Mir, el niño y la Patria

No hay que esperar actos y efemérides para sentir esa emoción que va desde la raíz hasta el alma, y nos coloca, de repente, frente a la grandeza extraordinaria, la de quienes forjaron sobre la base de renuncias y obstinaciones buenas, el camino.

Pero aun cuando todos los días honremos con pasos honestos ese sendero, no se puede negar la fuerza de las conmemoraciones, que nos ofrecen el instante de sosiego para reparar en que la historia está viva y anda asaeteando inermes e iluminando futuro.

De ahí el brillo que tomó este fin de semana la comunidad rural de Mir, en el municipio holguinero de Calixto García, donde relucieron el monumento a Simón Bolívar, el conjunto histórico que honra pasajes de las luchas guerrilleras y la vivienda donde residiera la luchadora, la mujer tremenda, Lidia Doce.

Mir, el primer poblado liberado en el llano por fuerzas del Ejército Rebelde, recordó en medio de su quietud de días de paz, aquellos otros de guerra digna que convirtieron en mártir a Wilfredo Peña, caído en la toma del cuartel local, y a todos los fundadores del IV Frente Simón Bolívar, nacido 60 años atrás cuando apenas despuntaba noviembre.

En el acto político-cultural y ceremonia militar, estuvo quien fuera jefe del Frente, el comandante del Ejército Rebelde, Delio Gómez Ochoa, cuando –de acuerdo con la genial conducción de Fidel– era imprescindible que la lucha guerrillera tomara el llano, para dejar a la tiranía sin opciones militares.

Sin el empuje resuelto de los pobladores, como reconoció ahora la mariana General de Brigada Delsa Esther Puebla, no pudieran haber sido posibles aquellas jornadas de lucha total del IV Frente –con su centro de operaciones en Mir– que se enfrascó en los combates de Arroyo del Muerto en Las Tunas y la toma de las ciudades de Holguín, Buenaventura, Gibara y Puerto Padre.

En aquel año de 1958, el definitivo, los hombres y mujeres del Simón Bolívar capturaron una avioneta averiada en la zona de Las Calabazas.

Este 4 de noviembre, al pecho de aquellos que ejercieron el heroísmo como destino llegó una distinción por los 60 años del Frente, y anduvieron de nuevo el ayer por el museo que atesora documentos y objetos invaluables.

Sin embargo, sus preocupaciones y felicidades están concentradas en el hoy; en el niño de Mir que sonríe pleno, de completo uniforme. Porque de lo que se trata – como dijo en su discurso Ernesto Santiesteban Velázquez, primer secretario del Partido en la provincia– es de trabajar, trabajar mucho, para consolidar los amplios proyectos y programas de desarrollo económico y social. Para eso se peleó: para hacer Patria.

(Publicado originalmente en Granma)

Foto: Juan Pablo Carreras

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¿Reparar lo roto?

No puede ser casual la última frase del último cuento del libro: «A la mañana, la brutal certeza de que todo vuelve a comenzar». Foto: de la autora
No puede ser casual la última frase del último cuento del libro: «A la mañana, la brutal certeza de que todo vuelve a comenzar». Foto: de la autora

Cada cuento es un universo. Sin importar cuál sea la historia y cuántas palabras se necesiten para contarla, hay mucho de mágico en crear, de la nada, nuevas vidas y sus conflictos.
A diferencia de las novelas, que ofrecen al lector la posibilidad de reconciliarse por el camino con sus dramas, los cuentos –al menos los buenos– suelen ser golpes definitivos, que dejan sin aire y permanecen en la memoria como ecos lejanos, pero fuertes.

La literatura cubana es pródiga en buenos cuentistas, y hoy se escriben «ficciones breves», marcadas por la furia, el dolor, la curiosidad, el miedo, la ironía, el humor…, porque, aunque a veces parezca que ya todo está escrito, la naturaleza humana sigue siendo insondable y cada una de sus versiones digna de ser contada.
Anna Lidia Vega Serova (Leningrado, 1968) es una de las narradoras cubanas que, se nota, no puede dejar de escribir. Me bastó con leer Imperio doméstico (2005) para entender que su escritura rehúye de los prejuicios y las sensiblerías; en realidad, arremete contra la sensibilidad básica y no lo hace, como otros tantos, por moda o efectismo, sino porque alguien debe contar a esos seres rotos que, a contrapelo de la lógica, existen.
Cazadora como soy de las rebajas de libros, fue grato encontrarme en una de las tiendas de Artex, en ese bendito estante de «literatura en liquidación», con Estirpe de papel (Ediciones Cubanas, 2012), una antología personal en la que Vega Serova reunió las piezas de sus siete libros de cuentos que considera mejor logradas.
Según declara la nota de contraportada, con la que concuerdo, en el volumen «aparecen seres que se empeñan en buscar sus esencias explorando sus lados más oscuros, personas que sufren y aman, que luchan día a día contra la destrucción y la muerte, y que podemos encontrar en cualquier mirada a nuestro entorno (…). Al parecer Anna Lidia cree, como Mallarmé, que “el mundo está hecho para terminar en un libro”».
Leyendo estos cuentos, he sentido más de una vez la necesidad de advertirles a los personajes para que no se lancen por el acantilado, para que tomen decisiones racionales y no vayan derecho a la perdición; esa no es más que otra prueba del sustento real de estas historias: ¿cuántas veces al día no queremos aconsejar a alguien que creemos avanza en contra de toda lógica? ¿Cuántas veces no somos nosotros mismos los erráticos que, no sin cierta cursilería, actuamos según los «dictados del sentimiento»?
Penuria, discapacidad física e intelectual, rupturas, ausencias, fobias y filias pueblan estas páginas que pueden llevarnos del horror a la lástima (ese desagradable sentimiento que parte de un falso sentido de superioridad), de la tristeza a la amarga sonrisa, del asco a la reflexión.
Los textos que Anna Lidia congregó no narran, salvo algunas excepciones, grandes sucesos, por el contrario, se cimientan en la cotidianidad que puede ser tan rara y agresiva como el timbre del teléfono en medio de la madrugada.
Yo me quedo con la punzada en el pecho tras leer las cuatro páginas de Sueños de naufragios, con ese sentimiento de querer reparar lo para siempre roto; y con la certeza de que nunca faltará la palabra escrita, para, como en el final de Collage con fotos y danzas, volar:
«Nos quedamos mucho rato mirando en dirección del teatro, viéndola, con sus alas de mariposa trastornada, dar dos o tres círculos sobre el edificio, después planear lentamente hacia nosotros y, por último, subir en línea recta más y más alto, hasta perderse en el amanecer que la recibía con una ingenua humildad».

