Centro Coral: El viacrucis de una casa

El deterioro constructivo de la institución no solo la ha sumido en un virtual anonimato, sino también lesionado una parte esencial del patrimonio intangible en Matanzas

“Las condiciones deplorables atentan contra la preparación. La voz sufre”, afirma Líber Lora.
“Las condiciones deplorables atentan contra la preparación. La voz sufre”, afirma Líber Lora.

Muchos jóvenes, y algunos no tanto, desconocen que en la calle de Medio -frente a la tienda La Reina y a la izquierda de la miniplanta de helado- se encuentra el Centro Coral. Hace ya varios años que los niños y adolescentes no acuden allí a aprender del canto, ni los amantes de la música asisten a algún memorable concierto.

Difícil se torna imaginar que tras esa puerta ensaya el prestigioso Coro de Cámara de Matanzas (CCM), negado a abandonar su sede en las aguas de la desidia; porque como bien cuenta su director, el maestro José Antonio Méndez Valencia, “todo empezó con un pequeño hueco que se fue haciendo grande”.

Y LA ABERTURA CRECIÓ          

En 2008, el Coro partió a Venezuela como parte de la Misión Cultura. Durante su estancia, dos ciclones azotaron la Isla. El último levantó por una esquina la manta que recubría el techo y dejó un resquicio por el que penetraba la lluvia.

“Mi esposa me contó por teléfono lo que pasaba, y yo se lo comuniqué a la entonces directora provincial de Cultura; quien contestó que para cuando regresáramos estaría resuelto. Nunca se arregló”, relata Méndez. Así inició lo que él califica como un viacrucis, porque la abertura creció y los estragos de la humedad sobre paredes, carpintería, vitrales y muebles, también.

El techo de la parte posterior de la casa aún no se ha cambiado y las filtraciones afectan la estructura.
El techo de la parte posterior de la casa aún no se ha cambiado y las filtraciones afectan la estructura.

Alrededor del 2010, una brigada de la Empresa Provincial de Mantenimiento y Construcción del Poder Popular intervino en el edificio. “No llegaron a feliz término, decían que el Centro de la Música no pagaba.

“En 2015, cuando se dedicó el Festival Cubadisco a la música coral, hablé con Orlando Vistel, presidente del Instituto Cubano de la Música, entonces se destinó dinero a la reparación y contratamos a una brigada de cuentapropistas”. Luego de problemas con la moneda de pago, lograron que se cambiara la cubierta de la parte delantera de la casa.

En la actualidad, aguardan por capital para culminar las labores; una espera matizada por encuentros con la Uneac, representantes gubernamentales, y promesas de chequeos al avance de la obra que nunca tienen lugar.

LA CASA DE LOS COROS

En la edificación radicó el Conservatorio de Música Señoritas Cóndor Ruiz de La Torre, cuya familia la donó al gobierno, y este, a su vez, se la otorgó a la Dirección de Aficionados de Cultura en la segunda mitad de la década de los 80, con el fin de establecer el Centro Coral para Niños.

El objetivo no era convertir a los infantes en músicos sino que pudieran cantar. “Venían dos veces a la semana, llegaron a ser alrededor de 300. Así se consolidó un movimiento del que surgieron el Encuentro Provincial de Coros, el Seminario Nacional para Instructores de Arte, discos, documentales; y la misma experiencia de enseñanza se extendió a las municipios. Como para entonces yo dirigía el Coro Profesional, también vino para aquí”, relata Méndez.

De tal forma, aquella comenzó a conocerse como la casa de los coros. Allí tuvieron su espacio las cantorías infantiles, coros aficionados de centros de estudio e, incluso, la Cátedra de Canto y Dirección Coral de la Escuela de Nivel Medio de Música.

Líber Lora Carballo, quien se inició en el Coro del Pedagógico y hoy integra el CCM, recuerda lo hermoso y confortable de la institución. “Había una sala de conciertos bien conformada, y presentaciones todas las semanas”.

Tal labor menguó debido al detrimento del inmueble. “No podemos traer a ningún niño porque cualquier perjuicio sería responsabilidad nuestra. Las cantorías buscaron espacios alternativos y la mayoría ha desaparecido”, afirma Reynaldo Montalvo Carreras, integrante de la agrupación coral.

foto-3No obstante, aunque en determinados momentos ensayó en locales ajenos, el Coro se mantiene en el lugar y ha trabajado bajo el influjo de la lluvia, el viento y la pobre iluminación, dispuesto a defender su sede.

Montalvo comenta que en tales condiciones tragan polvo y su colega José Miguel Alfonso Campos habla del calor, el peligro y de cómo las paredes vibran con el sonido. Aunque reafirman la incidencia negativa sobre el rendimiento y la motivación, coinciden en que ello no les ha impedido participar en eventos e intercambiar con otros coros.

Diosdado González Granda, uno de los miembros de mayor experiencia, opina que ahora resulta muy difícil encontrar un cantor. Y en realidad, la falta de un relevo que se forme desde la infancia se halla entre los saldos negativos. “La sala White no funcionó por muchos años, el Teatro Sauto continúa cerrado, no teníamos donde presentarnos y el público se perdió”, añade José Miguel.

La música coral constituye una faceta del patrimonio intangible de la provincia; y varias generaciones de matanceros solo han disfrutado de un escaso contacto con ella. Este Centro no merece el destino de las reparaciones indefinidas. Ojalá su esplendor y vitalidad regresen pronto.

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La lúcida “locura” de enseñar

Ellos dicen que “quien trabaja siempre tiene algo que hacer”. Descreen del poder inmovilizador que apareja el fatalismo geográfico, y tampoco consideran que su labor sea nada del otro mundo, sino “lo que corresponde”.

Sin embargo, aquellos que se tropiezan por vez primera en las calles de Los Arabos con el afán emprendedor de Katia Chávez Díaz y Freddy Casanova Ortiz, quedan sorprendidos. No son frecuentes –ni siquiera en la capital provincial- tales deseos de impulsar el acercamiento a la palabra escrita como remedio para desterrar los vacíos espirituales.

En el festival El Parque de las metáforas los niños descubren y recrean esa figura literaria, y la plasman con tiza en el piso. Así los vocablos inundan el espacio principal del pueblo y relegan la apatía, objetivos de ambos especialistas de Literatura de la casa de cultura Nipón Mondéjar. Pero más insólitas aún son sus ocurrencias, como la pasarela de mascotas disfrazadas, a la que ya no solo llegan perros, sino también gallinas y hasta un hámster.

“Tres personas trabajamos con la manifestación e impartimos los talleres de apreciación literaria en los distintos niveles de enseñanza, a partir de cuarto grado; también se encuentra el de creación. Gratifican los premios de los alumnos en los concursos nacionales; pero todavía más, cuando alguno supera todas las etapas y continúa escribiendo”, explica Freddy.

Él mantiene, asimismo, la tertulia mensual Vino arabense; la peña El ingenioso hidalgo, que aboga por la prevención de las ITS; y el espacio Sin barreras, con personas discapacitadas. Katia, quien comenzó como tallerista, reparte su tiempo entre los pequeños y los longevos, porque la palabra no cree en edades.

Así, defiende tanto El árbol que escucha, para los niños de primaria, como Cultivando la oralidad, en el Hogar de ancianos, donde le dicen ‘la alborotadora’ porque “mi objetivo es hacerlos reír”. De igual forma, se dedica a la Sobremesa literaria en el comedor comunitario.

