“A Matanzas hay que quererla”

OLYMPUS DIGITAL CAMERA“Yo me retiré por dos razones, en primer lugar porque la salud ya no me acompañaba y además, para terminar proyectos que tenía inconclusos”,  así confiesa el Dr. Arnaldo Jiménez de la Cal y demuestra que para él la inactividad no constituye opción. En sus recuerdos, aspiraciones y sentimientos se repite la imagen de Matanzas porque como él confirma: “No soy de los que grita lo mío primero, pero sí que lo mío se conozca”

Quien publicó títulos esenciales para la historiografía local y cubana como El bandidismo en Matanzas (1959 – 1965) y La familia Guiteras: síntesis de cubanía, resultó merecedor recientemente del Premio Aurora de Matanzas que otorga la Asociación Cubana de Bibliotecarios en la provincia. A sus 75 años mantiene la pasión por investigar y escribir, a pesar de sus dificultades en la visión.

El apego al estudio así como el compromiso con la realidad social comenzó a gestarse en sus años de infancia. “Pude ir a la escuela gracias a que mi papá era maestro. Desde muy pequeño, no es que tuviese que ganarme la vida, pero sí precisé hacer muchas cosas como repartir periódicos, vender paquetes de fósforos en las bodegas; todo para ganarme unos centavos y poder ir al cine o comerme unos dulces sin ser una carga para mi familia”

Ya entonces la lectura de la historia, las novelas de aventura o de cuanto cayera entre sus manos se convirtió en hábito. Sin embargo, asegura que la profunda conciencia cívica de algunos de sus profesores en el Instituto de Segunda Enseñanza de Matanzas junto al ignominioso golpe de estado de Batista del 10 de marzo de 1952 lo llevaron, siendo apenas un adolescente, a incorporarse a las actividades revolucionarias.

“Mientras que el gobierno quería dar una idea de que todo estaba de lo más bueno, tratábamos de sabotear. Participábamos en protestas, mítines, manifestaciones. En los carnavales se echaban alcayatas y se ponchaban las carrozas. Se hacía todo lo que se podía. Hubo un grupo de compañeros que perdieron la vida y esos son los que merecen todo nuestro aprecio, respeto y consideración”

Luego del triunfo de la Revolución y tan solo con el título de bachiller desempeño diversas tareas hasta que: “un día me encontré con mi antiguo profesor Diuvaldo García y  me dijo: ven acá, a ti que te gusta tanto la historia, ¿por qué no te vas a un curso que abrimos en Varadero y te empiezas a formar como maestro? Me convenció y así fue, en 30 días me prepararon.”

Desde entonces no se ha separado de la docencia. “Para mí ha significado hacer realmente Revolución. Yo siempre he dado mis clases pensando que mis alumnos no me van a creer y que tengo que convencerlos.”

Tanto en la enseñanza de la historia en distintos centros como en su trabajo como historiador de la ciudad por 11 años, la labor de quien también se doctoró en Ciencias Sociales ha tenido como premisa rescatar y defender lo local porque: “Matanzas tiene una historia tan rica que no tiene que pedirle nada a nadie”

Pienso que hay que quererla, no hay ninguna ciudad de Cuba que esté rodeada de tanta belleza natural. No me veo viviendo en otro lugar. Aquí murieron mis padres y pienso que aquí también me quedaré yo.”

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