Nuestra América, la isla se inscribe en el proyecto continental.

En cada caso, con precisión de artesano, tiene en cuenta los rasgos característicos del interlocutor deseado. En otro tiempo, Fidel procedió con similar estrategia. La historia me absolverá se distribuyó de mano en mano. Del conocimiento de ese programa surgió el compromiso de los futuros combatientes de la Sierra y el llano, así como su extensa retaguardia. Después del triunfo de la Revolución acudió a la pantalla de la televisión para convocar a la reflexión y al diálogo íntimo mientras andaba por las calles y frecuentaba la Universidad. Al revisar nuevamente su discurso pronunciado en la ONU en septiembre de 1960, podemos desentrañar aspectos esenciales de su estrategia comunicativa. La campaña contrarrevolucionaria había alcanzado una temperatura altísima dirigida a satanizar la imagen del proceso transformador recién iniciado. La tribuna internacional ofrecía el espacio ideal para romper el cerco mediático. Pero el orador había identificado a sus interlocutores verdaderos en aquella sala repleta. Eran los recién llegados, representantes de antiguas colonias que estaban conquistando su independencia política. El catalejo se orientaba hacia el Tercer Mundo. El llamado de ese día al cese de la filosofía del despojo tiene hoy más vigencia que nunca. Con las armas listas para la defensa necesaria, el país reafirmaba su vocación por la paz.

Por su historia y por su cultura, por su solidaridad con los oprimidos, por sus pequeñez altiva, por el empleo de la lupa y el catalejo en favor de la construcción de un proyecto original, atemperado a las realidades de nuestra América, La Habana se sitúa en la encrucijada simbólica, abierta a la paz y a la esperanza, tesoros inapreciables para el diseño de un porvenir mejor.

(Tomado de http://www.juventudrebelde.cu)

Los números de 2015

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2015 de este blog.

Aquí hay un extracto:

La sala de conciertos de la Ópera de Sydney contiene 2.700 personas. Este blog ha sido visto cerca de 8.300 veces en 2015. Si fuera un concierto en el Sydney Opera House, se se necesitarían alrededor de 3 presentaciones con entradas agotadas para que todos lo vean.

Haz click para ver el reporte completo.