En el verano y las semanas de receso también hay tareas pendientes, porque no puede primar la inactividad y tampoco suceder que el cuento y la poesía se pierdan a un cultivador por falta de oportunidades. No tienen recursos materiales, ni siquiera una computadora donde teclear los trabajos, y mucho menos acceso a Internet, mas se las arreglan para enviar las obras lo mismo a Madrid que a Tegucigalpa.

No hay concurso que se les escape y se atreven a más, convocan a uno nacional, el Benigno Vázquez. De tal forma, llegan escritores de toda Cuba a Los Arabos y los satisface, no grandes premios ni comodidades materiales, porque no existen, sino la calidez humana de unos organizadores que lo dan todo, hasta su casa.

Gracias a las gestiones, varias entidades locales entregan premios colaterales, y aunque desde la divulgación hasta el hospedaje se precisan esfuerzos titánicos, el número de obras en certamen aumenta cada año.

Quizás parezca locura empeñarse en la enseñanza y la creación de la literatura desde un municipio distante, signado por la pérdida de tradiciones, el envejecimiento poblacional y el éxodo de los jóvenes. No obstante, hay locuras que salvan el día, y mucho más.

Museo Memorial El Morrillo: Cerrar sería absurdo

En El Morrillo el patriotismo entra por los poros, quizás por la sangre valiente esparcida muy cerca de allí; pero también por los muros con historia, los vestigios aborígenes, la belleza silenciosa dela desembocadura del río Canímar y la regia estirpe de la bahía.

Sin embargo, situarse en ese paisaje privilegiado es para el Museo Memorial a la vez que suerte, dificultad. La lejanía influye en las condiciones de trabajo, la fluctuación del personal, y la proximidad con el mar contribuye al deterioro de la construcción.

DETENER A LOS PIRATAS…

Fue en sus inicios un torreón y luego batería de costa para la defensa del Hato de Canímar. En el siglo XVIII, un grupo de hacendados de la próspera y apartada zona facilitó el dinero inicial para la edificación, con el objetivo de evitar ataques de corsarios y piratas.

El Morrillo es la única batería de costa que se conserva en la ciudad de Matanzas

Durante el periodo colonial fungió como registro de aduanas y en la República asumió funciones de apostadero naval. En 1934 se le abandonó por completo y por eso Guiteras lo escogió, un año después, como punto de embarque. Lo que sería un expedición hacia México para volver luego a la Isla y hacer la revolución, se frustró por un delator y el fundador de la Joven Cuba cayó masacrado junto al venezolano Carlos Aponte.

Los cadáveres de ambos revolucionarios se enterraron en el cementerio de Matanzas, en el que permanecieron hasta su robo en el 37. No fue hasta el año 1970 que los Órganos de la Seguridad del Estado lograron hallarlos. Permanecían tras una pared falsa del sótano de la casa de José María García, en el barrio de Pogolotti. En dos cajas de zinc, cubiertas con las banderas cubana y venezolana, se hallaban los restosperfectamente conservados. García los había sustraído para impedir una profanación.

Se les expuso en el Museo de la Revolución y en medio de las valoraciones sobre la futura ubicación, surgió la idea de reconstruir El Morrillo, para entonces en ruinas, y depositarlos allí. En 1974 comenzó la labor de reconstrucción, apegada a los planos originales.El 8 de mayo de 1975 se inauguró el Museo Memorial –único de la provincia- y en 1978 recibió la condición de Monumento Nacional.

PATRIMONIO INSEGURO

En toda Matanzas, solo esta institución tiene el honor de salvaguardar restos de patriotas. Se conservan, asimismo, el bote en que fueron trasladados sus cuerpos, un escalpelo utilizado en la autopsia de Guiteras y toda la documentación de la organización Joven Cuba.

“Por estar enclavada en un área de importancia arqueológica, con uno de los más significativos sitios de agricultores ceramistas de Cuba, y el mayor y más antiguo cementerio aborigen, posee un patrimonio muy rico al respecto. Cuenta, además, con una colección de paleopatología de más de 50 piezas, única de su tipo expuesta en la nación”, refiere Dianerys Ramos Pérez, especialista principal.

En la actualidad, el museo se halla desmontado, pues a partir de 2015 entró en reparación. “La situación constructiva era pésima, el techo se filtraba, se cayeron dos vitrinas, había comején”, añade.

Planta alta de El Morrillo
Planta alta de El Morrillo

La directora Gisela Álvarez Polo explica que iniciaron con la cubierta y en 2016, con los 74 000 pesos disponibles, arreglaron los balcones que estaban casi desprendidos y las ventanas de la segunda planta. “El dinero para este año ya se agotó. Solicitamos 100 000 para el próximo, con el fin de trabajar por prioridades: el puente de entrada, museografía, repello, pintura, problemas eléctricos”.

Local de oficinas de El Morrillo
Local de oficinas de El Morrillo

De igual forma, la edificación cercana donde se ubican las oficinas tiene un dictamen de peligro de derrumbe. “Quien trabaja aquí lo hace por sentido de pertenencia, no tenemos transporte, almuerzo, ni siquiera una computadora.

“El sistema telefónico es caduco, si hay viento o se va la corriente nos quedamos incomunicados. Desde las tres de la tarde hasta las ocho de la mañana dos serenos cuidan la instalación. Por aquí se han producido salidas ilegales. También, cuando cierran los centros nocturnos, se llena de carros, lo mismo vienen parejas que personas a resolver disputas”, afirma la directora.

La PNR ya no hace rondas hasta el sitio y el Consejo de la Administración Municipal rechazó la idea de colocar una garita para regular el paso. La sala túmulo no posee alarma, tampoco hay locales enrejados. “Tomamos la determinación de que los custodios cuiden de las puertas hacia adentro, por su propia seguridad”, agrega.

La museografía databa del año 75
La museografía databa del año 75

En medio de las alarmantes dificultades, la museóloga Giselle Gil Medina continúa el trabajo con niños y adolescentes de la comunidad, círculos de interés, museos móviles y proyectos socioculturales. Los que se duelen por este guardián de la historia, aunque saben que aún de aprobarles el dinero solicitado no terminarán de hacerlo todo, sueñan con lograr, poco a poco, un museo más atractivo y funcional.

“Queremos un montaje para muchos años. Puede que nos demoremos, pero hay que pensar en el futuro, lo barato sale caro. Nos mantenemos y mantendremos abiertos. Cerrar sería absurdo, las personas siempre llegan, y aunque sea les brindamos las explicaciones”, dice Gisela.

Ojalá se tomen medidas antes de que deba lamentarse algún hecho. El Morrillo merece los mayores esfuerzos; Guiteras y Aponte, todo lo que pueda hacerse y más.

 

Teatro Principal: De olvidos y resistencia

Sin temer al tiempo y su poder destructivo, la fachada del Teatro Principal permanece en pie, estoica y digna. Desde el anonimato, en la calle de Manzano entre Ayuntamiento y Jovellanos, parece como si detrás de sus muros hubiese una puerta al pasado. Se resiste a morir, aunque han transcurrido más de 150 años desde que cerrara.