#Reforma Constitucional: Entre el tener y el ser

“Tin tiene, Tin vale; Tin no tiene, Tin no vale”, el estribillo de la canción atravesó mis tímpanos para convertirse en angustia. La preocupación por las diferencias en el poder adquisitivo dentro de Cuba y por la banalización —que a veces llega a escandalizar— de cierto sector de la población que identifica tener con ser, no es solo tema para la música.

El debate está en las bodegas, esquinas, casas, centros de trabajo… y el nuevo proyecto de Constitución ha venido a ratificar que a la ciudadanía le preocupan las bases de justicia social y equidad del socialismo en el país.

No es que el reconocimiento de la propiedad privada llegue ahora de la mano de la propuesta de Carta Magna, pues ya estaba en los Lineamientos y en la práctica, sino que, acorde con el carácter de delineador del futuro que tiene este documento, a buena parte del pueblo le preocupa que queden muy claras aquellas directrices que impidan torceduras en el camino.

En la introducción al análisis del texto se afirma que “el sistema económico que se refleja mantiene como principios esenciales la propiedad socialista de todo el pueblo sobre los medios fundamentales y la planificación, a lo que se añade el reconocimiento del papel del mercado y de nuevas formas de propiedad no estatal, incluida la privada”.

Ello se puede confirmar en el Artículo 20, donde se especifica que la dirección planificada de la economía considera y regula el mercado, en función de los intereses de la sociedad; y en el 21 que recoge las formas de propiedad reconocidas (socialista de todo el pueblo, cooperativa, mixta, de las organizaciones políticas, de masas y sociales; privada y personal) y aclara que la ley regula lo relativo a estas y otras formas de propiedad, y el Estado estimula aquellas de carácter más social.

Desde la gestión estatal es imposible asegurar una serie de pequeños servicios y actividades —muchos de ellos fuertemente deprimidos por el Periodo Especial— que hoy asumen los trabajadores por cuenta propia. Desde la apertura de esta fuente de empleo hasta hoy ha habido tropiezos y rectificaciones; y la falta de un mercado mayorista extendido continúa como un freno considerable.

Aunque la gestión privada no recibe el rechazo de la población, sí prima el consenso acerca de los precios que se vuelven prohibitivos para un amplio sector trabajador y las nefastas consecuencias del acaparamiento para abastecer iniciativas privadas.

Que haya oferta para todos los bolsillos es una máxima introducida en la reanimación de muchos territorios, pero las preocupaciones van más allá, hasta la expresión ideológica que podrían tener las desigualdades y ciertas lógicas capitalistas que regresan en las mentes de aquellos que creen “que debe haber ricos y pobres” y que el “Estado no puede interferir con el mercado”.

Por eso, el Artículo 22 reza: “El Estado regula que no exista concentración de la propiedad en personas naturales o jurídicas no estatales, a fin de preservar los límites compatibles con los valores socialistas de equidad y justicia social. La ley establece las regulaciones que garantizan su efectivo cumplimiento”.

¿Cómo logrará eso la ley? ¿Se pondrá límite también a la riqueza? ¿Qué pasará con quienes usan testaferros para no aparecer como propietarios, y, mientras, hacen crecer un emporio?, son preguntas que muchos se hacen por estos días y que no carecen de relevancia.

Homero Acosta, secretario del Consejo de Estado, dijo en una reciente conferencia dictada en Abogacía 2018: “Lo significativo es que ella (la propiedad privada) no distingue ni tiene predominio en el modelo. Es también necesaria en determinadas actividades y con las regulaciones y control necesarios (…). En el orden económico el Estado mantiene la dirección, regulación y el control de los procesos en el país”.

En el foro de Cubahora ¿Listos para debatir sobre la nueva Constitución de la República?, Antonio Bouza Pérez propuso modificar el artículo 22 para que aparezca que el Estado regula que no exista concentración de la propiedad y la riqueza; pues en su opinión “no siempre se corresponde riqueza material de los individuos con desarrollo de conciencia socialista. No estamos en contra de la riqueza que pueda acumular un campesino o un deportista, pero sí de la que pueda acumular un privado, valiéndose para ello de la explotación de trabajo ajeno. Se corre el riesgo de crear una élite burguesa. La historia ha demostrado que quien domina el poder económico, domina el poder político. Esto pondría en peligro nuestro sistema socialista y los valores de equidad y justicia social que se mencionan en el propio artículo”.

