Cosas de mamá primeriza (IV)

Si pensabas que eras una persona seria e incapaz de ñoñerías, pues, mamá, eso era antes. Ahora le hablarás a tu bebé con más dulzor que la melaza y acento de borracha, y le dirás mil apodos (cualquier cosa menos el nombre que le pusiste): aderezos, comidas, animales, y epítetos locos inventados por ti. (Una muestra: chimichurri, cangurita, tuini tu, cosita de mama…)Si tienes acceso a internet, corres el riesgo de vivir la googlematernidad, una adicción que impulsa a buscar cada tema relacionado, primero con el embarazo, y luego con el parto, el posparto, el desarrollo del bebé, la lactancia… y yo apuesto por la necesaria información, que educa y propicia decisiones conscientes. Pero ojo, que se corre el riesgo de desarrollar ciertas paranoias (inevitables cuando sabes todo lo que puede ir mal), y hasta mirar con sospecha a un médico si te da por creer que sabes más, y créanme, que ese delirio sucede.
Aprenderás por obra del día a día, que la maternidad es más que entrañable ropita diminuta, mimos y abrazos, risas y alegrías, olor delicioso a bebé… y todo aquello hermoso que suele resaltarse como el ideal. Convertirse en mamá es un duro aprendizaje que trae llanto y agotamiento, poquísimas horas de sueño, dolor de espalda y brazos, heridas en los pezones, culpas, miedos… Y es de esa poderosa combinación que nace la maravilla, la felicidad más tremenda, la fuerza vencedora de imposibles. No hay madres perfectas ni supermujeres con la capa siempre puesta, a veces hay ganas de solo dormir un rato. No hay maternidades rosas. Si se dijera más, si se renunciara a tanta imagen empalagosa, quizá todas llegáramos mejor preparadas y la sociedad entendería completamente la terrible belleza de esas madrugadas que parecen eternas y donde se empieza a descubrir que existe el amor incondicional.

 

Aprendizajes de mamá primeriza III

1. En algún momento rogarás porque tu hermoso bebé duerma al fin, antes de que tú desfallezcas de agotamiento. Y cuando logres acostarlo en su cuna, en vez de correr a la cama, te quedarás comprobando su respiración, deseando peinarle una patilla, y darle un beso sonoro en su cachete perfecto.
2.Aprenderás a dormir con un ojo abierto. No temas, por muy dormilona que hayas sido, a tu nuevo amor no le hará falta ni llorar, bastará con que se mueva, para que te aprestes a chequear “la situación operativa”.
3. En algo te equivocarás: medias muy apretadas, culero mal puesto, querer darle el pecho cuando llora de sueño… es inevitable, pero sabrás que tu hij@ te perdona, que no repara en esas nimiedades, porque solo con tu voz se calma, porque solo sobre tu corazón su rostro refleja toda la paz.