Cuentan quienes tuvieron la dicha de volver a él en este siglo, que unas golondrinas se quedaban en un cable, muy quietas, mirando los ensayos; y a ellos se les antojaba que el alma de Milanés estaba cerca. Sentían la espiritualidad de un edificio vivo, donde las obras del romántico bardo –El Conde Alarcos entre ellas- se hicieron realidad.

TIEMPO QUE FUNDA Y OLVIDA

Han sido pocos pero fervientes los apasionados por su historia. El investigador y etnólogo Israel Moliner Castañeda publicó el libro  Teatro Principal de Matanzas, que vio la luz en la primera década de este siglo, en medio del empeño por sacar al edificio del abandono.

El conservador de la ciudad la califica como una de las principales edificaciones patrimoniales de Matanzas.

La historiadora Mireya Cabrera Galán comparte el amor por El Principal. “A diferencia de lo sucedido con los anteriores escenarios de la urbe, no era improvisado, se construyó para ser un teatro y fue el primero de importancia aquí, además de trascendente en el país. Ello a pesar de su factura modesta –no se define aún quién fungió como arquitecto-, las dimensiones pequeñas y los problemas de ventilación, sobre todo en el palco principal, donde se ubicaban las autoridades. La fecha exacta está por precisar, pero todo apunta a que abrió en 1830”.

Refiere la investigadora que actuaron allí la Compañía de Ópera Italiana de La Habana con Concepción Cirártegui, primera cantante profesional de ese género en la Isla. En 1848 la matancera Úrsula Deville protagonizó Norma de Bellini.

También destacan los nombres del violinista José White, el pianista norteamericano Luis Moreau Gottschalk, Francisco Covarrubias (reconocido como el fundador del teatro cubano) y la  bailarina clásica austríaca Fanny Elssler, cuya presentación se considera uno de los grandes sucesos culturales de la etapa.

Por más de 30 años brilló, pero resultaba muy angosto y no se correspondía con las apetencias de la segunda plaza mercantil y artística de Cuba. Con el surgimiento del Esteban (Sauto) se apagó paulatinamente y fue logia, lavandería, garaje, vivienda, almacén, comedor obrero…

RESCATAR ES VENERAR

Miriam Muñoz, actriz y directora de Teatro Icarón, sufrió la veneración por El Principal. En 1997 comenzó la labor comunitaria en La Marina, que incluía el trabajo con niños y padres, y el rescate del teatro. Entonces sufrió el rechazo de algunos vecinos que no entendían. Poco a poco, y con el apoyo de la delegada, la comunidad se entusiasmó. No sucedió así con los trabajadores de un comedor perteneciente a Comercio que radicaba en los bajos.

Fueron muchos los conflictos, pero con el apoyo del Poder Popular, que le entregó el espacio, logró resarcir parte de las deficiencias estructurales y, junto a su naciente proyecto Alas de teatro, dar funciones de martes a domingo. “Fue vital Rolando Estévez. A las tertulias mensuales asistieron Antón Arrufat, Nancy Morejón, Enrique Pineda Barnet… Después de cien años volvían a encenderse las luces”.

Aún se conmueve cuando recuerda el dictamen de peligro de derrumbe de un lugar que consideraba su casa. “Se logró un trabajo de apuntalamiento increíble y seguimos. Hasta que un día en la planta baja afectaron una columna principal mientras hacían un arreglo y me avisaron que una pared había colapsado. Yo no quería irme, mis actores tampoco, pero ante el peligro y la inercia tuvimos que despedirnos en el 2006, y lo hicimos con un performance, vestidos de luto”.

El dramaturgo y director de la Casa de la Memoria Escénica, Ulises Rodríguez Febles rememora ese empeño, “contribuyó a que el pueblo matancero volviera la mirada hacia uno de sus escenarios más significativos. Se gestó un espacio pedagógico y creativo, un movimiento teatral. Ver una obra propia representada allí te conectaba a nivel simbólico con la historia, con Milanés”.

LUCES…

La restauración del Teatro Principal se concibe desde el Consejo de las Artes Escénicas y la Oficina del Conservador. Aunque solo quedan cuatro paredes y la fachada, planifican mantener esta última y hacia el interior edificar un espacio dedicado a la danza.

“Se prevé que sea sede de un proyecto danzario y también del naciente conjunto lírico. Ahora se gestiona el financiamiento con colaboración extranjera. Apoyamos el proyecto, hablamos de él en todas partes. Es uno de los pocos teatros nombrados Principal que se mantiene en pie en el país”.

Muchos se preguntan en virtud de qué artificio resiste este sitio todos los olvidos de sus 186 años de existencia. Quizás presiente que no muy tarde vivirá tiempos mejores, en los que no solo una pequeña placa rinda tributo a lo que fue.

Bajo el mismo techo…

Convivir implica establecer y respetar los límites propios y ajenos. No siempre es fácil, sobre todo cuando se trata de personas de distintas edades y, por tanto, con diferentes intereses y necesidades

Por Lianet Fundora Armas y Yeilén Delgado Calvo

La abuela ve Palmas y cañas, un poco alto porque no oye bien. El nieto quiere cambiar de canal a ver si encuentra algún dibujo animado. La nieta se queja porque está aburrida y en la memoria tiene “lo último” en videos musicales. El padre amenaza con desconectar el televisor de la corriente si todos no se ponen de acuerdo de una vez. La madre, taciturna en un butacón, sueña con una TV solo para ella donde mirar seriales policíacos. La tía permanece en el patio, no lucha por ver la película de Multivisión, prefiere leer un libro y evitar la batalla campal.

Cambian las situaciones, la composición, el poder adquisitivo, pero en buena parte de los hogares cubanos se experimentan los retos de la convivencia intergeneracional. En la Isla, la familia se caracteriza, de forma general, por las estrechas relaciones entre sus integrantes, vivan juntos o no. Comunicación regular, clara definición de los roles maternales, paternales y filiales, y encuentros sistemáticos son algunos rasgos fáciles de identificar.

Sin embargo, la crisis económica que por décadas ha afrontado el país, la poca capacidad constructiva del Estado y los bajos salarios determinan una convivencia forzada en el mismo espacio, y no por libre elección como debiera ser. Así, los nuevos núcleos que surgen por matrimonios o uniones consensuales se suman a los ya existentes en las viviendas, y no siempre logran coexistir sin desavenencias.

QUIEN SE CASA Y NO TIENE CASA

“La convivencia puede resultar complicada porque cada uno se formó o crió en etapas diferentes, y así son sus visiones. Los jóvenes queremos otras cosas, aspiramos a más; hoy te casas y tienes dos opciones: vivir con tus padres o con los padres de ella. Si tienes suerte y los suegros son buenos, entonces no hay problema; pero si te tocan difíciles, el matrimonio está condenado antes de empezar, al fin y al cabo es su casa, no la tuya.

“La cosa se pone más difícil al tener hijos. Cuando la familia es amplia y hay pocos cuartos se pierde la intimidad y se deteriora todo”, comenta el ingeniero Etian Menencia García.

Raúl Piad, también joven profesional, cree que compartir el hogar afecta la dinámica social dentro de este. “Primero se encuentra el choque de los diferentes puntos de vista, lo cual puede ser positivo o negativo a la hora de, por ejemplo, tomar una decisión. A veces se producen discusiones por querer imponer una opinión.