Para Lissette “debe estar contemplado qué se considera acumulación (cantidad) porque por lógica quien tiene un negocio particular unido con un cerebro y parte de suerte en el negocio, si le va bien, quiere vivir según su poder adquisitivo y si se puede comprar una casa con piscina, un apartamento, carro, moto, yate, etc. y le da para eso, lo compra”.

Onelio Nelson García, por su parte, propuso que el Estado regule “la propiedad y la riqueza en personas naturales o jurídicas no estatales, mediante un régimen fiscal adecuado, progresivo y basado en el principio de que el que más renta gana más debe contribuir al fisco y por tanto a toda la sociedad como forma justa de redistribución de la riqueza”.

De igual forma, considera que en el artículo 21 la definición de la propiedad privada (la que se ejerce sobre de­terminados medios de producción de conformidad con lo establecido), es muy imprecisa, “¿determinados por quién y cuándo? ¿De conformidad con lo establecido dónde?)”, se pregunta.

El usuario Camilo Rodríguez Noriega opina que en la Constitución debe quedar plasmado el rechazo a la explotación del hombre por el hombre, porque “es el argumento y realidad primaria con el que cualquier ciudadano identifica la Revolución Cubana. Que en los últimos tiempos se hayan incorporado en nuestra sociedad cuotas de explotación del hombre por el hombre relacionadas con el crecimiento relativo de la propiedad privada no implica ni que eso prime en nuestra sociedad, ni que perdamos la conciencia de su significado esencial”.

Un país que ofrezca calidad de vida y prosperidad a sus habitantes es parte de la ruta que se traza la nación; por eso el desafío económico es central. Pero el ser humano nuevo necesita tener para vivir, y no, por el contrario, hacer de lo material el sentido de la existencia. En ese equilibro con lo espiritual está el reto del socialismo y la explicación de las reflexiones que nacen en la consulta popular.

(Publicado originalmente en Cubahora)

#ReformaConstitucional: 168 municipios hacen el país

El todo necesita de la parte, esa es verdad sabida. Cada estructura está conformada por otras más pequeñas, y si una de estas deja de funcionar o lo hace mal, difícilmente gozará el conjunto de buena salud.

Por eso, una mirada rápida a los municipios de Cuba revela enseguida cuáles son las necesidades primordiales del país, sus desafíos y también las reservas para transformar la realidad, en correspondencia con un proyecto socialista.

Mal estado de viales, pocos medios de transporte, problemas con el abasto de agua, escasas fuentes de empleo, saldos migratorios negativos…  son algunas de los retos para el desarrollo que he podido constatar en varios municipios del país. Claro que no todos tienen la misma realidad económica y social; es imposible, por ejemplo, comparar Cárdenas con Los Arabos, aunque ambos integren la provincia de Matanzas.

El Periodo Especial golpeó con especial fuerza  esas estructuras, sobre todo las rurales. Muchas industrias cerraron y, cuando años después lo hicieron varios centrales azucareros, la economía se deprimió aún más; y el éxodo hacia las capitales provinciales creció.

Ante ese diagnóstico, el país apostó más por la diversificación de las capacidades locales para solventar aquellas carencias a las que no siempre se puede llegar con el presupuesto asignado por el Estado; y también por transformar sus panoramas en beneficio de la prosperidad de sus habitantes y de toda la nación.

El número 17 de los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución propone “impulsar el desarrollo de los territorios a partir de la estrategia del país, de modo que se fortalezcan los municipios como instancia fundamental, con la autonomía necesaria, sustentables, con una sólida base económico-productiva, y se reduzcan las principales desproporciones entre estos, aprovechando sus potencialidades”; y, a la vez, añade: “elaborar el marco jurídico correspondiente”.

La contribución territorial del 1 % y los proyectos de desarrollo local forman parte de ese entramado de cambios que, pese a nudos y retrocesos, confirma la idea de que los municipios pueden hacer mucho por sí mismos; pero para lograrlo sus autoridades tienen que poder tomar decisiones. El inobjetable control no puede convertirse en amarre que condene a la falta de iniciativa.

No sorprende entonces que en el proyecto de nueva Carta Magna, sometido ahora a consulta popular, los municipios –según se afirma en la introducción al texto– “adquieren mayor relevancia a partir del reconocimiento de su autonomía, la que ejercen en correspondencia con los intereses de la nación”.

Otro elemento cuya novedad se destaca es que “se ratifica al Consejo de la Administración Municipal como el órgano que dirige la Administración Municipal, a cargo de un Intendente, término que se propone sustituya el de Presidente y Jefe empleados en la actualidad”.

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En el proyecto se define que el territorio nacional, para los fines político-administrativos, se divide en provincias y municipios, y que en todos los casos se garantiza la representación del pueblo por medio de los órganos del Poder Popular. También que en los municipios pueden organizarse distritos administrativos, de acuerdo con la ley (Artículo 161).

El Artículo 162, a la vez que esclarece las determinaciones de la provincia, da a entender cuáles serían los preceptos de su relación con los municipios: “La provincia tiene personalidad jurídica propia a todos los efectos legales y se organiza por la ley como nivel intermedio entre el Gobierno de la República y el del municipio”.

El municipio –según el proyecto– es la sociedad local, organizada por la ley, que constituye la unidad política primaria y fundamental de la organización nacional; goza de autonomía y personalidad jurídica, propias a todos los efectos legales, con una extensión territorial determinada por necesarias relaciones de vecindad, económicas y sociales de su población e intereses de la nación, con el propósito de lograr la satisfacción de las necesidades locales. Cuenta con ingresos propios y las asignaciones que recibe del Gobierno de la República, en función del progreso económico, el desarrollo social de su territorio y otros  fines del Estado, bajo la dirección de  una Asamblea del Poder Popular y su Consejo de la Administración (Artículo 163).

