Después del título ¿qué?

Si bien las autoridades del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social consideran que el servicio social no está en crisis, mientras haya un solo joven decepcionado el asunto merece meditarse…

Ella tiene 27 años y él, 29. Son una pareja de profesionales universitarios cubanos, y cuando se conocieron en su ciudad natal, ambos recién habían cumplido el servicio social, pero con experiencias diametralmente opuestas.

La muchacha obtuvo una ubicación laboral acorde con su perfil y, no obstante algunos desacuerdos con los protocolos de trabajo de su nuevo centro, allí no solo pudo expresar sus insatisfacciones, sino que además encauzó todo su conocimiento y energías creativas en función del proyecto laboral. Como resultado, tres años después de su graduación sentía el crecimiento de sus habilidades y estaba segura de no haber equivocado el camino.

Para él fue distinto. Todo el ímpetu que traía de la universidad menguó ante un entorno caracterizado por la rutina y las exigencias sin fundamento. Entre elaborar el preplan de trabajo, luego el plan ajustado a las indicaciones del nivel central, y, por último, el informe del cumplimiento del plan, se le iba el mes sin hacer algo útil.

Nadie sabía allí de qué les podría servir alguien de su profesión, y si se atrevía a dar sus puntos de vista era calificado de problemático. En resumidas cuentas, terminó los dos años estipulados y se fue a hacer otra cosa de su vida. Ese tiempo, dice, está entre los más amargos de su juventud “porque podría haber hecho cosas y no me dejaron”.

Dos historias reales, dos caras de una moneda que ilustran el fenómeno del servicio social en Cuba, un país donde en el año 2016, según datos de la Onei, se graduaron de nivel superior 23 971 personas.

Cada día, a los medios de comunicación del país llegan cartas, correos electrónicos y llamadas exponiendo preocupaciones, dudas o quejas respecto a este período, cuyo cumplimiento es vital para las instituciones del Estado. En Cubahora también aparecieron numerosas interrogantes. Y, si bien las autoridades del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social consideran que no está en crisis, mientras haya un solo joven decepcionado, el asunto merece meditarse.

No en vano, el presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, ha insistido en varios escenarios en el trabajo con los jóvenes desde el espacio laboral, que pasa por escucharlos más y motivarlos.

Expresiones como “no te creas que aquí te vas a comer el mundo” y “una cosa es la universidad y otra la concreta” no solo desestimulan al recién graduado, sino que privan a la entidad de asumir el caudal científico más actualizado.

Cuando se demande a un profesional, corresponde al organismo saber qué puede aportar este desde su perfil y, sea cual sea la realidad material a que deba enfrentarse, hacerlo sentir útil.

El tutor, pieza clave en el proceso de adiestramiento, no está solo para firmar una evaluación cual despojo burocrático, sino también para ofrecer los secretos que solo la práctica devela, e, incluso, para entusiasmar.

Qué bueno fuera para las instituciones si, una vez culminado el servicio social, el joven quisiera quedarse y seguir creciendo profesionalmente por y para ese primer centro de trabajo que, está demostrado, resulta vital para el futuro. Buena parte opta por permanecer, y a los jefes toca pensar por qué un joven no quiso culminar allí esa etapa o se fue no bien culminó el tiempo estipulado.

LA LEY BAJO EL BRAZO

La poca cultura jurídica que nos golpea como sociedad también incide en este campo. Desconocimiento del empleador y del empleado de lo que está legislado sobre el servicio social ampara arbitrariedades de ambas partes.

Según la Ley No. 116, Código de Trabajo, el servicio social consiste en el cumplimiento del deber de los graduados de cursos diurnos, que alcanzan los conocimientos en el nivel superior y técnico-profesional de la educación, de ponerlos en función de la sociedad de conformidad con la planificación y prioridades del desarrollo económico y social.

En el documento se establece que durante la prestación del servicio social los graduados tienen los deberes y derechos que conciernen a su condición de trabajadores, y no pueden ser declarados disponibles.

En el caso de los graduados de la enseñanza técnico-profesional, cumplen el servicio social los que, en correspondencia con la demanda de fuerza de trabajo calificada que requiere el desarrollo económico y social, son asignados a una entidad en el momento de su graduación.

Esta etapa tiene una duración de tres años y se combina con el servicio militar activo, de modo que la suma de ambos complete los tres años; y se cumple en el lugar y la labor en la entidad a que se destine el graduado.

En caso de incumplimiento injustificado, se solicita la inhabilitación del ejercicio profesional; los términos y condiciones para ese proceso, así como para revertirlo, se encuentran en el reglamento del citado código.

Muchos ignoran, asimismo, que cuando resulta necesario el traslado de un graduado se somete a la aprobación de las autoridades que lo asignaron, a partir de la conformidad de ambos órganos; por lo que es totalmente posible el traslado si existe el consenso.

La Ley 116 es clara cuando dice que la ubicación del graduado debe corresponderse con las necesidades de la producción y los servicios y con los estudios cursados. No obstante, cuando resulta imprescindible, pueden ubicarse en cargos distintos a los de su especialidad, aunque no se correspondan con los específicos de su profesión.

El graduado inconforme al considerar que la ubicación no se corresponde con sus estudios puede, dentro del término de diez días hábiles siguientes a la notificación, presentar su inconformidad, alegando sus razones ante el jefe de la entidad. Si la respuesta es negativa tiene el derecho, en igual término, de acudir como última instancia ante el jefe inmediato superior de la entidad, que tiene 30 días para resolver lo que proceda.

De igual forma, se cumple el servicio social una sola vez, con independencia de número de carreras u otro tipo de estudios que se concluya.

Tener un puesto de trabajo garantizado cuando se sale de las aulas es un beneficio que no puede desdeñarse. Que cada cual cumpla sus deberes y haga valer sus derechos será siempre premisa para que el servicio social cumpla su garantía. Cuba no puede prescindir de ninguna inteligencia, y mucho menos de las que ha formado.

(Publicado originalmente en Cubahora)

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