“También se halla el tema del espacio vital. Algunas casas cubanas ni siquiera son aptas para todas las edades o no pueden alojar a alguien con dificultad para subir las escaleras o que necesite un tratamiento especial. Cuando existe un área común, y varias privadas donde cada uno se desenvuelve más o menos a su antojo no hay problemas, pero si no… Las personas se sienten más a gusto cuando pueden reclamar como suyo un pequeño pedazo de la casa.

“Molesta que los otros miembros, mayores o no, se opongan a decisiones personales; aunque esto funciona en ambos sentidos, a veces son los ancianos los tildados de molestos o no escuchados lo suficiente”, añade Piad.

Tres generaciones comparten en la vivienda de Gisela M. Varela Cárdenas. Para ella no resulta extraño que cada quien quiera su espacio y tenga costumbres y maneras “a veces bien diferentes, sin embargo, se busca el punto medio”.

Desde una perspectiva sociológica, se hace evidente que este fenómeno se expresa como multidimensional, y se relaciona con el modo en que desde el seno familiar cubano –heterogéneo y con prácticas culturales diversas- se establecen consensos sobre proyectos de vida necesariamente diferentes. Por tanto, resultaría baldío pretender una explicación totalizadora.

Junto al problema económico y el habitacional, confluye el envejecimiento poblacional. Los bajos índices de natalidad en la nación y la postergación de la procreación conllevan a la convivencia generacional de extremos: entre una parte menor de 30 años y otra mayor de 60. Ese bache implica más dificultades en la comunicación y en los ritmos de la vida.

Tal tendencia demográfica puede provocar la mayor responsabilidad de los jóvenes -que deben asumir el cuidado y manutención de sus ancianos- o un modelo más paternalista en el que los hijos no se ocupan de encargos hogareños aunque se encuentren en la vida adulta. Las relaciones se pueden tensar y llenarse de un contenido asistencial hacia los adultos mayores, o por el contrario,  no formar competencias y sí dependencias en quienes comienzan a vivir.

Resulta frecuente que donde viven varias personas, solo una o dos se ocupen de las labores domésticas o de idear el orden y manejo de los espacios comunes; el resto se limita al aporte económico porque no se siente con derecho de intervenir, o carece de identificación con un hogar que no forjó y tampoco puede transformar con libertad.

No obstante, la obstaculización a la plena realización del proyecto de vida (personal, profesional) se hace más evidente en el tema de la natalidad. Apuntan las fuentes documentales que en el país muchas parejas, cuando no tienen un lugar propio para residir, retrasan o renuncian a los hijos para no sacrificar la intimidad ni exponer a los futuros descendientes.

De igual forma, se mellan las relaciones amorosas por la imposibilidad de establecer rutinas independientes, de llegar a acuerdos con los familiares, o ejercer la autonomía. Se encuentran con espacios constituidos y solo les queda tratar de adaptarse.

¿CASA = HOGAR?

Yanurys Menéndez Zambrano tiene 43 años y comparte el mismo techo con su madre, hermana y el hijo mayor que tiene 24, pues su hija decidió vivir con el padre. En la cotidianidad, las diferencias entre las edades y los intereses muchas veces se agudizan cuando abuela no comprende por qué el nieto no vino a dormir a casa, o cuando Yanurys sabe que resulta imposible traer a vivir consigo a su pareja.

No obstante, si sobrevienen tiempos difíciles, “resolvemos los problemas entre todos y enfrentamos cada reto juntos”, confiesa Yanurys.

Por su parte, Virginia Ruiz Reyes y su esposo se sienten dichosos por ser uno de los pocos matrimonios que desde el inicio logró tener una vivienda propia. Aunque poseen mayor libertad para la toma de decisiones, en ocasiones no resulta fácil educar a la vez a un pequeño de cinco años y un adolescente de 17.

Entonces, ¿solo la existencia de un espacio físico puede considerarse la clave para formar un hogar equilibrado y funcional?

Para indagar en estas y otras cuestiones Girón dialogó con un grupo de psicólogos del Departamento de Estudios Socioculturales y Psicología de la Universidad de Matanzas. Allí Beatriz Ortet González, Celia Zaldívar Odio, Tania Tintorer Silva y Yusel Reinaldo Martiatu, expusieron sus consideraciones.

Según ellos es posible compartir armónicamente la vida hogareña con independencia del número de personas que residan en una vivienda. Lo cual se logra con el comportamiento positivo de algunos aspectos vitales para una buena coexistencia.

Lograr que la jerarquía esté clara ayuda a delimitar la autoridad y responsabilidad de cada uno en la toma de las decisiones que atañen a la vida de la familia. Cobra gran significación el estilo de liderazgo que predomine, así como la flexibilidad en el ejercicio del mismo, siempre y cuando las circunstancias lo requieran.

“Si bien el estilo democrático es el más aplaudido dentro de los modos de dirigir, a veces se requiere ejercer la autoridad de modo tajante, y otras la permisividad resulta altamente beneficiosa. Debe prevalecer el respeto entre las diferentes generaciones y la aceptación de la singularidad de cada individuo”, afirman los especialistas.

La buena conducción de la jerarquía familiar favorece el desempeño adecuado de los diferentes roles. Porque si cada miembro del grupo familiar cumple con el rol que le corresponde, no habrá posibilidad de sobrecarga en ninguna persona del hogar.

Otros factores calificados por estos psicólogos como potenciadores de una buena convivencia son el establecimiento de reglas y límites precisos para todos, y lograr que la comunicación clara exprese afectos positivos y permita confesar inconformidades, desacuerdos o sentimientos negativos sin carácter violento ni destructivo.

“Las personas creen que el espacio psicológico depende del espacio físico, y no siempre es así. Sobran ejemplos de familias que viven en casas espaciosas y cómodas  y no tienen relaciones armoniosas, o viceversa.

“El espacio psicológico depende del amor, el respeto a las ideas, sentimientos y problemáticas de los demás; lo realmente importante para rescatar aspectos comunes y crear una identidad familiar que los mantenga unidos y felices.

“Podemos lograr que nuestra cotidianidad refleje el amor que sentimos por la familia, y no solo esperar a demostrarlo en fechas significativas. La unidad se puede alcanzar en todos los momentos: la elaboración de una comida, mientras se hace la limpieza, o cuando se prepara y disfruta de una fiesta”, afirma la licenciada Beatriz Ortet.

La interacción entre generaciones no posee en sí misma un signo negativo, puede ser enriquecedora en el aspecto emocional y educativo. La imposibilidad de edificar un abrigo propio, según los gustos y requerimientos personales, pone al límite esas relaciones y las llena de tensión, desencuentros y frustraciones, sobre todo si se falla al utilizar herramientas para la convivencia sana. Los grupos más vulnerables son los ancianos, las mujeres y los niños, que sufren sobrecargas, incomprensiones o irrespeto a la intimidad y el derecho a decidir.

Se precisan más construcciones, que las personas puedan soñar y lograr un lugar para habitar. A pesar de ello, la concordia familiar depende en última instancia de los lazos que se sepan crear. Como esclarecen los especialistas, “no siempre el que se casa tiene casa, pero siempre puede formar un hogar”.