En ese sentido, la autonomía supone tres prerrogativas fundamentales: la elección de sus autoridades, la facultad para decidir sobre la utilización de sus recursos y el ejercicio de las competencias que le corresponden, con arreglo a la Constitución y a las leyes (Artículo 164).

Ello, por supuesto, se ejerce de conformidad con los principios de solidaridad, coordinación y colaboración con el resto de los territorios del  país, y sin detrimento de los intereses superiores de la nación.

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Aunque hay temas que han despertado más polémicas, el de los municipios también es de interés de la ciudadanía, que, con la inteligencia popular, enriquece el texto en los debates.

Cubahora, y en especial su foro ¿Listos para debatir sobre la nueva Constitución de la República?, sirve de plataforma para expresar esas inquietudes.

La usuaria Loida afirma que la autonomía de los municipios “es una vía para quitarnos el exceso de centralización y que definitivamente los municipios y la gente de abajo resuelvan los problemas sin esperar por el presupuesto de «arriba». Ojalá los que dirijan sepan aprovechar bien esa posibilidad”.

Por otra parte, Laura se pregunta “¿Qué pasa con las localidades o municipios que solo son repartos de vivienda y no hay desarrollo propio? ¿Cómo se discutirá la distribución de los presupuestos y la riqueza allí?”.

José Eduardo considera que “el mal funcionamiento de las localidades, de los municipios, lacera la unidad del pueblo entorno al Partido y a la Revolución”.

Las denominaciones de Gobernador e Intendente han sido también criticadas, por considerar que no se ajustan a la fraseología revolucionaria y recuerdan tiempos ya superados.

Sin embargo, aunque las palabras no dejan de ser importantes por los significados que contienen, de seguro habrá otras propuestas para nombrar estas figuras; y lo que sí no puede perderse de vista es el rol central de los municipios en la calidad de vida de la gente y el desarrollo homogéneo de la nación. A eso aspira la propuesta de Constitución, por ese camino deben ir los esfuerzos posteriores.

(Publicado originalmente en Cubahora)

Las palabras no van a desaparecer

«La persona que amas puede desaparecer… pero los dinosaurios van a desaparecer». Charly García

Lucila Pagliai afirma que Walsh amaba y creía en la palabra como instrumento para la acción política. Foto: YEILÉN DELGADO CALVO
Lucila Pagliai afirma que Walsh amaba y creía en la palabra como instrumento para la acción política. Foto: YEILÉN DELGADO CALVO

«Es una relación de abuelo y nieta. Habrá visto lo que hay entre nosotros, los gestos de cariño. Hay 23 años de vacío. No la vi crecer, nunca me dijo “abuelo”», así le contestó Juan Gelman, con las palabras exactas para explicar un hondo episodio de dolor, a un periodista que indagaba sobre los lazos entre el escritor y su nieta recién hallada.

En plena dictadura militar argentina, Gelman permanecía en el exilio para salvar su vida; y los represores encontraron la manera de castigarlo con algo peor que la muerte.

Su hija, su hijo y su nuera embarazada resultaron las víctimas de una jauría siempre sedienta que los arrancó de casa. La primera fue liberada, pero la pareja jamás volvió. Se convirtieron en «desaparecidos».

El cadáver del hijo de Gelman apareció años después dentro de un barril lleno de cemento; asesinado con un disparo en la nuca. Tras extensas indagaciones, se supo que su mujer había sido trasladada, como parte del Plan Cóndor, a Uruguay. Allá la mantuvieron con vida hasta el parto, y regalaron a la niña. Del cuerpo de la madre, una muchacha que apenas rondaba los 20 años, nada se sabe.

Macarena descubrió quién era realmente a los 23 años, y desde entonces comenzó el camino de conocer a una familia que siempre la añoró a pesar de no conocer su rostro.

Hoy pueden leerse varios artículos sobre esta historia, pero hubo una época en que reportarla, u otras similares, equivalía a una segura sentencia de muerte.

Sin embargo, en medio del pánico por una masacre social sistemática, la Agencia Clandestina de Noticias dedicaba sus cables a denunciar la tortura, el asesinato, la aplicación mentirosa de la ley de fuga, la reducción a la inactividad por miedo: «… un grupo de individuos encapuchados que se identificaron como policías, irrumpían en el domicilio de los hijos del periodista y poeta Juan Gelman –actualmente en Italia– secuestrando a ambos: Marcelo, de 20 años, y Elvira de 18; junto con ella se llevaron a la esposa del primero, que está embarazada de siete meses».

Así se relata en uno de los más de 200 cables producidos por la Agencia durante casi un año, y que pueden leerse en Ancla, Rodolfo Walsh y la Agencia de Noticias Clandestina 1976-1977 (Editorial Pablo de la Torriente, 2014).

De visita por Cuba, una pareja de amigos argentinos encontró el libro en una de nuestras librerías e insistió en regalármelo. Durante una tarde entera, me hablaron de Walsh y de la rabia acumulada en todos los que en su país sueñan con un mañana diferente, y deben convivir con la herida abierta de la dictadura y también con quienes anhelan «que vuelvan los militares», para callar a los revoltosos, a los pobres, a los diferentes.

Después de leerme el texto, originalmente compilado por Ejercitar la Memoria Editores, entendí más esa frustración por la bestialidad impune y reafirmé lo rotundo de la palabra como instrumento de lucha y de verdad.

