Cosas de mamá primeriza: ¿Ser Supermami o morir en el intento?

Entiendo que cuando las mujeres salieron de la casa para trabajar, el mercado les vendió información tergiversada y productos no siempre ideales para asegurar que pudiesen separarse pronto de sus bebés y seguir produciendo, y comprando.
Entiendo también que la ciencia ha avanzado, que muchos métodos arcaicos de crianza se cuestionan y que la vuelta a lo natural cobra una dimensión muy fuerte.
Pero lo que me incomoda desde que entré en este mundo hermoso y caótico de la maternidad, es que en nombre de lo actualizado nos pretendan juzgar por recetas que olvidan nuestro papel de mujeres que trabajamos, dentro de casa y fuera de ella una vez que termina la licencia.
En muchos de los foros, sitios y grupos de crianza parece imperar la idea de que para ser buena madre hay que dar la teta hasta los dos años y medio, hacer colecho, portear, no usar corral, no enseñar a hacer pipi ni caca, sino esperar a que deje solo el pañal; no dar tete…
Conste que no creo que las mamis que opten por una o todas esas prácticas estén erradas; pero suponer que son obligatorias es tan dañino como las opiniones de quienes quieren que dejemos al bebé llorar para que se le ensanchen los pulmones.
Yo solo digo que quizá todo eso sea más viable para madres de países y clases sociales que compran ya hechas compotas, jugos y purés, que usan culeros desechables las 24 horas, que tienen extraederas eléctricas…
Para mí, a pesar de mi extensa red de apoyo familiar y de mi pareja que comparte las responsabilidades (cuando está, porque si yo tengo licencia, él no, así que tiene que trabajar) es complejo lavar pañales y ropita, hervir biberones, preparar la leche, hacer puré, limpiar, fregar… y responder a las necesidades emocionales de mi beba; y aún no vuelvo al trabajo ni mi hija va a la guardería ( donde, dicho sea de paso, no la aceptarán si no sabe usar el orinal).
Así que yo, luego de informarme conscientemente, me guío por lo que considero mejor para mi pequeña y acorde a mis reales posibilidades de mamá real, que aún no encuentra tiempo para ejercicios, ni leer y escribir como quisiera, ni cenas románticas.
Para criar, creo en mi instinto y en la necesidad de tener rutinas y mucho amor. No soy Supermami, soy solo una mujer enamorada de su bichita y convencida de su capacidad para hacerlo bien en todas las esferas de su vida, que no quiere decir perfecto.

Cosas de mamá primeriza (IV)

Si pensabas que eras una persona seria e incapaz de ñoñerías, pues, mamá, eso era antes. Ahora le hablarás a tu bebé con más dulzor que la melaza y acento de borracha, y le dirás mil apodos (cualquier cosa menos el nombre que le pusiste): aderezos, comidas, animales, y epítetos locos inventados por ti. (Una muestra: chimichurri, cangurita, tuini tu, cosita de mama…)Si tienes acceso a internet, corres el riesgo de vivir la googlematernidad, una adicción que impulsa a buscar cada tema relacionado, primero con el embarazo, y luego con el parto, el posparto, el desarrollo del bebé, la lactancia… y yo apuesto por la necesaria información, que educa y propicia decisiones conscientes. Pero ojo, que se corre el riesgo de desarrollar ciertas paranoias (inevitables cuando sabes todo lo que puede ir mal), y hasta mirar con sospecha a un médico si te da por creer que sabes más, y créanme, que ese delirio sucede.
Aprenderás por obra del día a día, que la maternidad es más que entrañable ropita diminuta, mimos y abrazos, risas y alegrías, olor delicioso a bebé… y todo aquello hermoso que suele resaltarse como el ideal. Convertirse en mamá es un duro aprendizaje que trae llanto y agotamiento, poquísimas horas de sueño, dolor de espalda y brazos, heridas en los pezones, culpas, miedos… Y es de esa poderosa combinación que nace la maravilla, la felicidad más tremenda, la fuerza vencedora de imposibles. No hay madres perfectas ni supermujeres con la capa siempre puesta, a veces hay ganas de solo dormir un rato. No hay maternidades rosas. Si se dijera más, si se renunciara a tanta imagen empalagosa, quizá todas llegáramos mejor preparadas y la sociedad entendería completamente la terrible belleza de esas madrugadas que parecen eternas y donde se empieza a descubrir que existe el amor incondicional.

 

Mami

Mami y yo
Mami y yo

Me daba un poco de aprensión el embarazo; compréndanme: resulta inquietante la idea de que algo crezca dentro de uno, cual alien, y que después sea capaz de salir con semejante tamaño por vías naturales.

Pero mami, con la sabiduría consustancial a casi todas las mamis, me brindó una vez en que hablábamos de partos y dolores e historias espeluznantes, una lección muy clara sobre lo que significa la maternidad para quien la experimenta. “Sí, duele, y mucho. Pero es el único dolor en la vida a cambio del cual te dan un regalo para toda la vida”. Lo dijo con sencillez, sin pretensiones filosóficas, ya tal vez ni lo recuerde, mas me quedó como lección. Sigue leyendo “Mami”