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Tierra con sabor a dulce

Maestros dulceros, casquitos de guayaba, el zumo de la naranja en las madrugadas… Las tradiciones definieron por mucho tiempo a Los Arabos, y aunque buena parte se ha perdido, la de elaborar dulces y alimentos en conserva se niega a desaparecer

Su padre fue maestro dulcero, la familia completa se relacionaba con ese mundo, y Andrés Echevarría Jiménez siguió el mismo camino. Hizo de todo, comenzó a trabajar en la producción y terminó como chofer. Su hija, Ana María, aún recuerda aquellos viajes a la capital; él distribuía los dulces que varios hospitales recibían con entusiasmo. Si le preguntaban quién era la muchachita que lo acompañaba, no demoraba en lanzar la broma: “mi secretaria”.

Alberto Rodríguez Álvarez también brinda oportunidades a la remembranza, y cuenta que en los primeros años de la Revolución, cuando aún no tenía una carrera ni trabajo, peló naranjas con la maquinita que le prestó un amigo, para ganar un poco de dinero. Durante las madrugadas, en el patio de uno de los establecimientos, dejaba junto a otras personas la fruta lista para cocinarla.

En Los Arabos abundan historias como estas, solo hay que detenerse a escuchar. Durante el siglo XX, la cultura dulcera caracterizaba al territorio, donde también proliferaban los zapateros y talabarteros. Alberto, quien logró ser profesor de psicología y trabajó por años como metodólogo de cultura popular tradicional, esclarece desde la sala de su casa que en el siglo XX existían allí siete pequeñas fábricas de dulces: entre ellas Los Ángeles, La Famosa, Santa Isabel y la de Rafael Pérez – Manes,

“La Mora se hizo famosa por la calidad de sus conservas, la mermelada de mangos traídos de Oriente, el dulce de naranja, de coco. La Revolución fomentó La Guajira, en ella se empleó a gran número de pobladores, sobre todo mujeres, que antes no desarrollaban labores públicas”.

Además de las reconocidas de forma oficial, que contribuían al erario público, pululaban los pequeños emprendimientos de donde surgían las tentadoras golosinas o el puré de tomate. La industria, sencilla pero fructífera, generaba ganancias para quienes vivían en los campos cercanos.

“Traían en las guagüitas de línea los casquitos listos para ser cocidos. Trabajaba toda la familia, antes del 59 no se podía hacer otra cosa, desde que tenías edad te sentaban y tenías que aprender a pelar y limpiar la guayaba.

“Los grandes maestros lograban darle el punto al dulce arabense, y alcanzó fama nacional”. Sin embargo, por razones indeterminadas y en periodos de tiempo que se pierden en la memoria de los testigos, las fábricas desaparecieron de forma paulatina dejando detrás mucho de sabor amargo. Solo una sobrevivió.

CONSERVAS EN TIEMPOS MODERNOS

Noelvis Mario Peláez es un maestro dulcero de estos tiempos. No heredó el oficio, se lo ganó paso a paso. De operario de tapadora, pasó al baño de María; entonces, optó por un curso y ahora elabora dulces en almíbar, encurtidos y mermeladas en la Unidad Empresarial de Base Los Ángeles.

La fábrica de conservas ofrece empleo a más de un centenar de arabenses.
La fábrica de conservas ofrece empleo a más de un centenar de arabenses.

La mayoría le llama, sin complicaciones, la fábrica de conservas. Desde 1936, tiempos en los que pertenecía a un español, el vapor y los olores agradables se suceden entre sus muros. Respecto a las instalaciones con las cuales coexistió, exhibía mejor tecnología.

Hoy, con máquinas tapadoras de 1949, se le puede tildar de “vieja” sin reparos. No obstante, gracias a 15 días anuales de mantenimiento y las reparaciones durante eventuales roturas, afronta las campañas de tomate, mango y guayaba; mantiene otras líneas como las de frutabomba y casco de toronja; y sus elaboraciones llegan a escuelas, hospitales, círculos infantiles, hogares maternos y de ancianos, también se venden en los Mercados Ideales.

Por ocho horas, a partir de las cinco de la mañana, hombres y mujeres procesan las frutas que aportan los productores de la zona hasta convertirlas en alimentos enlatados y etiquetados. El jefe de producción Adolfo D. Carrasco Sotolongo explica que el salario depende de los resultados, “y es bueno mientras haya producción”.

Con tecnología de la década del 40 del siglo pasado y trabajo manual, Los Ángeles aún vive y produce.
Con tecnología de la década del 40 del siglo pasado y trabajo manual, Los Ángeles aún vive y produce.

Muchos obreros son jóvenes, incluso los jefes de turno, una ventaja si se piensa en la continuidad. Parte de ellos ha ascendido en sus responsabilidades mediante la capacitación. Aunque el personal no fluctúa, no se espera a que algún puesto quede vacío para formar a quien pueda asumirlo.

Estos enlatados no constituyen el último reducto; hechos en casa, los turrones alicantes, de maní con ajonjolí y las barras de guayaba llevan el nombre de Los Arabos por toda la provincia, y puede que del país. Hay tradiciones que se resisten al tiempo, y parece que las dependientes de consumidores golosos, mucho más.

Tesoros al interior de Matanzas

La edificación donde se emplaza el museo de Limonar resalta dentro de la arquitectura del municipio y posee en sí misma un extraordinario valor.

Ella sabe enamorar. Apela a la sorpresa, la curiosidad, y una termina asombrada, con los ojos muy abiertos, deseando no perder ni un solo detalle de la hermosa e insospechada historia local.

Mariela Medina Dihigo tiene el don de los apasionados, y más de 30 años de trabajo en el museo municipal de Limonar avalan su condición de defensora a ultranza del patrimonio por esos lares. Como técnica de animación, afirma que persigue la meta de mantener a las personas, en especial a los niños, visitándolo.

“No puede permitirse que pierdan el hábito; porque entonces el día que tengamos las condiciones ideales para el servicio  nadie vendrá. A este trabajo hay que ponerle el corazón, si no se vuelve rutinario”.

La institución se ubica en un fastuoso edificio, construido por iniciativa de Basilio Martínez, propietario de uno de los ingenios de la zona, quien donó a la Sociedad Económica Amigos del País parte de su fortuna para establecer dos escuelas mixtas y sin distinción de razas: en Marianao, La Habana, y la de Limonar; que se inauguró en 1890 con el nombre de su hermana Encarnación.

Luego del triunfo revolucionario se ubicaron allí diversos centros, hasta que en 1991 se decidió crear un museo en la cabecera municipal; “comenzamos con dos salas: desarrollo económico y esclavitud, y llegamos a tener cinco”.

Actualmente, el personal espera una reparación capital que se prevé para 2018 y, sobre todo, nuevas vitrinas, pues el comején ha atacado la madera de las mismas, obligándolos a desmontar. Por ello sus salas lucen semivacías.

“Priorizamos salvar los cristales, que son los elementos más difíciles de conseguir. Guardamos las piezas en el almacén, hoy se encuentra atestado. Tenemos fondos muy ricos y podríamos mostrar un gran museo, esencialmente en el ámbito deportivo, pues somos un territorio de grandes atletas; muchos nos han hecho donaciones, como Javier Sotomayor”, afirma Medina Dihigo.

También escasean los materiales para la conservación, que “se hace con lo que busquemos en el propio territorio, nos las ingeniamos”

No obstante las dificultades, se esmeran en mantener las áreas limpias y profundizar la vinculación con las escuelas; “aquí se desarrolla la tertulia cultural América Bobia y nos sumamos a iniciativas comunitarias. Nada se ha parado a pesar de no contar con directora en este momento, porque el personal es estable y posee sentido de pertenencia”.