Ancla fue un proyecto que terminó con muerte, desapariciones y exilio, pero mientras duró «cuatro personas, cuatro máquinas de escribir y un mimeógrafo abrieron los ojos del mundo al horror», declara la nota de los editores.

Rodolfo Walsh, Lila Pastoriza, Lucila Pagliai y Carlos Aznárez dieron cuerpo al propósito de informar a Argentina y al mundo de la inhumanidad que electrocutaba, violaba mujeres con embarazos a término, robaba las casas de los detenidos…

Walsh, para entonces un escritor reconocido –y uno de los fundadores de Prensa Latina– renunció a su firma para convertirse en un soldado más.

Animaba a contrastar fuentes, a olfatear tras los datos en apariencia intrascendentes; y a estimular la participación popular en la información, como parte del periodismo clandestino.

«Ese hombre enjuto pero movedizo, cerebral pero a la vez dicharachero, brillante pero también dotado de una humildad que casi siempre nos dejaba perplejos (… ) parió entonces un instrumento que sirvió para romper el muro de silencio que nos quería imponer la dictadura, y además, supo vencer el discurso del terror», dice Carlos Aznárez.

Ese periodismo insurgente cumplió con creces sus propósitos, no solo porque sembró la perplejidad y la desconfianza entre las propias filas de los represores, que por mucho tiempo no imaginaron quién estaba detrás de las noticias; sino porque el estilo sobrio, eminentemente informativo, con el que denunciaron las barbaridades más impensables, contribuyó a mostrarlas en toda su crudeza.

Al final del libro, estremecen dos documentos firmados por Walsh: Carta a mis amigos, donde habla sobre la muerte de su hija en un enfrentamiento con los militares, y Carta abierta de un escritor a la Junta Militar, en la que hace un balance de todos los saldos de la represión para el país.

Pero más triste aún es leer en el medido estilo de la agencia que él creó y para la que escribió, el cable que lo revela como otro desaparecido más: «Fuentes allegadas a sus familiares, informaron a esta agencia que el día viernes 25 de marzo fue secuestrado el escritor y periodista Rodolfo J. Walsh».
Walsh fue asesinado en la Escuela de Mecánica de la Armada, pero tenía razón en su apuesta total por el periodismo. Las denuncias de Ancla siguen funcionando décadas después y hacen tan imposibles el perdón, como el olvido.

#Reforma Constitucional: El horizonte y las garantías para alcanzarlo

Debo reconocer que en las primeras lecturas al texto del Proyecto de Constitución de Cuba, no profundicé en lo que se planteaba en materia de derechos, salvo algunas excepciones que por su novedad resaltaban.

Hay tantas garantías incluidas en la idea de país que desde 1959 se construye en este archipiélago, que llegan a parecernos consustanciales al solo hecho de ser.

Pero un nuevo acercamiento, más focalizado en el tema, me ha permitido reafirmar que también en esta área estamos en presencia de un documento –con independencia de todo cuanto lo enriquecerá el saber del pueblo– que busca desarrollar una visión avanzada de país, conciliada con los derechos humanos y los proyectos de vida de sus ciudadanos.

“Cuba es un Estado socialista de derecho, democrático, independiente y soberano, organizado con todos y para el bien de todos, como república unitaria e indivisible, fundada en el trabajo, la dignidad y la ética de sus ciudadanos, que tiene como objetivos esenciales el disfrute de la libertad política, la equidad, la justicia e igualdad social, la solidaridad, el humanismo, el bienestar y la prosperidad individual y colectiva”, declara el Artículo 1 del proyecto, y deja poco lugar a las dudas sobre qué quiere la nación para su futuro.

El socialismo, como se ha concebido en este país, supone el culto a la dignidad plena de sus hombres y mujeres, y ese es el hilo conductor del Título IV Derechos, deberes y garantías, interconectado con otros postulados del documento, que lo complementan.

El propio hecho de que la consulta popular sea un paso inviolable aquí para construir la Carta Magna, es expresión de la voluntad por fundar colectivamente sin vulnerar ningún criterio y garantizando la plena participación.

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En la introducción al análisis del proyecto se llama la atención sobre algunos elementos contenidos en él, como una amplia gama de derechos a tono con los instrumentos internacionales de los que Cuba es parte; y se resaltan los relativos al derecho a la defensa, el debido proceso y la participación popular.

Asimismo, se afirma que el contenido del derecho de igualdad adquiere mayor desarrollo al incorporar a los ya existentes (color de la piel, sexo, raza, etc.) la no discriminación por género, identidad de género, orientación sexual, origen étnico y discapacidad.

Rubén Remigio Ferro, presidente del Tribunal Supremo Popular,  explicó recientemente a Granma: “La nueva Constitución que emerja del proceso actualmente en marcha determinará, entre otros progresos significativos, un incremento apreciable del acceso a la justicia judicial, como derecho fundamental de las personas y, en consecuencia, de la responsabilidad de los órganos jurisdiccionales en garantizar que se cumplan, de modo cabal y efectivo, los preceptos constitucionales que en ese ámbito queden definitivamente plasmados en la nueva Carta Magna”.

Esa afirmación se basa en aspectos que supone el texto constitucional como el fortalecimiento del papel de los tribunales, el reconocimiento de una amplia variedad de deberes y derechos y la inclusión del debido proceso y el habeas corpus.

El Artículo 39 reza que “el Estado cubano garantiza a la persona el goce y el ejercicio irrenunciable, indivisible e interdependiente de los derechos humanos, en correspondencia con el principio de progresividad y sin discriminación. Su respeto y garantía son obligatorios para todos”.