GUARDIANES DE LA MEMORIA

El museo Clotilde García de Los Arabos aguarda por que se repare su carpintería en 2017. La construcción donde radica también posee significativos valores patrimoniales, por sus rasgos Art Deco.

El deterioro de la carpintería constituye uno de los puntos más sensibles para el museo de Los Arabos.

En sus ocho salas se atesoran fondos inestimables para contar la historia del municipio, entre ellos actas capitulares, objetos de héroes de la localidad como José María Duarte, y una colección de la Orquesta América, donada por el propio Ninón Mondéjar.

Acoge, asimismo, las visitas escolares y constituye sede de otros eventos e iniciativas, como la Cátedra del Adulto Mayor. Ana María Echevarría Gómez, técnica de conservación, refiere que faltan recursos para desarrollar su labor, entre ellos pegamento y grasas y polvos para limpiar las piezas.

Tal situación se repite en toda la provincia. Aymara de la C. Falcón Rodríguez, especialista del departamento de Conservación del Museo Provincial Palacio de Junco (MPPJ), explica que falta el papel de restaurar documentos y otros materiales. Para enfrentarlo la institución debe buscar alternativas, debido a que la dificultad no se halla en el dinero, sino en el acceso, “la demanda es alta. Tenemos objetos de mucho valor esperando por la restauración”.

Aunque las carencias de productos y las dificultades constructivas signan el destino de los museos municipales en la provincia,  la etapa actual luce más halagüeña con las acciones, en unos casos de mantenimiento y en otros de aporte a la museografía (vitrinas, paneles, bases), en los de Colón, Jovellanos, Triunvirato, Girón, el Museo de la Comandancia y el de Pedro Betancourt, uno de los más críticos y en peligro de desaparecer”.

Isabel Hernández Campos, directora del MPPJ, aclara que en la provincia existe una red de 24 museos, de ellos solo dos no pertenecen a Cultura: el del Azúcar y el de los Bomberos. Para todos, el Palacio de Junco funciona como Centro Metodológico Provincial.

“En cada municipio existe una de estas instituciones, en algunos hay varias. Deviene responsabilidad de los territorios el mantenimiento de las mismas, el cual debe incluirse en el plan. El Centro Provincial de Patrimonio responde directamente solo por el Provincial, el San Severino, y el de Arte; aunque en más de una ocasión ha apoyado con sus divisas cambios en el montaje, compra de insumos e, incluso, acciones constructivas donde la localidad no ha podido afrontarlas”.

Quizás el caso más grave sea el de Varadero, donde hubo que evacuar el museo por el mal estado del inmueble. Sus trabajadores se encuentran en el de Cárdenas, esperando que el Ministerio del Turismo, propietario del edificio, les asigne uno nuevo.

Entre acciones de superación, muestras del mes, exposiciones transitorias, museos móviles, concursos y eventos, el museo municipal continúa latiendo por su terruño, sembrando el amor y el respeto hacia el ayer en los más pequeños, impulsando la vida cultural. Por sus aportes a la preservación de la identidad y de la memoria histórica merece todos los esfuerzos para mantenerlo en pie. Sería de ingenuos obviar su papel neurálgico en los tiempos que corren.

Periodismo + Publicidad + Cuba = Ofertas (Fotos y Videos)

Desde que en mayo de 2015 Ofertas circulara por primera vez, insiste en el acercamiento a la publicidad desde un enfoque profesional. No obstante, se le conoce y aprovecha poco

La publicidad fue hasta hace muy poco un tema tabú para los medios de prensa cubanos, aunque muchas veces se pensara en ella como alternativa para generar ingresos. A Ofertas, publicación de la Agencia Cubana de Noticias (ACN), le tocó “romper el hielo”, y desde hace un año apuesta por ofrecer, en formato impreso y digital (ofertas.cu), un espacio seguro para los clasificados en Cuba a personas naturales y jurídicas, así como facilitar la promoción de productos y servicios.

En formato tabloide, a color, con 16 páginas, 60 000 ejemplares y frecuencia mensual, desde el número cero se planteaba un fin utilitario “para los servicios, la producción y el comercio, en momentos en que el país avanza en la actualización de su modelo económico”. De igual forma, cada edición comprende trabajos sobre materia jurídica, tributaria, tecnológica, comercial y de comunicación.

Distribución nacional, atractivo diseño, personal altamente calificado, y un público meta casi virgen en materia publicitaria debieran ser receta infalible, pero todos los comienzos son difíciles y cada territorio responde de manera diferente.

EN MATANZAS

En Matanzas, la corresponsalía de la ACN asume el mensuario como un acercamiento diferente al ejercicio periodístico, sobre la base de los mismos principios.

La calle Ayuntamiento, entre Río y Narváez, acoge a la corresponsalía en Matanzas de la ACN; un pequeño equipo periodístico que concibe este como otro de los retos de responder a un megamedio, responsable principal de reflejar el acontecer en el país, pero uno de los menos conocidos fuera del ámbito mediático.

La publicación deviene pionera dentro de escenarios comunicacionales nuevos que exigen más de los periodistas y sus directivos.

“Es el primer producto comunicativo que hace publicidad institucional después de 1959. Debido al crecimiento de la actividad no estatal, llena un vacío, brinda la posibilidad de anunciarse; y cubre un área adoptada por publicaciones ilegales”, refiere Bárbara Vasallo Vasallo, corresponsal jefa. “Aunque se le ha aceptado muy bien en la capital, en el resto del país no sucede lo mismo. Los usuarios no lo conocen con profundidad”.

Entre las facilidades del periódico se hallan sus precios competitivos, sobre todo si se comparan con las elevadas cifras que requieren otros sitios digitales no institucionalizados. Las tarifas aprobadas para los clasificados en la edición impresa son de 0.85 CUC por línea de 30 caracteres (a contratar un mínimo de dos líneas y hasta 10) y de 1:00 CUC si exceden las 10 líneas.

En cuanto a la publicidad, los importes se establecen de acuerdo al espacio, desde 1/8 de página: 56 CUC, hasta la página completa: 450 CUC; con un descuento progresivo por las veces que se repita. Dichos anuncios se radican en la página web sin costo adicional. En las oficinas de Correos se le puede adquirir por un precio de tres pesos cubanos.

“A diferencia de algunos sueltos que van de mano en mano, lo elaboran profesionales. No obstante, Matanzas resulta la segunda provincia con más cuentapropistas y predominan los clasificados. También se ha quedado detrás el sector estatal. El Turismo posee muchas potencialidades y no las ha explotado”, añade Vasallo Vasallo.

OTRO ENFOQUE, IGUAL PERIODISMO

Con este nuevo servicio, los periodistas de la ACN se encuentran abocados a realizar publirreportajes; los cuales publicitan, sin costo, disímiles emprendimientos. La reportera Yenli Lemus Domínquez comenta que “el enfoque es distinto, más comercial; se trata de promover un servicio para que venda y gane el cuentapropista, pero también el medio. Falta mucho por conocer de Ofertas y de la Agencia, puede ser una vía para que se sepa más de esta última. El nuestro sigue siendo un trabajo anónimo”.

Con tal visión concuerda Roberto Jesús Hernández, también periodista, “los beneficiarios los han recepcionado de forma muy favorable. No sabían de la ACN, ni del mensuario y que podían acceder a él desde aquí. El gran problema de Ofertas ahora mismo es que la gente sepa que existe”.

Al respecto, la corresponsal jefa opina que escribirlos puede enriquecer el discurso, “es diferente la redacción, los títulos más frescos; se sale de las normas, que en las agencias siempre son rigurosas para garantizar un discurso homogéneo. Contar con periodistas jóvenes constituye una suerte, se encuentran más preparados para los cambios”.

Asimismo, refiere que desde Correos de Cuba no se ha asumido la publicación con el empuje que merece. Los datos aportados por dicha entidad traslucen que con una mayor gestión de venta la suerte del impreso sería otra.

La provincia recibe mil ejemplares que se distribuyen en 16 puntos; y, mientras en el ubicado en la calle de Medio -una arteria con gran afluencia de público- se agota con rapidez, en otros no tan lejanos no tiene movimiento.

Guadalupe Portillo Rodríguez, especialista comercial, explica que “no se vende muy bien”, aunque reconoce que cada unidad debe implementar iniciativas para la comercialización: sacar las mesas hacia afuera, negociar con otros municipios donde se le demande más, y no se hace. Asimismo, aún no se activa el servicio de suscripción, a pesar del cupón para ese fin que incluye en sus páginas. Sin embargo, un dato alentador consiste en que los números menos vendidos son los dos primeros, lo que revela un paulatino incremento del interés en los lectores.

Aunque Ofertas aún no agota sus potencialidades, tampoco ara en el mar. Además de su necesidad en el panorama económico actual, sus rutinas periodísticas servirán de guía para un tipo de labor comunicativa que cada vez se abrirá más espacio.

 

El amor detrás de sus ojos

En el trabajo de los docentes juegan un papel fundamental el juego y las relaciones de afecto con los estudiantes.

Leyanis tiene siete años. Mira con sus ojos verdes y, tan tímida como pícara, contesta las preguntas: sí, le gusta la escuela; la maestra es muy buena con ella; y su gato de goma tiene hambre, por eso le da la comida. En su aula de primer grado hay tantos juguetes que parece un paraíso infantil, pero allí el juego resulta vía para aprender lo mismo que otros niños de su edad, solo que de forma diferente.

Valiam

En esa clase de la escuela especial Paquito González, de Los Arabos, también estudia Valiam. Él posa para la cámara, insiste en compartir sus galleticas, deja que le arreglen la pañoleta y, aunque no dice su nombre, sonríe tanto que se hace evidente la felicidad. Casi no puede creerse que, debido al autismo, cuando llegó al centro era arisco y no participaba en ninguna actividad.

Ellos son solo dos de los 120 infantes con necesidades educativas especiales que encuentran en la institución el lugar propicio donde lograr su máximo desarrollo integral, para en el futuro enfrentar la inclusión social con independencia.

“Pretendemos prepararlos para la vida laboral. Tenemos alumnos con retraso leve y otros con retraso moderado, mas todos pueden adquirir habilidades e insertarse en la sociedad. De los estudiantes, 11 son externos pues padecen de patologías que impiden su asistencia, las maestras van a sus casas; 67 internos, y el resto seminternos”, explica la directora Juliana Castañeda Cuéllar.

Acuden a la escuela niños y adolescentes de entre siete y 17 años, aunque quienes no logren suplir sus carencias educacionales pueden permanecer hasta los 21. Mariano Rodríguez, subdirector de preparación laboral, comenta que a partir de los doce comienzan a recibir talleres docentes que incluyen economía doméstica, confecciones, carpintería, técnicas agropecuarias básicas y artesanía.

“Más adelante se les ubica en centros de producción, donde los tutores los ayudan a preparase en un oficio. Reciben el estipendio mensual destinado a la merienda de cada día de trabajo. Los apoyamos en todo ese proceso mediante los talleres para la vida, donde aprenden sobre disciplina laboral, entre otros asuntos útiles. Muchos, cuando llegan a la edad establecida, se quedan en esas entidades. Actualmente, el cuentapropismo constituye otras de sus posibilidades de desempeño”.

CARIÑO QUE RINDE FRUTOS

El Centro de Diagnóstico y Orientación establece cuándo un escolar muestra los procesos cognitivos atrasados, no logra vencer los objetivos del grado y debe incorporarse a una escuela especial. Sin embargo, los estereotipos provocan el rechazo de la familia, y a veces la negación.

“No se acepta este tipo de enseñanza. Por eso acudimos a la persuasión, les explicamos a los padres que aquí su hijo tendrá un programa ajustado para avanzar, atención diferenciada y no sufrirá rechazo. Aún así algunos no se deciden a traerlos.

“En las escuelas de orientación familiar tratamos el tema y también estrechamos la relación con la familia y la comunidad, los invitamos para que vean cómo celebramos cumpleaños colectivos, chequeos de emulación, matutinos, días del explorador, competencias de deporte, actividades culturales. Se trata de buscar las potencialidades de los muchachos, a unos les gusta la computación, a otros dibujar; deviene labor constante y los resultados se producen despacio”, refiere Castañeda Cuéllar.

Los estudiantes no repiten el curso, poseen un currículo funcional en el cual se establece qué objetivos no vencieron y sobre ellos trabajan los educadores. El proceso docente se beneficia con el aporte de profesores de Computación y Educación Física, musicóloga, logopeda, psicopedagoga y bibliotecarias.

Las auxiliares pedagógicas resultan piezas clave, pues acompañan a los niños a toda hora. “Las dificultades de la casa las dejo en la puerta del aula y me les dedico por completo. Ellos son especiales, cuando les das amor y ganas su confianza, te cuentan  todos sus problemas. En las noches hay una intimidad muy grande”, cuenta Iliana Reuco Riverón, una de las de mayor experiencia.

A partir de las 4:20 p.m se establecen rutinas adaptadas a las necesidades individuales y que insisten en la formación de valores; las actividades extradocentes comprenden juegos pasivos, mirar películas, escuchar música, dramatizados que protagonizan los maestros, o tiempo de máquina.

Además de la cobertura médica, se brinda el servicio de lavado para que los estudiantes estén limpios en la institución y regresen así a sus casas los viernes.

Cada maestro entrevistado repitió que la meta consiste en que los pequeños a su cargo se sientan bien dentro y fuera de la escuela. Afecto y sensibilidad fueron las palabras más pronunciadas.

Diana Oquendo Soler, al frente de la clase de primer grado, confiesa que constituye “una tarea difícil, dura; cada estudiante posee características diferentes. No obstante, a la vez es lindo, son muy cariñosos. En ocasiones se confunden y me dicen mamá”.

Cuando el éxodo de maestros golpea la provincia, complace ver cómo la Paquito González exhibe un colectivo estable, enamorado de lo que hace, con algunos profesores muy jóvenes. En el siglo pasado fue un cuartel de la guardia rural, hoy la edificación está repleta de miradas que traslucen amor. Quizás Leyanis y Valiam no tengan las mismas destrezas que la mayoría de sus coétaneos, pero sueñan, aprenden y, en su diferencia, son únicos.

Desdichas de una biblioteca (Parte II y final)

Descuidos y decisiones apresuradas provocaron que la biblioteca Gener y del Monte perdiera irremediablemente volúmenes y valiosas publicaciones periódicas. Hoy su personal se enfrenta a esos fantasmas del pasado, problemas constructivos y carencias materiales

Las numerosas reparaciones y el caos por el hundimiento del edificio del Casino Español –parte vital de la biblioteca Gener y del Monte– no solo trajeron aparejadas la desorganización de Fondos Raros y Valiosos y la pérdida de sus ejemplares. Un hecho muy doloroso ocurrió a la vista de todos.