En tal sentido, se reconoce el derecho, entre otros, al libre desenvolvimiento de la personalidad; intimidad; inviolabilidad del domicilio, correspondencia y otras formas de comunicación; movilidad dentro y fuera del territorio nacional; a la información; libertad de pensamiento, conciencia y expresión, así como de prensa, reunión, manifestación y asociación; a la libre creencia religiosa y a dirigir quejas y peticiones.

Son horcones de esos planteamientos el Artículo 9, donde se dice que los órganos del Estado, sus directivos, funcionarios y empleados, están obligados a respetar y atender al pueblo, mantener estrechos vínculos con este y someterse a su control, en las formas establecidas en la Constitución y las leyes; y el 13, donde se plantea que el Estado tiene como fines esenciales promover un desarrollo sostenible que asegure la prosperidad individual y colectiva, y trabajar por alcanzar mayores niveles de equidad y justicia social.

Como también el Estado garantiza a todos sus ciudadanos la vida, la libertad, la justicia, la seguridad, la paz, la salud, la educación, la cultura y su desarrollo integral (Artículo 43) y protege a las familias, la maternidad, la paternidad y el matrimonio (Artículo 67), otras garantías contenidas en el articulado son la protección a la niñez, los adultos mayores y las personas con discapacidad; empleo y vivienda dignas; descanso; seguridad social; derecho a la educación física, el deporte y la recreación, a vivir en un medioambiente sano y equilibrado, al agua, a la alimentación, a bienes y servicios de calidad y a participar en la vida cultural y artística de la nación.

En la convergencia de todos estos derechos y la prosperidad individual y colectiva declaradas como meta, estará la posibilidad de que cada vez más tengan concreción los proyectos de vida de cubanos y cubanas.

En ese camino, apropiarse de cultura jurídica y echar mano a la nueva Carta Magna que en unos meses tendremos, ayudará a frenar cualquier desviación, tal y como conmina el Artículo 94: “La persona a la que se le vulneren sus derechos y sufriere daño o perjuicio por órganos del Estado, sus directivos, funcionarios y empleados, con motivo de la acción u omisión indebida de sus funciones, tiene derecho a reclamar, ante los tribunales, la restitución de los derechos y obtener, de conformidad con la ley, la correspondiente reparación o indemnización. La ley establece la pertinencia y el procedimiento preferente, expedito y concentrado para su cumplimiento”.

(Publicado originalmente en Cubahora)

La luz que estamos buscando

 Los lazos que unen a las familias y la belleza de los proyectos imposibles se entretejen en Blanco nocturno. Foto: de la autora
Los lazos que unen a las familias y la belleza de los proyectos imposibles se entretejen en Blanco nocturno. Foto: de la autora

¿Cuántas historias yacen en las librerías a la espera de manos prestas y ojos ansiosos que las salven del polvo o las ventas de liquidación? Me imagino algunos libros, justo como el soldadito de plomo, esperando que alguien se detenga en ellos y por fin se los lleve a casa.
Hay títulos que se venden como «pan caliente», por su tema o autor, y si bien ese éxito no se corresponde siempre con la calidad, también es injusto afirmar que todas las veces son obras facilistas. Los enfoques utilitarios también hacen falta. Hay muy buenos escritores que logran ser populares.
Otros volúmenes se destinan a un sector de público muy específico, y es normal que no se agoten rápidamente. Además, claro que habrá malas decisiones editoriales que hagan llegar textos no tan buenos a los estantes, en detrimento de otros quizá mejores.
Pero no hablo de esos libros, sino de aquellos que realmente contienen una fiesta para el espíritu de un buen lector y, sin embargo, pasan los meses atascados en los inventarios.
En esos casos, e incluso más cuando el autor no es bien conocido en el ámbito nacional, la promoción puede hacer toda la diferencia. Los espacios para socializar las obras literarias nunca serán suficientes, y no siempre tienen que estar dedicados a la última novedad. Si todas las librerías, incluso las pequeñitas de pueblo, salieran a las aceras varios días del mes para hablar de sus libros, seguro habría más ventas.
Las fórmulas pueden ser infinitas, y no se necesitan muchos recursos, tan solo es imprescindible una o un apasionado de la lectura que contagie con su
entusiasmo.
Para quien lee –aunque en Cuba los libros no tienen precios prohibitivos– es difícil arriesgarse con un escritor que no conoce, sobre todo con tanta nota de contraportada que nada dice y a nada invita; y así nos podemos perder transformadoras sorpresas.
Hace unos años yo no sabía quién era Ricardo Piglia y, si un excepcional maestro no me lo hubiese presentado, puede que Blanco nocturno (Casa de las Américas, 2012) no hubiese saltado a mi bolso recientemente.
Esta novela –Premio de narrativa José María Arguedas– se lee con sed, porque su autor tiene el don de saber contar y hacerlo con anécdotas que valen la pena.
Una cita de Louis-Ferdinand Céline, «La experiencia es una lámpara tenue que solo ilumina a quien la sostiene», hace las veces de exergo, y así, en un desolado paraje argentino, Piglia solo nos muestra fragmentos de realidad, el resto permanece a oscuras para que hagamos las consecuentes interconexiones en una historia que juega con los códigos policiales, sin ser un policíaco.
Un muerto, uno o varios asesinos, mujeres fatales, idealistas, corruptos, inocentes inculpados… conforman el panorama de un pueblito de campo donde parece que no pasa nada, mientras la traición tiende hilos invisibles.
Los límites de la locura y la genialidad se cruzan en un comisario de policía cuya «ilusión era resolver el crimen sin tener que revisar el cuerpo del delito. Cadáveres sobran, hay muertos por todos lados, decía (…). Lo que deja un muerto no es nada».
Y esa aversión por los asesinados, insólita en alguien de su oficio, la combina con ciertas pistas que lo asaltan desde lugares insospechados: «La grieta en una copa de cristal. Le llegaban de golpe esas frases extrañas, como si alguien se las dictara. Incluso la sensación de que le estaban dictando era –para él– una evidencia absoluta…».
Los dementes y los fracasados han sido siempre materia prima de los escritores, y Piglia lo explota en este comisario, y en el periodista Emilio Renzi, que intenta desbrozar los secretos y las paradojas. Pero a la vez, nos hace dudar de las definiciones sobre sus personajes, porque ¿quién tiene los parámetros exactos para juzgar la lucidez y el éxito?
«Una producción malvada de azar, un desvío en la continuidad lineal del tiempo, una intersección inesperada», de esa forma se define a los accidentes en Blanco nocturno, y confirmamos que la vida está hecha de excepciones y estereotipos, de grandes eventos y de rutinas.
A fin de cuentas, este libro, como todos, solo intenta llevar la vida a cierta cantidad de páginas, para así comprender mejor sus sentidos… un anhelo humano desde el principio de los tiempos:
«La literatura no cambia, siempre se puede encontrar lo que se espera, en cambio la vida…
«… Pensamos algo y lo leemos en un libro que parece escrito por nosotros pero que no ha sido escrito por nosotros, sino que alguien en otro país, en otro lugar, en el pasado, lo ha escrito como un pensamiento todavía no pensado, hasta que por azar, siempre por azar, descubrimos el libro donde está claramente expresado lo que había estado, confusamente, no pensado aún por nosotros. No todos los libros, desde luego, sino ciertos libros que parecen objetos de nuestro pensamiento y nos están destinados. Un libro para cada uno de nosotros. Hace falta, para encontrarlo, una serie de acontecimientos encadenados accidentalmente para que al final uno vea la luz que, sin saber, está buscando».