“Recuerdo los camiones cargando en la calle de Santa Teresa; tiraban las revistas y los periódicos desde arriba. Así se perdieron fuentes fundamentales de consulta. Por ejemplo, Verde Olivo, LPV, Deporte Derecho del Pueblo pudieron donarse al Centro de Documentación del Inder.

“Le pregunté a la directora de entonces y me dijo que la Biblioteca Nacional José Martí (BNJM) había dado la orientación telefónica de eliminar todo aquello que no tuviese relación con la historia local”, relata Reynaldo González Villalonga, periodista y fundador de la filial matancera de la Unión Nacional de Historiadores de Cuba.

La licenciada en Historia del Arte y en Información Científica y Bibliotecología y trabajadora de la institución por más de cuatro décadas, Caridad Contreras Llorca, también vivió con pesar aquel suceso. “Estábamos trabajando en la parte alta del edificio Guiteras, por eso nos enteramos cuando era muy tarde. Un día llegó el investigador Urbano Martínez Carmenate y nos alertó: ‘¿saben que la biblioteca está botando periódicos?’ Fuimos para allá y era cierto. Nos explicaron que la BNJM había dispuesto deshacerse de lo que no fuera de Matanzas, incluso lo extranjero; y de la prensa nacional conservar solo los últimos cinco años”.

La Hemeroteca contaba con posesiones inestimables, entre las que destacaban publicaciones cubanas cerradas y otras esenciales para el estudio de la historia del país, como una colección casi completa de Bohemia. Además de ejemplares del National Geographic Magazine, Mujer soviética, Sputnik, China reconstruye. Todo eso terminó como materia prima.

“Aquello era un disparate. Para mí fue demasiado y tuve la presión alta un mes, –recuerda Contreras LLorca, también investigadora- protesté a la BNJM y en una de las visitas al centro dijeron que no habían dicho que los botaran, sino que no era necesario almacenarlos porque ellos estaban digitalizando esos documentos; pero eso lleva años.

“No puede negarse que si una biblioteca no tiene espacio, debe desarrollar un proceso de descarte; aunque no de forma arbitraria. Primero hay que analizar lo que está repetido o no se ha movido, y luego la valía por el grado de información o la visión que expone. Se puede canjear o donar. Bohemia interesa en Cuba entera y se botó, todo el que pasaba por la calle se las llevaba”.

Como una negligencia imperdonable define la bibliotecaria ese evento, que “quedó muy oscuro y perjudica a los matanceros, en quienes había que haber pensado en primera instancia incluso si la orientación inicial hubiese sido desechar. Hemeroteca nunca más se recuperará. La BNJM solo da acceso a las publicaciones periódicas a los investigadores categorizados, no posee las mismas funciones de una biblioteca pública”.

Incidió entonces, según la mayoría de los entrevistados, la falta de un sentido de pertenencia acendrado, que permitiera apreciar la gravedad de dicha disposición.

Mario J. Valdés Navia, director actual de la institución, comenta que según su criterio predominó la desesperación ante una estructura que se hundía y la inexistencia de un lugar para resguardar los bienes. “Las bibliotecas provinciales no tienen que almacenar periódicos nacionales, mas las decisiones finales las toman las direcciones de los territorios.

“En cada visita la BNJM me orienta botar la parte de la colección de sala general, infestada de excretas, que se halla en la planta baja. Yo no lo he hecho, porque hay alrededor de 20 000 volúmenes, y aunque solo rescatemos 5 000, esa cifra equivale a la compra de una Feria del Libro.

El contacto con las excretas de las aves torna inservibles miles de ejemplares.

“Tal contaminación se debe a que las golondrinas anidan en el interior del edificio, y por mucho tiempo no se fumigó, no había productos para hacerlo. Al estar cerrado, el número de aves también se incrementó y no se limpiaba. Se precisa una solución ecológica; sin embargo, ese no constituye el principal impedimento para reabrir las puertas del Casino”.

REVIVIR A LA GENER Y DEL MONTE

Valdés Navia asegura que uno de los objetivos para este año radica en abrir a totalidad Fondos Raros y Valiosos, que funciona hoy en la planta alta del edificio Guiteras y brinda servicios a no más de tres investigadores a la vez, solo martes y jueves. Aún resta colocar todos los estantes y finalizar el inventario.

La situación de este inmueble puede calificarse de favorable, debido a que solo faltan subsanar algunas filtraciones en la azotea y renovar determinados cristales. Mucho más complicado se muestra el panorama de la Gener y del Monte.

“Lo primero que hicimos fue reponer los sistemas hidráulico y eléctrico. Se arregló la fachada, se colocó una puerta nueva y farolas y se limpió a presión; con eso logramos quitar el 70 por ciento de la suciedad. Hay manchas de hollín, por el humo de los carros, que no se caen, habría que sustituir el arenado. Asimismo, se incluyen la restauración de las ventanas, reponer la cristalería de la planta baja y las puertas de la calle de Santa Teresa”.

Valora el director que el hecho de que la estructura ya no se esté hundiendo facilita tomar decisiones. En primer lugar se encuentra la defectación completa para asegurar “una labor de restauración sobria y duradera.

“Se debe comenzar el trabajo en la cubierta, lo que se hizo en años anteriores no sirvió. Se derrumbó parte del falso techo de la planta alta por la rotura de los alambres que lo sostienen, por tanto allí no se puede realizar actividad alguna; estamos en negociaciones con la Emcons, la empresa que lo colocó, para que le dé mantenimiento”.

La finalidad de la administración es restaurar el falso techo original, conformado por un tabloncillo, pero ahora no poseen el dinero para hacerlo. Con respecto a la posibilidad de nuevos desplazamientos en el subsuelo, los especialistas recomendaron realizar en la planta baja un prepiso que sirva de cierre y sostén.

A todas estas labores, que avanzan según lo permite la disponibilidad de presupuesto (alrededor de 220 000 pesos para mantenimiento constructivo este año), se unen el éxodo de personal y las carencias materiales. “No tenemos subdirector de servicios, conservador ni restaurador. Solo contamos con una persona licenciada en Ciencias de la Información y se retira. Quienes se gradúan no quieren venir a las bibliotecas públicas por su grado de atraso”.

Enfrentan además la obsolescencia del parque tecnológico; la ausencia de materiales de restauración y la inexistencia en el área de procesos técnicos – la encargada de la selección y adquisición de volúmenes- de insumos básicos como papel y cartulina.

A ello se suma que no se encuentran digitalizados los fondos, ni siquiera La Aurora. El laboratorio de microfilmación, ya en desuso a nivel mundial, que en el 2001 estaba en proceso de instalarse, nunca se materializó.

Valdés Navia no se atreve a establecer una fecha de completa reapertura. Mientras, la biblioteca presta el 30 % de los servicios de hace diez años y muestra bajos índices de utilización de fondos y satisfacción de la comunidad. Una realidad en la que todos los implicados deben centrar la atención, para devolverle la dicha a ese tesorero de la riqueza documental matancera y en sí mismo cimero exponente del patrimonio edificado en la ciudad.