(Publicado originalmente en Granma)

Conociendo el durián

No conocía el durián. Ninguna de las personas con las que conversé sobre Singapur lo mencionó, ni entre lo que leí sobre la ciudad-estado asiática saltó su nombre. Pero bastó que soltara las maletas y me adentrara en las calles del barrio chino singapurense, para entender que aquel viaje tendría por siempre, en mi memoria, su olor.
¿Sientes eso?, me preguntó una amable señora cubana que gustosa asumió el rol de mostrarme los primeros atisbos de la ultramoderna urbe, y de paso evitar que, castigada por las 12 horas de diferencia, me fuera a dormir en pleno día.
Y sí, había un aroma dulzón, levemente repugnante, esparcido en el aire. Nada más mover afirmativamente la cabeza, me dijo: «Ese es el durián», y señaló un mostrador repleto de la fruta grande, ovalada, entre verde y gris, y repleta de pinchos. La encontré poco agraciada y nada apetecible, y en ese justo instante no hubiera creído que apenas unos días después pondría un pedazo de su misterioso interior en mi boca.
Mi acompañante contó en las horas siguientes que los singapurenses estaban obsesionados con el durián, y que hasta la muy estandarizada cadena McDonald’s ofertaba allí una especie de «frozzen» con su sabor. Incluso, citó la película Comer, rezar, amar, en la que Javier Bardem se la presenta a Julia Roberts como algo que huele y sabe a pies sucios.
La «tapa al pomo» se la puso el metro: Singapur es célebre por sus severas leyes en contra de las indisciplinas sociales, y por la limpieza de todos sus espacios públicos, y en los vagones de ese transporte se recuerda que queda prohibido, so pena de altísimas multas, fumar, comer y ¡transportar un durián! Me explicaron entonces que la disposición se debe a que para muchas personas su olor es sencillamente insoportable.
Antes de despedirnos esa tarde, mi compatriota compartió una anécdota a modo de lección: «Tomé un helado de durián y estuve casi una semana enferma del estómago».
Sobra decir que después de eso, yo no quería ver ni pintado el pinchudo fruto. Sin embargo, al que no quiere caldo le dan tres tazas; y nada más abrir el programa del evento por el cual estaba al otro lado del mundo, leí azorada entre las actividades de la penúltima noche: Prueba del durián.
Segundos después, respiré aliviada al percatarme de que era opcional, y enseguida decidí que me saltaría el «mal bocado». Pero no contaba con que mi decisión se torcería guiada por la necesidad de ser noble y agradecida.
Al frente de nuestro grupo estaba Sian, una menuda joven singapurense con la que todos –periodistas de distintos países latinos– llevábamos semanas de correos electrónicos, siempre formales.
A los 26 años funcionaria del Ministerio de Asuntos Exteriores de esa nación, estudió dos carreras, habla inglés y mandarín y es la disciplina y la ­eficiencia personificadas. Durante las jornadas no se incumplió ni uno solo de los horarios y encuentros planificados, ni jamás nos faltó orientación; porque allí estaba Sian para coordinar cada detalle y asistirnos cuando hiciese falta.
Observándola, pude saber más del carácter asiático, de lo que para ellos significa la disciplina, el trabajo, la obediencia y el respeto a los mayores. Y aunque todos la admirábamos, no dejaba de chocarnos que jamás nos abrazara o besara en la mejilla, y que se pusiera muy seria si alzábamos la voz o reíamos sonoramente.
Pero esos escollos al cariño, que no eran más que barreras culturales, se fueron derribando cuando, a cuenta- gotas y como resultado de nuestros persistentes interrogatorios, nos contó, con total sinceridad, las complejidades de su país pequeño, joven y multicultural, y supimos que ella apenas duerme cuatro horas y nunca apaga el móvil porque así lo exige su responsabilidad.
En una de esas conversaciones salió el tema del durián, y nos develó su particular relación con él. Cuando era niña, su abuelo tenía una plantación de durio en Malasia, y en cada viaje a Singapur, la parte de atrás de la camioneta iba llena de durianes.
Cuando el sol castigaba, los frutos empezaban a oler intensamente y ella se mareaba. Por esa razón, durante muchos años, nada más de oír el nombre sentía asco. «Hasta que un día, ya de adulta, lo probé y fue como despertar».
Nos confesó que lo consideraba «lo más rico del mundo» y que poner esa actividad en el programa había sido idea suya; entonces supe que estaba atrapada definitivamente, y mis compañeros también.
Así llegamos a un puesto donde se escoge el durián (los hay de diferentes tipos y sabores), se le pesa y dependiendo del resultado se paga por él.
Mientras nuestra anfitriona compraba el susodicho producto, al lado nuestro una familia devoraba varios, el olor (que para ese momento yo sentía como a gas de cocina) nos envolvía y un dependiente nos colocaba además de agua, una caja de guantes desechables.
Sian trajo contentísima la fruta, que en su interior tiene dos grandes y pastosas vainas amarillas –cuesta alrededor de 40 dólares– y nos explicó que los guantes eran para que el mal olor no se quedara en las manos, pero que contra el pésimo aliento posterior no podríamos hacer más que cepillarnos los dientes y esperar.
Aunque ahí sí que casi claudico, Sian nos miraba con tanta expectación, que terminé por colocarme el guante de una vez, tratar de no respirar y echarme en la boca una porción de aquella pasta. La verdad no sabía tan mal, pero tampoco estaba buena, así que por si acaso ni yo ni el resto del grupo se aventuró mucho más allá de probar; nos habían dicho que no hay alimento en el mundo que suba más el colesterol, y sugerido que es un poco adictivo.
Para Sian, sin duda, aquel gesto nuestro significó una muestra de respeto a su cultura y el resto del evento estuvo más relajada, sonriente y hasta se permitió alguna broma. Cuando antes de la partida, pidió abrazarnos, supimos que algo de nosotros también se le había contagiado, y que se lo debíamos, en buena medida, al feo y maloliente durián.

Ciudadanía efectiva: el vínculo entre el país y sus ciudadanos

constitucionidentidad1.jpgLos seres humanos estamos hechos de vínculos. Buena parte llega con el nacimiento, otros los vamos tejiendo en el viaje de la vida. Así nos constituimos en parte de una familia, un grupo de amigos, proyectos, instituciones, comunidades… y del país.

Los lazos con la patria se construyen de sentimientos, de identificación con sabores, colores, sonidos de la tierra propia, y pocos son los que pueden dar la espalda a un amor tan raigal como el del lugar de origen, aunque se funde un hogar muy lejos de allí.

Pero venir al mundo en una nación específica supone también un grupo de deberes y derechos en relación con la sociedad y el Estado y de estos hacia uno; al igual que si —siendo de otro país— se decide naturalizarse en ella.

No sorprende entonces que, por el impacto personal que tiene, haya suscitado profundo interés una de las modificaciones que propone el Proyecto de Constitución de la República de Cuba que desde el 13 de agosto se somete a consulta popular, en lo concerniente a la ciudadanía.

La transformación referida consiste en que se modifica la afiliación a la no admisión de la doble ciudadanía y, en su lugar, se propone acogernos al principio de “ciudadanía efectiva”.

En la Constitución vigente se establece que “No se admitirá la doble ciudadanía. En consecuencia, cuando se adquiera una ciudadanía extranjera, se perderá la cubana” (Artículo 32).

Mientras, en el título III del Proyecto puede leerse que “La ciudadanía cubana se adquiere por nacimiento o por naturalización” (Artículo 32) y que “Los ciudadanos cubanos en el territorio nacional se rigen por esa condición, en los términos establecidos en la ley, y no pueden hacer uso de una ciudadanía extranjera” (Artículo 35).

Esta variación está sumamente ligada con el contexto histórico, marcado por la manifiesta voluntad política del Gobierno cubano de normalizar las relaciones con su emigración, que es ostensiblemente diferente a décadas anteriores en sus intereses y composición; pasos en los que se han experimentado avances sostenidos y crecientes.

Una buena parte de los emigrados cubanos ha salido del país por motivos económicos, y no desea perder los vínculos político-jurídicos con el país.

Pero para entender por qué es tan importante el término deben recordarse algunos aspectos. Puede decirse que la ciudadanía resulta el derecho de todos los derechos: mediante ella se establecen los límites de una comunidad organizada, quién forma parte y quién no, y serán los primeros quienes tendrán decisión política.

Aunque un grupo considerable de expertos no la considera competencia del Derecho Internacional debido a su estrecha relación con el territorio y la soberanía del Estado, no cabe duda de su relevancia en ese ámbito, pues se relaciona con las prerrogativas de cada país sobre sus ciudadanos, sobre todo en un mundo tan interconectado como el actual, con una amplia movilidad humana. Por esos los Estados son tan celosos con todos los procedimientos asociados a su obtención, pérdida y recuperación.

De seguro, muchas opiniones se verterán sobre este tópico durante el debate, porque de eso se trata, de que todos hagamos Cuba con nuestros enfoques; y el propio hecho de que la consulta popular tenga en cuenta los criterios de los cubanos residentes en el exterior es una muestra de ese diálogo participativo más allá de las fronteras.

(Publicado originalmente en Cubahora)